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Tuesday 8 de July de 2014, 19:14:46
22-06-2014: Vías ferratas de Vallcebre y Camino Equipado Aeri de l´Àrtic
Tipo de Entrada: RELATO | 4 Comentarios | 3438 visitas

Realización de las tres vías ferratas de Vallcebre, un pequeño pueblo del Berguedà: La Canalassa, ideal para niños; la de Cal Curt, de alta dificultad y pasos atléticos; y la más conocida y clásica de la zona, la de Roques de l´Empalomar. A continuación, empalmo con el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, que a través de la cresta de Conangles, equipada con algunas grapas y una barandilla, se dirige hasta las proximidades del yacimiento paleontológico de Fumanya, donde es posible observar multitud de huellas fósiles –icnitas– de un gran dinosaurio que habitó el lugar en el Cretacio Superior, hace 65 millones de años: el Titanosaurus. Tras su visita, regreso al aparcamiento del Pla de la Barraca a través de un bonito y sombrío bosque de pinos pasando por la Baga del Taió. En total, algo más de seis horas de actividad bajo un calor estival.

 

Objetivo:

 

Seis años después de haber realizado en el año de su inauguración, el 2008, la vía ferrata Roques de l´Empalomar, en aquel entonces en compañía de Avi Jordi, Sigrid y Florenci, regreso a Vallcebre para realizar en solitario la integral de la zona: la vía ferrata infantil o de iniciación de La Canalassa (2012), la atlética y difícil vía ferrata de Cal Curt (2012), la clásica vía ferrata de Roques de l´Empalomar (2008, ampliada en 2012) y el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic (2012). El tiempo previsto para acometer la integral, optimizando las aproximaciones y los retornos, es de unas seis horas y media. ¡A por ella!

 

 

 

Acceso al Pla de la Barraca:

 

Para acceder al pequeño pueblo de Vallcebre hay que tomar en la C-16, cerca de Guardiola de Berguedà, la carretera B-400, que se dirige al Pedraforca. Tras unos siete kilómetros con bastantes curvas aparece a mano izquierda el desvío a Vallcebre: es la B-401, que en unos dos kilómetros y medio finaliza en el pueblo. A través de una estrecha pista asfaltada siempre ascendente, en dos kilómetros se accede al restaurante Cal Borni y, unos cien metros más adelante, aparece el aparcamiento del Pla de la Barraca, con tres grandes paneles informativos y una caseta de madera.

 

 

 

Espai Actiu de Vallcebre:

 

En la caseta de madera es donde se realiza el pago para acceder al llamado Espai Actiu de Vallcebre, que incluye  las instalaciones de las tres vías ferratas, una zona de escalada con cuatro vías de entre quince y veinte metros y grado IV+ / V+, y un barranco de nombre Torrent del Forat Negre de dificultad PD, seiscientos metros de longitud, ciento ochenta de desnivel y dos horas de recorrido. En el lugar, considerado por algunos una de las mecas catalanas de la vía ferrata, también se encuentra el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, este de libre acceso (gratuito). Según el panel informativo, el Espai Actiu de Vallcebre es un proyecto del Ayuntamiento de Vallcebre con el soporte de, entre otros, la Diputación de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y la Unión Europea. La empresa constructora es Imparables.cat y la entidad gestora Cercle Aventura.

 

 

 

Tasa de acceso a las instalaciones:

 

Desde el 18 de julio de 2013, para acceder a las tres vías ferratas, la zona de escalada o el barranco, hay que realizar un único pago diario de 2€ si se es federado y de 5€ si no se dispone de la licencia federativa, en cuyo caso el importe incluye un seguro de 24 horas. A cambio, se recibe una pulsera, cada día de un color, que hay que llevar bien visible, lo que me retrotrae al Parque de Atracciones del Tibidabo, en la ciudad condal, en el que mostrando tu pulsera del día, también de un color, puedes acceder a las atracciones sin ningún pago adicional. Dado que en la muñeca preveo que puede resultar molesta al engancharse en algún sitio, pregunto si es posible colgarla de la mochila y, como sí está aceptado, la acabo colocando en su parte trasera.

