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domingo 9 de noviembre de 2008, 11:57:30
El paso de la vida en un prado
Tipo de Entrada: CUADERNO | 1511 visitas

Como cada día, pasaba la tarde en un prado rodeado de bellos paisajes, donde avistaba diferentes especies de pájaros que volaban celestialmente sin batir las alas, aprovechando al máximo las corrientes térmicas. De vez en cuando, veía pasar algún grupo de aves migratorias que se dirigían al otro lado del Atlas, en busca del calor que en estas tierras ya no disfrutaban.  Sobre la verde hierba, también podía ver el paso de las nubes, a veces como de algodón voluminoso formando caprichosas formas; otras, de un color grisáceo que se fundían con la montaña hasta impedirle ver más allá de pocos metros. De lo árboles caducifolios, en concreto hayas, caían numerosas hojas de una tonalidad marrón, llamando su atención. Observaba el zigzagueante recorrido que dibujaban hasta tocar el suelo arrastradas por la fuerza gravitatoria e impedidas por el rozamiento con el aire, como queriendo impedir lo inevitable. En el bosque, además de numerosas especie vegetales, habitaban multitud de pequeños animalillos que se dejaban ver algunas veces: ardillas, pequeños roedores, libres y otras tantas formas de vida que llamaban su atención.

 

Desde aquel prado veía pasar ante sus ojos la vida, que con el inexorable paso del tiempo producía pequeños cambios en el entorno, aunque no todos eran visuales. Podía percibir diferentes fragancias y aromas que cambiaban con la estación, por la presencia o no de determinadas flores y plantas aromáticas, como el romero o el tomillo. Además, podía escuchar el angelical canto de numerosas especies de pájaros, que se escondían entre las ramas y troncos como si fuera el juego del escondite, bien para sentirse más protegidos o para poner el nido. Algunas veces no hacía frío, sino que un sol radiante provocaba en ella una sensación de sofoco, mas cuando llegaba el invierno, aunque frecuentaba en menor grado el prado, debía soportar el frío que comportaba la baja temperatura, incluso a veces con la presencia de algo de nieve. Allí, en armonía con la naturaleza, veía pasar de vez en cuando a unos animales que caminaban sobre dos patas con un bulto en la espalda, que la miraban junto a sus compañeras y les tomaban fotografías. Nadie sabía lo que pasaba por su cabeza al contemplar a través de sus ojos el paso del tiempo, de la vida. Era una cabra.

 

 

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