ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
Sunday 10 de February de 2013, 19:35:40

Tipo de Entrada: RELATO | 4352 visitas

En el día de hoy Julio, Cris, Jordi y yo ascendemos al Puig de Comanegra (1557m) desde Beget (540m) pasando por el Oratori de Sant Antoni de Can França, situado en el Coll de Golofreu, y el Coll de Malrem, iniciando en este un recorrido de dos horas y media a través del cordal fronterizo con Francia que nos lleva hasta la cumbre del Comanegra pasando por el Cim de Bordellat (1393m). Tras un ascenso de cuatro horas a buen ritmo, regresamos a Beget pasando por la Bassa de Monars, Coll Ferriol, Coll de Terrers y Collet del Sunyer, completando así un itinerario circular de unos 18km con una diferencia de altura entre el pueblo y la cumbre superior al kilómetro y empleando un total de siete horas a un ritmo ligero y con algunos tramos nevados.

 

Si la montaña fuera, en vez de un lugar imprevisible, algo que se pudiera controlar al cien por cien, hoy a las nueve de la mañana partiríamos de Beget con destino al Comanegra Jordi, Cris, Julio, Lluís, Roque, Josep, Mercè, su hermano y yo, pero por fortuna no es así. La naturaleza siempre deja espacio a los imprevistos, a la incertidumbre, a lo inesperado. Y en este sentido, si hasta el jueves, según Julio, no había nada de nieve en la zona, y ayer, según me comentó Cris, solo estaba algo “espolvoreada”, resulta que por la tarde o noche de ayer ha debido de nevar en la carretera de acceso a los pueblos de Font-rubí, Rocabruna y Beget. Nada más abandonar la carretera general que se dirige a Francia (C-38) y tomar rumbo a Beget, me percato de que la cosa está bastante negra, o mejor tendría que decir blanca. A la altura del punto kilométrico dos, a las 8:35, me llama Julio, que está un kilómetro más adelante, en el aparcamiento de Coll de la Boixeda, para decirme que la carretera está cortada por un accidente grave y por el hielo y la nieve. También me dice que en un minuto estará donde me he detenido. Antes de llegar él, veo venir a la ambulancia, que a pesar de llevar las luces de la sirena encendidas va a una velocidad moderada y con las cadenas puestas.

 

Como no vamos a poder continuar, decidimos dejar aparcados ambos coches en el Coll de la Boixeda. Al poco me llama Lluís, que viene con Roque y con Josep, para decirme que los Mossos han cortado el acceso a la GIV-5223, en cuyo punto kilométrico tres nos encontramos, desde la carretera general C-38. Como no pueden venir hasta nosotros, somos nosotros los que vamos hacia allí, dejando pasar de camino a los bomberos y cruzándonos con la máquina quitanieves. Nada más llegar aparecen Mercè y su hermano, quien me llama por teléfono sin saber que me tiene delante. Voy hasta ellos y les comento que la carretera está cerrada y que no sabemos cuánto van a tardar en abrirla, pues además de la nieve y el hielo, está el accidente. En este un vehículo 4x4, supongo que a causa del hielo, se ha ido terraplén abajo hasta que unos árboles han detenido la caída y ha quedado empotrado y volcado sobre ellos. Julio me comenta que cuando he respondido a su llamada se ha aliviado, porque por un momento ha pensado que podía ser yo, ya que siempre suelo acudir antes de la hora a los encuentros, como hoy también me proponía.

 

Ante la incertidumbre de no saber cuándo la van a abrir, el terceto formado por Lluís, Roque y Josep plantean ir a subir al Taga, una montaña bastante cercana de 2035m de altitud, propuesta a la que nadie más se une. De todas formas, les comento que no hay ningún problema, que se vayan ellos y que en otra ocasión ya coincidiremos. El resto acabamos esperando algo más de una hora pasando bastante frío en este paraje sombrío pero al fin tenemos vía libre. Antes de reanudar la marcha, Mercè nos comenta que no le hace mucha gracia el estado de la carretera y le digo que a la altura del kilómetro tres, si no lo ve claro, que nos haga señales con las luces largas, que allí hay un aparcamiento.