 

En principio, el pago de la tasa se puede hacer efectiva en la Oficina de Turismo de Vallcebre (666 53 60 39) o a través de www.berguedareserves.cat aunque, en mi opinión, lo más cómodo es pagarlo aquí en la caseta. Según he leído, hay quien ha llegado antes de que la abran (8-8:30) y ha realizado el pago a la vuelta, pero en caso de no estar federado y tener un percance en la vía el tema se antoja un poco espinoso al no haberte registrado con tu DNI ni haber realizado el pago del seguro ni tampoco haber firmado en la hoja de registro conforme el material que llevas es homologado. En esta hoja también debe dejarse constancia escrita sobre si das permiso a que te fotografíen en plena actividad o a que te envíen publicidad de Cercle Aventura.

 

En la página principal del sitio web –www.imparables.cat– de la empresa constructora de todas las instalaciones (tres vías ferratas, barranco, vías de escalada e incluso el camino equipado Aeri de l´Àrtic) aparece publicado lo siguiente:

 

Aviso importante: se está aplicando una tasa para practicar y acceder al conjunto de ferratas de Vallcebre. Imparables queda al margen de la decisión de cobrar, explotar y recaudar económicamente por la utilización del conjunto de ferratas y actividad al aire libre de Vallcebre. Imparables ha mantenido estas instalaciones hasta el día de hoy. Por tanto, cuando hay una explotación económica, Imparables ya no es el responsable de su mantenimiento, estado, y menos del cobro por su utilización. Aun así, deseamos que disfrutes de esta magnífica instalación al aire libre. Julio de 2013.

 

 

 

Normativa de uso:

 

Según los paneles informativos, el uso y acceso de las instalaciones está regulado para garantizar la seguridad de los usuarios, garantizar el mantenimiento y buen estado de las instalaciones, garantizar un acceso ordenado y un uso correcto de las mismas y crear ocupación en el municipio y reactivarlo económicamente. Personalmente, a falta de más –o algún– argumentos, me parecen válidas las dos primeras, que considero estrechamente ligadas entre sí. Aunque es cierto que a uno no le gusta pagar por algo que suele ser gratis, quizá sea el camino a seguir para promover la instalación de nuevas y seguras vías ferratas y garantizar el correcto mantenimiento de las ya existentes, siempre sin un afán recaudatorio extremo. Dos euros no parece un precio desorbitado…

 

Se informa también de que para acceder y utilizar las instalaciones de acceso restringido (vías ferratas, escuela de escalada y barranquismo) es obligatorio realizar el pago de la entrada de acceso y disponer tanto de un seguro para realizar las actividades como del material y el equipamiento mínimo. Este, además, ha de estar en buen estado de conservación y ha de cumplir la normativa vigente (homologado). En el caso de menores, se requiere una autorización expresa del padre, la madre o el tutor legal. Y en caso de meteorología adversa (tormenta, fuertes vientos, etc.), no se permite hacer uso de las instalaciones.

 

Por último, se avisa de que hay un riesgo mortal en la realización de estas actividades sin las precauciones oportunas –en mi opinión, esto no excluye que también lo haya aunque cumplas con todo, aunque menor– y se recomienda la contratación de un guía especializado en el caso de no disponer de los conocimientos técnicos y de la experiencia necesaria.

 

 

 

Alquiler de material y servicio de guías:

 

En los paneles informativos también aparecen el resto de tarifas. Así, el servicio de guías tiene un coste de 45€ por persona para un grupo de entre dos y seis miembros y de 29€ si es más numeroso. Respecto al material, el equipo de ferratas completo se alquila por 20€ y el de barranco por 25€. Por piezas, es posible alquilar un casco por 4€, un disipador por 15€, un arnés por 10€ y unos pies de gato por 4€.

