ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
Wednesday 27 de October de 2010, 12:36:48

Tipo de Entrada: RELATO | 3 Comentarios | 4618 visitas

Realización de una de las vías ferratas más frecuentadas, acompañado por Julio y por Maite, a los que volví a ver la semana pasada tras haberlos conocido en el Camino de Santiago a principios de verano. Las esperas alargan el ascenso hasta las cinco horas, tiempo en el que uno puede divagar sobre asuntos varios, quizá para averiguar una pregunta, una respuesta.

 

 

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Para evitar largas colas, en especial en el puente tibetano, hemos quedado temprano, a las 8:30, en la rotonda de Tagamanent, junto a la C-17. Tras el reencuentro marchamos los tres coches en fila hasta plantarnos en el aparcamiento, que si uno no sabe dónde está puede resultar algo difícil de localizar, aunque siempre se puede preguntar por el camping o la casa de colonias, que no andan muy lejos. Junto a una furgoneta de una empresa de deportes de aventura y junto a varios coches, dos grupos numerosos ultiman su preparación, colocándose los arneses, los disipadores y los cascos. Por tanto, una lección está clara: aún teníamos que haber madrugado más.

 

La aproximación a la vía ferrata dura apenas diez minutos, un intervalo de tiempo que suele emplearse en esta época del año para comentar la rasca que hace y la poca visibilidad que hay en la Plana de Vic. Una vez llegados al pie del primer tramo, un espolón rocoso de unas decenas de metros dividido en dos partes y atravesado por el sendero, aprovecho para tomarles una fotografía a mis dos compañeros ante las grapas que van a significar su primer contacto con una pared vertical. Si bien impresiona más que la trepada por la cresta de Castellets que afrontamos la semana pasada de camino a Les Agudes, resulta más seguro por el hecho de que en esta ocasión estaremos asegurados.

 

Mientras esperamos al grupo de entre cinco y siete componentes que nos precede les voy explicando las normas básicas de progresión en vía ferrata y algún truquillo que he aprendido de Avi Jordi, de Japallas (Josep Antoni) o de algún otro de todos aquellos que tuvieron la amabilidad de mostrármelos y de obsequiarme con su compañía en tiempos pasados, sin duda mejores y perdurables en la memoria, donde maduran y hasta podría decirse que aumentan de valor conforme los años pasan. Hago especial mención en dejar un tramo libre de seguridad entre dos personas ya que sí una se cae quedará colgando en el anterior tramo, precaución que el grupo que está iniciando la ferrata no tiene en cuenta.

 

Una vez nos llega el turno de comenzar, les aconsejo a ambos (Maite y Julio) que se cuelguen de un escalón por dos motivos: para comprobar que está todo correcto, y para que tomen confianza con su equipo. Como en tantas otras cosas de la vida, si uno confía en lo que tiene a mano su progresión día a día, grapa a grapa, sin duda resultará más sencilla, más segura y más exitosa, y no hay que olvidar que el objetivo número uno es regresar al coche sin ningún percance físico de tipo accidental. Después de comprobar que sí, que se quedan colgando y que todo está bien puesto, iniciamos la vía ferrata.

 

Como Maite es la que lo ve menos claro –le dan miedo las alturas como a mí– la dejamos en segunda posición. Julio es quien abre la comitiva de trepadores de peldaños metálicos que se dirigen hacia lo alto del Puigsagordi (986m), donde finalizará la ascensión, aún distante cinco horas en el tiempo. Tanto él como Maite se desenvuelven muy bien en sus primeros pasos ferrateros, y el que tiene un pequeño percance soy yo, o mejor dicho, mi cámara fotográfica, que se desprende de mi bolsillo en el diminuto extraplomo del inicio de la segunda pared y por fortuna se para en la tierra que hay entre ambas paredes, por donde cruza el sendero utilizado para descender. No he comentado que a la cima se puede acceder por las marcas de pintura rojas (ferrata), por las amarillas (sendero, se suele utilizar de bajada) y por carretera (prescindible para el excursionista).