 

Con Julio y su furgoneta abriendo la comitiva, yo en medio y Mercè y su hermano detrás, tiramos hacia Beget por la carretera, que se abre paso entre prados y bosques hoy cubiertos por un manto blanco. Efectivamente, llegando al kilómetro tres Mercè nos hace señales luminosas y estacionamos los coches en el aparcamiento, situado en el Coll de la Boixeda. Nos comentan que prefieren no seguir, y mapa en mano, les muestro dónde estamos y cómo por el GR-11 pueden acceder a Beget desde aquí en poco menos de ocho kilómetros tal y como informa un poste indicador. Insisten en que nos vayamos al Comanegra, que el día se presenta soleado, y que aprovechemos, a lo que les digo lo mismo que al trío anterior: que a ver si a la próxima podemos volver a coincidir y ningún contratiempo nos chafa los planes. Esta cita será dentro de tres semanas en la Tossa Plana de Lles (2916m), que intentaremos ascender con raquetas de nieve.

 

Por todo ello, en vez de nueve personas y a las nueve de la mañana, partimos dos y con dos horas de demora, a las once en punto. En este punto es donde tengo que citar a Jordi y a Cris. Resulta que ellos, al vivir en la zona, han subido a Beget por la pista asfaltada que parte de Castellfollit de la Roca y que pasa por Oix, hoy totalmente limpia de nieve. Además, han llegado temprano, pero al no haber cobertura de telefonía móvil en el pueblo, no han podido escuchar los dos mensajes que le he dejado a Cris en el buzón de voz. Medio pensando que los hemos dejado tirados, han iniciado ellos la ruta a las diez y cuarto, cosa que ahora mismo ni Julio ni yo sabemos, pues estamos los cuatro sin cobertura. Más adelante los retomaré.

 

De Beget, se podrían comentar muchas cosas, como por ejemplo la manera en que Xavier (Amunt) se refiere a él en una reseña de MadTeam: “el pueblo más encantador de Cataluña”. Es un conglomerado no muy grande de casas enclavado en el fondo de un valle con varios puentes medievales, tan estrechos que impiden el acceso en coche y este se ha de dejar a las afueras. Del conjunto destaca, sin duda, la iglesia románica de Sant Cristòfol de Beget, del siglo XII, con un bonito campanario de tres plantas que se eleva hacia el azulado cielo de la Alta Garrotxa. En su interior, este templo,  declarado en 1931 patrimonio nacional, alberga una joya única del románico de gran valor, la Majestat de Beget, una talla de Cristo bastante grande –dos metros mide– que durante la Guerra Civil fue salvada de la quema gracias a la picardía de los vecinos.

 

Tras tomarnos las fotos de rigor, que incluyen una junto a una bonita casa de piedra provista de macetas con flores amarillas, y otra sentados en uno de los puentes medievales con la iglesia al fondo, partimos de Beget a través del sendero de gran recorrido GR-83, que desde la playa del Callao de Mataró se extiende  hasta Prada del Conflent pasando por la cumbre del Canigó. Este sendero se toma junto al Hostal El Forn, que según un cartel presta sus servicios desde el siglo XVI, y conduce en constante pendiente al Coll de Golofreu, ya por encima de los 950m de altitud, en el que hay situado un oratorio de piedra que lleva por nombre l´oratori de Sant Antoni de Can França. Hasta él se accede en aproximadamente una hora si el ritmo que se lleva no es muy tranquilo ni se para mucho, cosas que reunimos pues hemos partido con dos horas de demora, a las once, estamos en invierno y la excursión es larga. Es ahora, tres horas después, cuando a Cris y Jordi les llega la cobertura y por ende mis dos mensajes de voz. Si bien ellos tienen la idea de que les seguimos, nosotros no sabemos que los tenemos por delante. De hecho, me imagino que habrán esperado un rato y se habrán vuelto para casa.

 

En el oratorio nos tomamos algunas fotos con el nevado Comanegra aún distante como telón de fondo. Como no soy consciente de que esta noche las voy a eliminar todas por error, me lo tomo con bastante esmero ya que nunca he estado en la zona y quizá no regrese. Por aquí pasa la pista forestal que va a Can França y a la Bassa de Monars desde la carretera que une Rocabruna y Beget, así que una opción de hacer cumbre, la más directa, es tomar la pista hasta dicha charca, como describe Xavier (Amunt) en su reseña. La opción más bonita, en cambio, es más laboriosa y larga; además, es la que me ha recomendado el propio Amunt. Esta consiste en atravesar la pista y seguir las marcas blancas y rojas del GR-83 hasta un collado que lleva por nombre Coll de Malrem, situado en la frontera con Francia y en el que confluyen tres comarcas: La Garrotxa, el Ripollès y el Vallespir. Una vez arriba, se trata de ir por lo alto de la Serra Llarga hasta coronar el Comanegra pasando por el Cim de Bordellat (1393m).