 

 

 

Normativa específica de las vías ferratas:

 

Normas de progresión:

 

  • No pueden coincidir más de una persona en cada tramo de cable o en cada tramo de puente.
  • Anclaje permanente al cable, con anillos y amortiguador de choque.
  • Una sola persona entre dos anclajes.

 

Material mínimo obligatorio:

 

  • Un arnés apto para vías ferratas.
  • Un casco.
  • Dos presillas con amortiguador de choque equipadas con dos mosquetones de gran apertura y bloqueador de cierre automático.
  • Un tercer anillo corto suplementario (muy recomendado).

 

 

 

Aproximación a las vías ferratas:

 

Situados en el aparcamiento, al otro lado del río, destacando sobre el bosque asoman una cresta (zona de escalada) y una cima rocosa (Roques de l´Empalomar). Entre ambas se sitúa el Coll de la Canalassa y, a escasos metros, la primera vía ferrata del día con la que entrar en calor –aunque con la temperatura de hoy no es que sea necesario–. Si bien se puede acceder hasta el collado siguiendo las marcas blancas y verdes de un sendero local, el Camí dels Camps del Tabac, que rodea la cresta por detrás, la forma más directa de alcanzarlo es abandonar el sendero en un desvío a mano derecha reconocible por la presencia de una marca de pintura amarilla con forma de aspa en el tronco de un árbol. Nada más saltártela, vuelven a aparecer marcas verdes y amarillas y en pendiente pronunciada se accede hasta el collado.

 

Para ello, lo primero es bajar desde el aparcamiento hasta el río –Torrent del Forat Negre– y cruzarlo. Su cauce, prácticamente seco, llama mi atención; de todas formas, el caudal será suficiente como para refrescarme a la vuelta. Al otro lado, junto a los primeros árboles, hay poste que informa de las distancias parciales: 0,2km a la Font de la Canalassa, 0,5km a la Escola d´Escalada de l´Empalomar, 0,7km a los Camps del Tabac y 1,2km a las vías ferratas. Si en este punto aún no se ha pasado por la caseta se escuchará un grito: “Eh, los DNI del alquiler de los cascos”; no es a mí, claro, sino a un grupo que me acaba de pasar formado por dos guías y sus clientes.

 

Poco después de comenzar a subir por el bosque, aparece un desvío a mano derecha por el que regresaré para completar la integral circular de la zona. Se trata del sendero que, pasando por la Baga del Taió y con desvío a El Grauet (0,9km), se dirige al Coll de Fumanya (2,6km), al que llegaré una vez haya realizado las tres vías ferratas y el camino equipado. Pasado este segundo poste indicador es cuando aparece el desvío que conduce directamente al Coll de la Canalassa sin necesidad de seguir las marcas blancas y verdes y las amarillas del Camí dels Camps del Tabac y, por tanto, sin tener que rodear las paredes en las que están instaladas las vías de escalada y la vía ferrata de La Canalassa, con aspecto de cresta desde el aparcamiento al emerger sobre el bosque tan solo su parte más altiva.

 

Como casi todos los atajos, la senda sube de forma bastante decidida, así que me lo tomo con calma. Al haber partido a las once menos cuarto de un día de verano, el calor aprieta bastante, lo que será una constante que irá “in crescendo” a lo largo de la jornada, si es que algo constante puede incrementarse. Una vez en el collado, punto neurálgico de la zona, alcanzo al grupo de los cascos de alquiler, que hablan sobre el nudismo y las vías ferratas –entiendo que ligados– mientras fotografío el poste triple bajo el que conversan utilizando el zoom. A mano derecha nace el camino de l´Oriolà, que conduce en 0,8km hasta El Grauet pasando bajo el puente tibetano de la ampliación de 2012 de la vía ferrata Roques de l´Empalomar y junto al final de la misma. Recto, a pesar de no estar indicado, se desciende por la canal de Cal Curt hasta la vía ferrata homónima y la de Roques de l´Empalomar. Hacia atrás, en 0,7km, se regresa hasta el aparcamiento. Y a la izquierda, a escasos veinte metros, se encuentra el inicio de la vía ferrata La Canalassa, mi primer objetivo del día.