 

Tras superar el primer tramo, que es el que más patio presenta, comentamos Maite y yo el miedo –o respeto– que infunde el pisar un escalón (en la jerga lo llaman grapa) y ver bajo tu pie el vacío. Les comento que las apariencias engañan, pues lo más peligroso de realizar una vía ferrata o cualquier excursión no es el itinerario propiamente dicho, sino el desplazamiento en coche. De hecho, el caprichoso destino quiere que mientras les digo esto, a eso de las diez y media, un señor se mata en la C-17 en la ciudad contigua a Centelles, Hostalets, en lo que es la séptima y última víctima mortal de accidente de tráfico este fin de semana en Cataluña, uno de los más trágicos del año.

 

Mientras un proyecto de vida desaparece, con todo lo que ello acarrea, nosotros seguimos esperando en la cola del puente tibetano, al inicio del segundo tramo, un largo flanqueo de casi un kilómetro de longitud por una “cinglera” aprovechada al máximo por el instalador. La Plana de Vic, Hostalets incluida, se muestra gris, aparentemente tranquila, normal; aquí suele haber inversión térmica, hace más frío sobre la superficie y conforme asciendes la temperatura aumenta. Nada sugiere la tragedia, cercana pero invisible; uno se concentra en el balanceo del que está atravesando el puente, que bien puede emplear diez o quince minutos, y aún nos quedan tres más por delante.

 

Ha pasado más de una hora cuando es el turno de Julio, quien se ancla a los dos cables de vida del puente en el momento en que una de las componentes del grupo que nos precede da marcha atrás deshaciendo unos cinco minutos de ferrata que incluyen un paso arrinconado con un cambio de pared. En un primer momento parece ir bastante bien, pero el tema está en que conforme vas llegando al centro el balanceo aumenta, siendo máximo en su punto central, cuando obviamente uno ya no puede retirarse pues queda lo mismo hacia delante que hacia atrás. Le filmo un pequeño vídeo de dieciséis segundos hasta que me quedo sin pilas. Los que lo vemos diría que sufrimos más que él, está muy inclinado y da la sensación de que se vaya a caer, lo que seguro que es algún tipo de efecto óptico o de perspectiva. Cuando llega al otro extremo lo felicitamos, tanto Maite y yo como el resto que hace cola, entre los que se encuentra uno sin casco y otro con uno de bicicleta, esto último común y nada recomendable.

 

Maite se atreve a probarlo, es valiente. Eso sí, al poco no lo ve muy claro y decide darse la vuelta, algo que considero correcto. Si uno no está seguro lo mejor es dejarlo para otro día, entre otras cosas, porque en principio el puente no se va a ir, al menos de momento; habrá que ver qué sucede si algún día pasa algo, como en la Cala del Molí de Sant Feliu de Guíxols. Aunque como la gente es prudente y responsable, seguro que nunca se dará el caso, o eso quiero creer. Hay que ver la de personas que se acercan hasta aquí y disfrutan de unas instalaciones que alguien –desconozco quién– nos ofrece desinteresadamente, seguro que fruto de un intenso trabajo y de una gran dedicación tanto en tiempo como en material. Y es que a pesar de lo que los medios de comunicación nos quieren transmitir (nota: el miedo da dinero y poder), aún hay almas caritativas en el mundo.

 

Al comienzo de mi travesía por el destensado puente (¡qué divertido!) me siento algo culpable por dejar a Maite atrás, pero he quedado en que ahora volveré a acompañarla deshaciendo la parte correspondiente del flanqueo. En los primeros pasos me da algo de miedo, sí, pero es la novedad. Llegado un momento tomo la determinación de no pensar en ello. Por otro lado, como ya lo he hecho otras veces la impresión no es la misma, pero de todas formas me sorprende lo poco mal que lo paso comparado con el pánico que he llegado a sentir aquí en alguna ocasión. De hecho lo disfruto, creo que por primera vez. Miro abajo, tanto a las copas de los árboles como a los que flanquean la “cinglera”, atisbo al frente Centelles aún algo borrosa por la niebla. También miro a los que esperan turno y a Julio, con el que me reencuentro en la pared del otro extremo antes de bajar con él hasta el flanqueo de la variante sin puente. En la otra punta creen que lo he atravesado muy bien, en una buena posición, y que se ha balanceado poco. Seguro que es para menos.