 

Pasan cinco minutos del mediodía cuando abandonamos un collado, el de Golofreu, para plantarnos en otro mucho más bonito y carente de pista forestal que lo cruce, el de Malrem, ya a 1135m de altitud, situado unos seiscientos metros más arriba que el pueblo. Consiste en un extenso prado hoy nevado en el que las vistas se abren muchísimo y con toda probabilidad pasas a convertirte en un blanco fácil para el viento. Desde Coll de Malrem, un sendero se dirige al bosque en paralelo al cordal, además del GR-83, que continúa hacia La Menera, un pueblo ya en territorio francés desde el que también puede ascenderse al Comanegra. Nosotros tomamos como referencia los delgados cables que limitan el paso del ganado y a través del nevado terreno alcanzamos lo alto del cordal. Una vez arriba, avanzamos junto al cable de igual modo, en lo que supone un penoso y resbaladizo avance que finaliza en un marcado collado que lleva por nombre Collada Fonda (1186m), el primero con este nombre en el día de hoy. Tras consultar el mapa, decidimos dejarnos de historias y seguimos el sendero del cordal, que de momento no pasa exactamente por lo alto del cordal, que en todo este tramo –dos horas y media vamos a emplear en recorrerlo– representa la frontera estatal. Julio se percata de que las huellas que vamos siguiendo son bastante recientes; son, ni más ni menos, que las de Jordi y Cris, pero de momento lo desconocemos. Lo que sí extraña es que sean recientes, pues es una zona poco visitada a pesar de ser el Comanegra un techo comarcal, como muestra el hecho de que en las siete horas de excursión y dieciocho kilómetros de recorrido no vayamos a ver absolutamente a nadie.

 

Cuando llevamos una hora caminando por el cordal, aviso a Julio de que hay un perro. Aunque hasta ahora no lo he comentado, nos acompaña Duna, su perra. Resulta que el perro es la Brush, la perrita de Jordi y Cris, que cuenta en su haber con treinta y siete tresmiles, muchos más que yo. A su lado, claro, sus amos, a los que les confieso que he reconocido más tarde que a ella. ¡Menuda alegría! Me cuentan que se pensaban que los había dejado colgados –sería la primera vez– y que a las diez y cuarto han partido de Beget. Como han parado media hora a comer, Julio y yo les hemos podido dar caza aún sin saber que iban por delante de nosotros. Jordi, que ya ha coronado esta montaña en dos ocasiones por otros lugares, me dice que tenemos que espabilar, que aún queda una hora y media para hacer cima y ya son las 13:30. Así pues, ya no somos dos personas y un can, sino cuatro y dos, respectivamente, y si alguien surcara el cielo en algún artilugio volador, en lo alto de la sierra, en toda esta región, solo nos avistaría a nosotros, avanzando como hormigas, subiendo y bajando, bajando y subiendo, ahora nieve, ahora no, de camino al Comanegra cual sendero de la felicidad; aunque eso sí, apurados de tiempo.

 

Un pequeño desvío no señalizado nos lleva a lo alto del Cim de Bordellat (1393m), una de las dos montañas con nombre que vamos a coronar hoy. Junto a su gran montón de piedras hay extensas vistas, casi las mismas que desde el Comanegra: a un lado, el Golfo de Roses, Besalú, Montseny, Puigsacalm y Olot, entre otros. Al otro, el Pirineo axial: Canigó, Costabona, Gra de Fajol y Bastiments. Más cerca, Bassegoda, Santuario de la Mare de Déu del Mont y Cresta d´en Ferran. Como no vamos bien de tiempo, tampoco nos entretenemos mucho. Cabe destacar que la cara norte, además de estar poblada de hayas, alberga más nieve que la sur, que en su mayor parte son prados hoy desprovistos de manto blanco, como el pueblo de Beget. La zona del Coll de la Boixeda, donde había un accidente y nos hemos despedido de Mercè y su hermano, en cambio, se muestra nevada. Julio dice que allí el clima es el propio del Ripollès, mientras que aquí la zona se rige por el de la Garrotxa. La cuestión es que subiendo a Beget por Oix no hay nada nevado, y viniendo de la C-38 vía Rocabruna ha tenido que pasar la máquina quitanieves para que pudiéramos bajar hasta el pueblo.