 

 

 

Vía ferrata La Canalassa:

 

Inaugurada en 2012, La Canalassa es una sencilla, corta y aérea vía ferrata destinada a niños de una estatura superior al metro quince o a principiantes que quieran realizar sus primeros pasos en un recorrido extremadamente equipado e ir tomando contacto con las alturas y, si es el caso, familiarizarse con el vértigo y comenzar a convivir con él –tratar de superarlo se antoja más difícil–. Dado su modesto tamaño, para el novato la entiendo tan solo como una previa antes de afrontar su vecina clásica, la de Roques de l´Empalomar, pues de otro modo dudo que por sí sola justifique el viaje. Para los niños, en cambio, sí tiene sentido ya que se les puede dejar toda la mañana subiendo y bajando repetidas veces, que seguro que disfrutan como locos.

 

A parte de los dos casos citados –principiantes y niños– estamos los coleccionistas de cimas, o debería decir de ferratas. Me refiero al montañero de espíritu inquieto que, cuando visita una zona, no puede estarse de ir a por todo lo que se le ponga a tiro por poca cosa que sea; a aquel que, tras un buen viaje en coche, le sabría mal abandonar la zona sin haber explotado todo lo que le queda a mano. Estoy hablando, sin duda, del que viene a por todas las vías ferratas de este lugar; el que pretende regresar a su casa, a su vida cotidiana, con la integral de Vallcebre en el bolsillo: eso es lo que me mueve.

 

La verdad es que me hace gracia estar ante una vía ferrata infantil. Ni siquiera sabía que existieran. La separación entre grapas es minúscula. Las hay a montones, además también para las manos. Incluso dispone de colas de cerdo para ir pasando una cuerda y poder asegurar al que la acomete. Tratándose de los más peques poca precaución es poca. En cuanto a datos, consta de varios resaltos verticales y unos cuarenta metros de desnivel. La longitud del recorrido es de cerca de ciento cincuenta metros y su dificultad, por descontado, es la mínima, es decir, K1 en la escala de Hüsler (F, fácil). Su duración depende de la persona: un experto no empleará ni diez minutos, mientras que un niño quizá necesite media hora; un aprendiz, pues depende de lo que se entretenga. Además, hay que contar con veinte minutos de aproximación y quince para el regreso.

 

Con la ilusión de un niño y las ganas de un novato, una vez equipado al pie de la vía, emprendo la subida. Un señor con sus dos hijas está más arriba, prácticamente llegando a la parte superior, así que me lo tomo con calma; lo último que haría es ponerme tras ellos y meterles prisa. Como a estas horas de la mañana –las once y poco– la vía aún está a la sombra –es la suerte de tener una orientación oeste–, a mitad de la ascensión, superado el primer tramo vertical de pared, me siento en el rellano y, con los pies colgando, desayuno y tomo algunas notas en mi diario –de hecho, un folio– para el presente escrito.

 

Aunque soy bastante malo para estimar distancias, diría que descanso a unos diez metros del suelo, donde restan los bártulos del señor. Me percato de que en este punto, quien traiga niños debe controlar que no procedan a realizar el cambio de mosquetones con ambos a la vez desde el cable de vida de la primera pared al de la segunda; una caída podría resultar fatal. Con el cambio hecho, avanzo por la repisa hasta iniciar el segundo tramo de la pared, que se supera en diagonal. En un arbusto, encuentro una pulsera rota de Cercle Aventura. Al ser verde como la mía, deduzco que es de alguno de los niños que me preceden y no de otro día. Como sucede con las del Parque de Atracciones del Tibidabo, antes se rompe que se desata, supongo que con la intención de que no sea reutilizada. “Déjala ahí. Vamos a estar aquí todo el día, luego la cogemos” –me responde el padre desde la distancia–.