 

De regreso les pido a unos que esperen un momento a que vuelva con varias personas (no sólo Maite se ha retractado de atravesarlo), ya que cruzarnos en la ferrata es algo laborioso y de todas formas van a tener que esperar, y lo mismo da hacerlo junto al puente que al inicio del desvío por el que se accede a él. La vuelta no es difícil, simplemente tiene el mencionado cambio de pared en un rincón de noventa grados que es fácilmente superable y que te deja de nuevo al inicio del literalmente kilométrico flanqueo (diría que son unos novecientos metros). Un poco más adelante volvemos a estar con Julio.

 

De cara al dilema que se le presenta al excursionista en Les Baumes Corcades –si cruzar el puente o no– no sólo hay que considerar el tiempo de espera para atravesarlo (en nuestro caso supera la hora); también hay que pensar en que mientras pasas el rato deseando que te toque ya, por debajo van pasando familias con niños, entre otros, que luego te van a causar un avance más lento. Y sí, eso es lo que ahora nos pasa a nosotros: que hemos perdido posiciones en la “cola”, hablando en términos de carnicería, o más acorde con nuetros tiempos, de oficina de desempleo, donde las que se forman son largas, largas. Desafortunadamente, lo sé por experiencia.

 

Como se suele decir, yendo “chino chano”, acabamos llegando al final del flanqueo, que nos deja en las dos variantes que se instalaron hace un par de años, en cuya inauguración recuerdo que estuvo Avi Jordi, según me dijo, con pica pica incluido. Cinco personas comen junto a una gran piedra. Uno podría pensar que se sitúan ahí para ver los aconteceres de los que están más arriba, pero no, son la cola. Así que nosotros también aprovechamos para sacar alimentos varios, en mi caso unas cortezas de maíz del Aldi (lo que en términos “matutaninos” se denomina Bocabits). Se nota que lo mío no son las dietas equilibradas, sino el mal comer, en especial cuando salgo de excursión.

 

Cuando nos llega el turno emprendo la subida, pero dura poco: un señor retrocede, incapaz de superar el extraplomo que hay unos veinte escalones más arriba. Tras bajar “a tierra” y dejarle salir me meto de nuevo en la faena, seguido de cerca por Julio, al que esta vez he dejado detrás por si encuentro alguna “presa-truco” que lo pueda ayudar y que quizá dada su inexperiencia –es su primera vez– no encuentre. Maite se ha decantado por el tramo catalogado como fácil, en vez de por el muy difícil, porque siente que está perdiendo algo de fuerzas en los brazos, decisión que le va a permitir llegar con más fuerza al tercer tramo y superar sus extraplomos, los más acrobáticos de la ferrata.

 

En el paso clave para entrar en la variante, el extraplomo, me dejo los mosquetones atrás de manera que, tras recuperar fuerzas, intento hacerme con ellos, algo que me cuesta bastante. Como lo último que haría es bajar de nuevo, me agacho todo lo que puedo y en una posición muy incómoda –de espaldas y sin verlos– consigo llegar hasta ellos y pasarlos al siguiente trozo de cable de vida. A Julio le cuesta algo más superarlo, cosa normal pues las novatadas se pagan, y lo supera al tercer intento, siendo lo único de toda la vía ferrata que se le ha resistido un poco. Precisamente en ese paso en el cable de vida hay unos muelles, lo que indica que es un lugar propicio para las caídas, y el instalador ha preferido ponerlos para amortiguar el impacto de los dos mosquetones contra la barra metálica que se empotra en la roca.

 

El resto de la variante muy difícil, tras la primera parte vertical, es un flanqueo caracterizado por la ausencia de grapas, en el que uno se busca la vida para poner los pies en la roca, y una última subida a la que se llega algo cansado porque en el flanqueo hay que ir haciendo fuerza de brazos al tener que estar siempre un poco inclinado hacia atrás. Mientras afrontamos todo esto, Maite nos hace una fotos buenísimas, en parte porque desde la variante fácil esta pared queda justo delante, pero tampoco se trata de menospreciar la valía de nuestra fotógrafa ocasional.

 

Una vez superado sin ningún incidente la variante “nueva”, nos dirigimos hacia el tercer y último tramo, en el que comprovamos que por el itinerario antiguo nos han adelantado familias con niños y demás, o sea, que toca esperar en la base del primer extraplomo. Hay quién no lo logra y se va sendero arriba; otros optan por la ayuda de una cinta exprés, que atan a un escalón o a varios para ir descansando a la vez que poco a poco progresan por el extraplomo, que tiene unos diez peldaños que van viniendo hacia fuera.Los hay, como nosotros, que ni hacen el rodeo por el sendero ni entre sus pertenencias se encuentra cinta exprés alguna. Es decir, que toca currárselo.

