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Thursday 4 de September de 2008, 14:03:35
09-08-08:Ruta de los Estrechos ( Albalate del Arzobispo )
Tipo de Entrada: RELATO | 3561 visitas

En el día de hoy recorremos nuestro cuarto sendero en el Parque Cultural del Río Martín, esta vez en el término municipal de Albalate del Arzobispo. “La ruta discurre por un desfiladero amurallado con altivos cantiles y desafiantes farallones tan sólo sometidos por la presencia de vigilantes alados, tales como buitres, alimoches, cernícalos y chovas”. Ya sólo queda alejarse del escenario de nuestras últimas caminatas para encontrarnos con los Amantes de Teruel o la Sierra de Albarracín, donde nuevas andanzas nos esperan en el futuro más próximo.

 

 

Pese a que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, hoy nos marcamos un gran madrugón con la intención de no soportar el sofocante calor del mediodía bajo un radiante sol. Pasan diez minutos de las siete cuando comenzamos a alejarnos de nuestro contaminante medio de transporte, para así disfrutar de la soledad de estos parajes naturales, donde abundan las aves rapaces y carroñeras. Por su grandiosidad destacaría la presencia del buitre leonado, el cual tiene una especie de melena semejante a la del felino que le da nombre. Multitud de pinturas rupestres nos esperan por delante, así como la incertidumbre de quien recorre un territoriopor primera vez. Cada detalle que aparece en el camino es una sorpresa, un nuevo mundo desconocido para nosotros.

 

La ruta parte del Puente del Batán, donde hay lugar para estacionar dos o tres coches junto a la carretera. Los primeros momentos de la excursión no son los más llamativos, pues simplemente caminamos por el sendero en ascenso o descenso pero por laderas comunes. Aunque poco falta para adentrarse en “uno de los tramos más espectaculares del curso del Río Martín, encajado entre abrigos rocosos que albergan algunos de los conjuntos de pinturas rupestres más destacados del parque”. En el tríptico descriptivo nos informan de que estamos en la Sierra de los Arcos, en el Sistema Ibérico. Las cuevas presentes en la zona debieron atraer a numerosos humanos en la antigüedad, algunos de los cuales expresaron sus pensamientos en forma pictórica a través de pigmentos que obtenían de diferentes minerales. Otro motivo sería la facilidad de cazar por aquí, pues un animal que viniese a beber o fuese perseguido hasta aquí no tenía prácticamente escapatoria en dicho angosto.

 

La primera balma que nos encontramos interpretada presenta cruces y números, cosa que en un primer momento me sorprende pues en el paleolítico no existían los números ni había nacido aún Jesucristo. Leemos que no son como el resto de pinturas rupestres, sino que son grabados de época medieval “en los que destacan las cruces procesionales”. Por tanto, no tenemos ningún tipo de pigmento, sino incisiones en la roca como las que podríamos hacer en un árbol con una navaja. Seguimos caminando por el lado izquierdo del río, a unas decenas de metros por encima de él, pero no muy lejos en distancia horizontal. Nos topamos con una valla muy larga desde la cual observamos las pinturas de Los Chaparros y del Recodo de los Chaparros, en total unos tres abrigos naturales adyacentes. La mayoría son de color rojo, cuyo pigmento extraían de algún mineral de hierro. En Bronchales me meteré en una pequeña mina abandonada de dicho material para adquirir algunas muestras para mi colección de minerales. Allí las aguas tienen sabor metálico y alto contenido de hierro.

 

Dejamos atrás las muestras de arte rupestre levantino, las cuales van desde el Epipaleolítico (6000 aC) a la Edad de Bronce (1600aC). Encontramos un cartel informativo antes de descender hasta el río, donde no sabemos que hacer hasta que encuentro en la densa vegetación una pasarela metálica que lo cruza, la cual está poco visible. Por el lado derecho del río comenzamos a ascender alejándonos de él en altura pero no en horizontal si nos miraran desde el cielo. Llegamos al tramo aéreo con barandilla y pequeño tramo excavado en la roca, todo lo cual me trae a la memoria les Gorges de Carançà que visitamos no hace mucho. El placer de avanzar por dicho tramo es doble ya que estamos a la sombra protegidos del sol. Como “lo bueno dura muy poco”, según dice la propaganda del Carrefour que llega a casa en nuestra ausencia, llegamos al final del tramo aéreo. Es el Mirador de los Estrechos. Tenemos al otro lado del río los abrigos de los Estrechos I y II pero no están a pie de senda sino más altos, por lo que sólo se puede acceder a ellos con material de escalada según leemos. Pone que desde aquí es imprescindible usar los prismáticos, pero no nos sirven de mucho dada la lejanía, nos sería de más utilidad un telescopio que no invierta las imágenes.

 

Una vez arriba del barranco, todo son pendientes y colinas comunes, como si no existiese tal barranco horadado por el río. La ruta estrictamente continúa por una pista hasta la carretera donde está estacionado el coche, pero a mucha distancia de él. Nosotros tomamos otra pista que aparece en el croquis del tríptico esperando que el mismo sea fiable. La soledad de la misma queda interrumpida por el paso de tres cabras salvajes, pero que no nos da tiempo a fotografiar. Más tarde pasan otras dos, pero esta vez estamos preparados con cámara de fotos y videocámara por si volvían a aparecer más, de manera que podemos inmortalizar el encuentro y visionarlo a cientos de kilómetros de aquí, cuan ellas previsiblemente aún sigan caminando libremente por estas tierras. Al llegar a la carretera Alba se queda leyendo su novela de Ágatha Christie en un cultivo mientras yo retrocedo por la poco transitada vía hasta llegar al coche, el cual está más cerca de lo que creo. Pongo en marcha el cronómetro para distraerme e intento hacer todo el tramo corriendo a ritmo lento, cosa que logro pues sólo me separan del coche siete minutos de marcha. De vuelta con el coche mido la distancia, que es de 1,4km, con lo cual me distraigo calculando la velocidad media, práctica habitual en los tramos monótonos por arcén en el Camino de Santiago.

 

Como recuerdo, comentar que después de regresar a Muniesa y Montalbán, visitamos al día siguiente el museo minero de Escucha, donde uno puede bajar a 200m de profundidad en la antigua mina “Se verá”, de la cual extraían un tipo de carbón de no muy buena calidad llamado lignito. Ahora el carbón necesario para la contigua central térmica lo traen desde el exterior. El precio de la entrada es de 12 euros y hay que reservar día y hora, o bien pedirla al llegar y esperar, como hacemos nosotros. Vale la pena porque la visita es toda guiada, y si te toca un buen guía como es el caso pues se aprende mucho, y puedes preguntar todo lo que quieras. Hay que bajar con casco y un cinturón que pesa mucho porque tiene algo de la linterna y algo de respirar, quizá 5 o 6 kg. También hay una maquinaria expuesta que sirve para abrir túneles, unos quince metros por cada jornada de siete horas, y en la tienda de recuerdos venden minerales. Al siguiente día, partiendo desde el camping de un pueblo llamado Bronchales, “balcón de España”, ascendemos a Sierra Alta (1856m), que sólo son treinta minutos porque el camping municipal ya está a 1700m pero las vistas son muy buenas porque parece ser de los picos más altos de la región. También hay una mina de hierro abandonada a varios minutos del pueblo caminando, donde hay piedras rojas amontonadas en el exterior de la bocamina. También hacemos una ruta en los Pinares de Rodeno, en la Sierra de Albarracín, y alguna cosilla más.

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito




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