 

Una vez arriba, en lo alto de la cresta que se aprecia desde el aparcamiento, disfruto de las vistas mientras dejo tiempo a que ellos finalicen el itinerario, desde este punto todo descenso. La panorámica es amplia: algo de nieve en el Pirineo, los verdes bosques del Berguedà, el pequeño pueblo de Vallcebre a vista de pájaro, el Pla de la Barraca con una docena de vehículos –entre ellos el mío–, el restaurante Cal Borni, la ferrata de Roques de l´Empalomar… Tras tomarme una foto con el disparo automático sobre una roca, me dirijo por la cresta unos pocos metros hasta el descenso al pequeño puente colgante de madera. ¡Sí, la ferrata dispone de una pasarela! Lo que no tiene, pues la orografía se lo impide, es escapatoria alguna.

 

El puente me parece muy gracioso. Dado que es una ferrata infantil, uno se siente fuera de lugar, un gigante en el país de Lilliput. A su salida, el descenso hasta el pie de la vía impresiona: es vertical y encajonado. De nuevo me siento demasiado voluminoso, y mira que soy delgado. Sin duda los de Imparables.cat se lo han currado con la equipación de esta vía ferrata, que ha hecho, hace y hará las delicias de los más pequeños. Además, como el  inicio y el final están prácticamente en el mismo punto, a bajo puedes dejar los bártulos o incluso controlar su avance desde ahí, como ahora es el caso del señor con su hijo e hija de seis o siete años, quienes ya están haciendo una repetición sin su progenitor.

 

Cuando me alejo, está sacando la cuerda de la mochila. “¿Queréis hacer el rápel ahora?”

 

 

 

Acceso a la vía ferrata Cal Curt:

 

Para acceder a la vía ferrata de Cal Curt regreso al Coll de la Canalassa y desciendo por la Canal de Cal Curt. Antes, no obstante, me confundo y tomo el camino de l´Oriolà, hasta que al pasar bajo el puente tibetano de la ampliación de Roques de l´Empalomar y junto al inicio del Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, donde me percato del error y retrocedo hasta el collado para tomar la canal. Desconozco por qué no está indicado este descenso con un cuádruple poste indicativo en vez de uno triple que lo obvia. Tampoco ha sido mucho tramo en balde: 300m de ida y otros tantos de vuelta. De haber seguido recto, 600m más adelante habría llegado a El Grauet, y en 1,8km, al Coll de Fumanya, lo que además de imperdonable, implicaría una falta total de sentido de la orientación.

 

En la canal de Cal Curt, unos cien metros más abajo del collado, aparece el poste indicador con el desvío a mano derecha, en descenso, hacia las dos vía ferratas: la de Roques de l´Empalomar, a doscientos metros, i la de Cal Curt, a trescientos. Si se continúa recto, en cambio, se realiza un corto ascenso por el Camí dels Camps del Tabac hasta rodear las paredes donde están La Canalassa y la zona de escalada y aparecer de nuevo en el Pla de la Barraca. De hecho, es el camino por el que habría venido desde el coche siguiendo las marcas blancas y verdes de no haberlo abandonado para tomar el atajo hasta el Coll de la Canalassa a la altura de un aspa de pintura amarilla en el tronco de un árbol.