 

La primera en intentarlo es Maite, que cree no ser capaz de superarlo. Le he dicho que lo pruebe, que no pierde nada, por eso la dejamos en primer lugar: si no lo ve claro puede ir haciendo sendero y ganando tiempo. Pero el plan B no hace falta, aquí “estamos bien los 3” en este peculiar desierto de grapas y alturas. Y uno tras otro vamos dejando atrás el extraplomo, la escalera –donde tomamos buenas fotos– , el segundo extraplomo, y finalmente acabamos. Ya solo nos quedan unos escalones que acceden a la cima que quedan a menos de cinco minutos de camino. La tentación de llegar a arriba por la senda es grande, está a diez metros de sendero, son diez segundos. Pero las pocas grapas que quedan, si bien escasas, tienen su dignidad, su pequeño corazoncito. No cabe despreciarlas, cuando nosotros no estemos ellas aún estarán, lo que no sé si aquí o si en otra nueva forma. Gracias a ellas alcanzamos la cumbre.

 

Hemos empleado cinco horas, desde las 9:00 hasta las 14:00, en vencer un desnivel que en cuarenta y cinco minutos vamos a deshacer. El fuerte viento que nos azota invita a abandonar el fotogénico emplazamiento, así que nada más nos tomamos una foto y nos dejamos llevar por la gravedad y por los músculos. En pleno sendero una “piedra” redonda llama mi atención: se trata de un fósil de erizo de mar. El hallazgo da fe de que aquí, antes de que los homínidos fundaran Centelles, antes de que algunos de ellos instalaran la ferrata, antes aún de la formación de la montaña en la que se asienta, los peces y los erizos vivían en un mar de aguas limpias, carentes de bolsas de basura, de mercurio y de otros contaminantes que algunos vierten impunemente en las aguas del Planeta Azul que algún día, a este paso, dejará de serlo.

 

Al llegar al inicio de la vía ferrata uno recuerda que hace unas horas estaba aquí, con lo que ha sucedido aún por suceder. El mismo lugar pero diferente momento. Ahora mis dos compañeros ya saben lo que es una vía ferrata. No sé si será o no como imaginaban, pero ya son capaces de desenvolverse en ellas con seguridad y con rigor. Durante el período de tiempo transcurrido multitud de cosas han pasado: no hay más que mirar a la carretera a la que ahora vamos, una familia destrozada. También puedes imaginarte lo que ha sucedido en otras partes, los cálculos son fáciles, se trata de multiplicar: un niño muerto de hambre cada tantos segundos, otro muerto por el agua contaminada cada no sé cuantos, luego están las enfermedades, los asesinatos, los partos con final trágico… uno llega a la conclusión de que todo se mueve, de que el paisaje aparentemente calmado que se contempla desde la cima, desde el puente, es totalmente falso, pura apariencia para engañar a la mente que se deje embaucar. Uno piensa en que esto se acaba, o se acabará, y la pregunta es evidente: ¿estoy haciendo lo que debo? Siempre podremos ir a las vías ferratas o a las montañas para buscar respuestas.

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito


3 Comentarios
Enviado por Nosko888 el Wednesday 27 de October de 2010

“hola!!!! yo ere uno de esos del grupo de alante!!!! weno era el chico mas joben de los q iba con la chaqueta de bicisport el q sale justo debajo del puente acompañando en la faena a mi chica...q curioso es esto de los foros (por cierto mi primer comentario es un foro es este y me acabo de rejistrarXDXD tambien decir q fue mi 2 ferrata y q ya tengo ganas de mas!!!!!

Enviado por Zodiaco el Wednesday 27 de October de 2010

“Jejeje menuda casualidad, meterte en internet y encontrarte en una foto con lo amplia que es la red. Algún día haremos una en Montserrat, si quieres escríbeme a dmiraher@terra.es !Ciao!”
Enviado por Assumpta el Friday 5 de October de 2012

“Haurieu d'entrar al facebook de la Via Ferrada i deixar el vostre comentari.Gràcies.”


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