 

Como todo en esta vida, un cordal, por muy interminable que se haga aún a pesar de no parecerlo, acaba por terminarse en un momento u otro, y a este le ha llegado su fin. Han sido necesarias más de dos horas para plantarnos en el asalto final, pero aquí estamos, en la amplia ladera del Comanegra. Con vistas espectaculares y una soledad insólita en el siglo XXI, aun siendo montaña, un último esfuerzo nos lleva al techo de La Garrotxa, a una nueva cumbre para Julio y para mí, a un nuevo encuentro con la gratificación montañera por excelencia. Todo a unos cuantos kilómetros a la redonda se encuentra bajo nuestros pies; diríase que volamos con nuestra vista sobre territorios que por otros congéneres son percibidos como siempre; nada nuevo brilla bajo el sol, dicen. Lo que sí brillan son nuestros ojos, que destilan la ilusión del montañero indómito que llevamos dentro. Con dos horas de demora, con cinco compañeros menos, más cansados de lo debido y sin la tranquilidad y el tiempo que desearíamos, pero la ascensión al Comanegra ya es un hecho, una realidad que solo el tiempo borrará.

 

Tras las fotografías de rigor –las mías desaparecerán, y no precisamente borradas por el tiempo–, emprendemos sin perder tiempo el descenso, pues ya son las tres y el pueblo está más de mil metros por debajo nuestro. Hasta la Bassa de Monars, lugar en el que según dicen murió el último lobo de La Garrotxa envenenado en el siglo XIX, Jordi nos lleva a veces a través de marcas de pintura naranja y verde, y a ratos por donde cree conveniente. Una vez en la pista forestal que llega hasta la balsa, nos sentamos junto al talud, que nos abriga del viento, y comemos algo. A Jordi y a Cris les doy cruasanes y chocolate –de subida Julio y yo ya nos hemos comido algunos– y saco las patatas fritas, pero ni tiempo hay para abrirlas y comerlas. Me las guardaré junto a las olivas para la Tossa Plana de Lles porque el tiempo pasa y hemos de encontrar el camino que baja a Beget, que está bastante mal señalizado en su inicio. Desde aquí, tres son al menos las opciones de descenso: la que va por los Cingles de la Gralla y la Carena de Ricolta, que parece estar bastante en desuso; la que pasa por los Cingles d´en Vilà y los Cingles de la Costa, que es la más larga; y la que desciende por Coll Terriol y Coll de Terrers, que es la más directa y la que vamos a tomar.

 

Se trata de un descenso señalizado con marcas de pintura amarilla de las que no hay ni rastro en los alrededores de la Bassa de Monars. Mapa en mano, nos dirigimos al cercano Puig Ferriol en busca de ellas y es Jordi quien las encuentra. Si bien desde aquí todo está perfectamente señalizado con marcas amarillas y/o verde-azuladas, hay que andarse con ojo pues a menudo el sendero continúa recto pero las marcas amarillas te indican que lo abandones, y si no te fijas las dejas de ver y has de retroceder hasta la última e indagar por los alrededores hasta encontrar la siguiente. Esto es una faena que aún nos demora más. Aunque Jordi y Cris tienen frontal, Julio ha quedado luego en Font-rubí con otra persona y ya antes de iniciar la ruta me lo ha comentado y nos hemos fijado las seis como hora límite para estar de nuevo en Beget. Para cumplir con esta limitación horaria –y también para que no anochezca–, en ocasiones me adelanto al resto y el tiempo que puedo perder ante una duda no la pierden ellos mientras la resuelvo. Como cosas a destacar de este descenso, me llama la atención lo poco marcados que son algunos senderos y lo pronunciadas que son a veces las pendientes. Subir por aquí debe de ser una matada.

 

Hacia las cinco y cuarto, la sucesión de senderos al fin nos deja en el Collet de la Figuera, por el que pasa la pista forestal que nos va a llevar a Beget a través del Collet del Sunyer. Aún quedan unos pocos kilómetros pero su caminar es tranquilo, cosa que el cuerpo agradece a estas alturas del día y de la excursión. Como Julio tiene prisa, nos despedimos de Jordi y de Cris y tiramos a un ritmo un poco más rápido, aunque entre una parada para dar de comer a Duna y un atajo sin salida que nos hace retroceder de camino a Beget, Jordi y Cris incluso nos adelantan y volvemos a atraparlos por segunda vez en el día de hoy. Finalmente, tras siete horas de ágil excursión para Julio y para mí –unos 45 minutos más para Jordi y Cris–, llegamos  a Beget a las seis en punto y sin pérdida de tiempo emprendemos el regreso, mientras Jordi aún le toma alguna foto a Cris. Llegado al Coll de la Boixeda, en el punto kilométrico tres, Julio me deja en mi coche, en el aparcamiento donde hace nueve horas casi era una utopía pensar en que hoy podríamos regresar a casa con el Comanegra en el bolsillo. La moraleja parece clara: luchando por las utopías en las que se cree, si uno no se da por vencido quizá puedan hacerse realidad.

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito




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