 

Bajando por la canal pronto se llega a un paso de roca equipado con unos cinco metros de cadenas. Es el llamado Grauet de Cal Curt. Si uno ya va provisto de la equipación, lo suyo es asegurarse a ellas pues la roca está bastante pulida y es resbaladiza y no se me ocurre nada más absurdo que accidentarse por no ir ligado teniéndolo todo a mano. Desde aquí la ferrata es bien visible, concretamente sus primeros extraplomos ascendentes, los más atléticos del recorrido. Llama la atención que nadie la está realizando mientras que enfrente, en la de Roques de l´Empalomar, hay varios grupos, en total una docena de personas.

 

No mucho después se halla clavado al suelo un pequeño poste de madera que advierte de que el descenso ha finalizado, al menos si se tiene intención de ferratear. A mano derecha, visible, está a unos cinco metros el cartel informativo de la vía ferrata Roques de l´Empalomar, adherido a la roca junto al inicio de la vía. A mano izquierda, en cambio, aún no visible, se encuentra a unos ochenta metros de sendero el inicio de la vía ferrata de Cal Curt. Hacia ella me dirijo sin saber qué me encontraré. Al ser más corta me imagino, craso error, que será más asequible que la de Roques de l´Empalomar, que realicé, como he comentado, hace ya seis años, pocos meses después de su inauguración.

 

 

 

Vía ferrata Cal Curt:

 

Equipada en 2012, se trata de una vía ferrata aérea, atlética y exigente en cuanto a fuerza de brazos y resistencia se refiere. Si bien carece de pasos de gran dificultad, como la diagonal ascendente de Agulles Rodones o algunos desplomes de la Baumes Corcades de Centelles, va directamente en busca de algunos extraplomos y, además,  abundan los tramos en los que debe avanzarse con la ayuda del cable de vida con el cuerpo ligeramente inclinado hacia atrás, con el desgaste físico que ello comporta.

 

Oficialmente está catalogada con una dificultad de K5 (MD+, muy difícil) en la escala de Hüsler, aunque algunos, después de realizarla, la consideran una K4. Estos, según cuentan, al esperar a priori algo similar a la ferrata de Agulles Rodones o a la Cast-Urquiza-Olmo, la han acabado decepcionados en cuanto a dificultad se refiere, preguntándose literalmente “¿Esto es todo?”. Si bien no comparto esta opinión, la reflejo para que quede constancia. Lo que es seguro es que no se trata de una vía ferrata para iniciarse, a diferencia de su vecina clásica Roques de l´Empalomar, y que si uno se queda con ganas de más, si le apetece, puede tratar, por un lado, realizar una repetición mermado de fuerzas o, quizá algo más lógico, tratar de superarla saltándose alguna de las numerosas grapas, en especial los extraplomos. En todo caso, si creo que, como otros apuntan, es una de las mejores vías ferratas deportivas catalanas y además puede combinarse con su vecina, ampliada en 2012.

 

En cuanto a datos, además de tres –o cuatro– extraplomos ascendentes, hay uno descendente que da acceso al primero de los dos puentes tibetanos, de unos diez metros de longitud. El desnivel ronda los sesenta metros. El recorrido, por su parte, es de doscientos metros; sí, se hace corta si no te agotas por el camino, como me sucede a mí. Su duración es de entre cuarenta y sesenta minutos, según la persona y la fuente consultada, más unos veinte minutos de aproximación y otros quince de regreso. Cuenta con una escapatoria poco después del primer puente tibetano, antes de la llegada de los tramos más difíciles, incluidos los tres o cuatro desplomes ascendentes, por lo que quizá el primer tramo de la vía ferrata sí podría ser realizado por personas reacias a los extraplomos ascendentes, pero teniendo en cuenta que hay uno en sentido descendente en el acceso al citado primer puente tibetano.

 

Tras tomar literalmente unas últimas notas, me dispongo a iniciar la vía ferrata. La suerte es que esta pared, a las doce del mediodía, aún está a la sombra, además de no haber nadie en ella. Enfrente, en cambio, además de pegar el sol, hay bastante gente en plena faena, unos doce en total como comenté antes. El acceso a la primera grapa, situada a unos tres metros de altura, requiere una pequeña y sencilla escalada. Una vez alcanzada, se trata de acometer básicamente un flanqueo un poco echado hacia atrás por una pared que se encajona, gira noventa grados y, en un saliente, hace otro giro de noventa grados para salir a un terreno más expuesto. Al tener que sujetar el cable de vida para no irte hacia atrás, el cambio de mosquetones resulta más cansando que en una posición vertical ordinaria y, por ende, la musculatura de los brazos comienza a entrar en calor rápidamente. En lo personal, me alegra el estar realizando por primera vez otra vía ferrata, pues en mi caso, supongo que al igual que le sucede a muchos, lo habitual son las repeticiones mientras que aquí todo es una sorpresa, espero que agradable. Como se suele decir, sólo hay una primera vez.

 

Acabado el flanqueo, se afronta una sencilla subida por grapas que te conduce hasta un corto rellano provisto de una especie de sendero. Así, sin mayor dificultad, te plantas ante la bajada al primer puente tibetano. ¡Se acercan curvas! En un primer momento se desciende a través de las grapas cual salida de emergencia de un edificio en llamas; realmente me recuerda a los bomberos. Le sigue un flanqueo con tendencia a perder altura que, aunque parece fácil, a medida que se aproxima a la primera pasarela aumenta de dificultad, llegando en su punto álgido a desplomarse bastante, con el esfuerzo para los brazos que ello implica. Aquí el cambio de mosquetones es realmente incómodo y lo mejor es proceder de la forma más rápida posible. Aunque no sea políticamente correcto, al alcanzar el pasamanos del puente tibetano con el pie es cuando los brazos descansan y me digo que todo ha pasado. ¡Menudo esfuerzo para comenzar!

 

En la pasarela, de nueve metros de longitud, intento colocar mi diminuto trípode o la cámara tal cual en alguno de los dos extremos para fotografiarme, pero no me es posible, no hay punto de apoyo alguno; se trata de paredes rocosas verticales. Tozudo, opto por estirar el brazo y fotografiarme al menos la cara con el puente detrás, lo que no da muy mal resultado. Una vez retratado, abandono el puente, en el que extrañamente puede haber dos personas al mismo tiempo según el cartel colocado junto a él –como en todos los de Vallcebre, aunque en el plafón con la normativa general se diga lo contrario–, y bordeo una especie de aguja o espolón rocoso. Si bien es sencillo, para alcanzar la primera grapa del flanqueo, luego aéreo, es preciso pasar bajo la barandilla de la pasarela, algo poco habitual, ya que el puente, como he comentado antes, acaba en una pared –la de la aguja–, no tiene una continuación  natural. No me gustaría olvidarme de reflejar un ligero desplome en este aéreo rodeo.

 

Acto seguido se encara una diagonal ascendente equipada con cadenas. Como la inclinación no es muy pronunciada y la roca sobre la que caminar es buena, no es excesivamente difícil superarlo –eufemismo para bastante fácil–. De esta manera, me planto ante la escapatoria, señalizada: un sendero que en apenas un minuto te deja de nuevo en el inicio de la vía ferrata. Al sacar del bolsillo mi folio de anotaciones, me percato de que en algún momento se me ha escurrido el bolígrafo. Dado que a pie de vía he tomado unos apuntes, tengo la certeza de que lo he perdido realizando este primer tramo de la vía ferrata. Con intención de encontrarlo, regreso por la escapatoria echando un vistazo al suelo y por los matorrales, pero no hay rastro de él. Incluso vuelvo a realizar todo lo recorrido por la vía ferrata hasta aquí por si se me ha caído en algún rellano o si desde arriba es visible en el suelo, pero no hay suerte, así que no voy a poder tomar ninguna nota en lo que resta de día. ¡Qué lástima!

 

Con las fuerzas algo mermadas por la repetición, esta vez al sol –la Tierra ha seguido girando a su ritmo, ajena a mis quehaceres e infortunio–, acometo un sencillo descenso seguido de un pequeño flanqueo justo enfrente del Grauet de Cal Curt. Este conduce hasta un largo tramo vertical ascendente que incluye, en su parte más alta, el primer desplomado de la vía; en realidad, a mi modo de ver son dos diferenciados, el segundo de ellos más acentuado: de hecho, es el más atlético y complicado de superar de toda la vía ferrata. Consciente, al mirar arriba, de lo que me espera, hago acopio de fuerzas y, sin perder tiempo, me propongo superar la pared lo más rápido posible de cara a cansarme los brazos lo mínimo posible. Así, con expectación en el cercano sendero –incluso me fotografían–, emprendo con determinación la subida, de unos veinte metros, superando un primer extraplomo y, prácticamente encadenado, un segundo bastante más acentuado, pero nada que ver con otros como, por ejemplo, en el tramo final de las Baumes Corcades de Centelles. Si bien en Cal Curt los desplomados no es que sean muy atléticos, creo que la dificultad de la vía reside en la constancia de su requerimiento físico, nada apto para principiantes con poca experiencia o poca fuerza en los brazos.

 

Nada más salir de la pared, más vale recargar las energías, pues aún no puede decirse que lo difícil ha quedado atrás. Lo malo es que en esta época y a esta hora, el sol aprieta de lo lindo, lo que no invita precisamente, al menos en mi caso, a pararse en plena solana. La dificultad ahora radica en superar una esquina rocosa tras la que aparece una pulida y resbaladiza rampa. Se trata de una inclinada repisa con bastante patio seguida de una pared bastante irregular que incluye, en teoría, el segundo desplome de la vía –según mis cuentas, el tercero–. Como no me gusta utilizar la cinta exprés más que como forma de descansar en caso de urgente necesidad, el cansancio se va acumulando, favorecido también por la repetición del primer tramo de la vía. Aun así, me quito el extraplomo de encima bastante fácilmente y, poco después, dejo atrás la pared para salir a una zona rocosa con vistas. Sobre la blanca roca, una oruga graciosa parece tomar el sol. ¿Qué probabilidad había cuando nació de que algún día nos encontráramos?

 

Un último tramo formado por un puente tibetano de diez metros y una pared con el tercer desplomado –el cuarto, según mis cuentas–  justo en su parte superior me separan del final de la vía ferrata. En esta pasarela sí es posible colocar la cámara, así que me tomo una fotografía cruzándola; es lo que tiene venir solo. Al otro lado, afronto la sencilla pared hasta llegar al paso desplomado, seguramente el más asequible de todos. No obstante, su salida en diagonal y aérea es un hándicap en mi caso pues me dan miedo las alturas. Entre eso, el sol y, sobre todo, la fatiga acumulada y, quizá, no haber dosificado bien las fuerzas, al realizar el cambio de mosquetón e intentar impulsarme hasta la grapa que queda arriba del paso, mi brazo desfallece y es incapaz de auparme, cosa que me obliga a utilizar, ahora sí, la cinta exprés de emergencia y quedarme colgado en posición precaria –por el patio– a la espera de una atisbo de haber recuperado las fuerzas. Sin necesidad de un tercer intento, a la segunda va la vencida y, para mi sorpresa, una vez superado el paso finaliza la vía ferrata; se trata precisamente de su salida. ¡Por qué poco no me la he sacado del tirón!

 

 

 

Acceso a la VF Roques de l´Empalomar desde la VF Cal Curt:

 

Arriba, en lo alto de las paredes de Cal Curt, con vistas a la vía ferrata Roques de l´Empalomar, el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic y el pequeño pueblo de Vallcebre, avanzo por una pequeña cresta hasta el señalizado destrepe, provisto de algunas grapas, que conduce al sendero de regreso que, en apenas un minuto, me deja en el Camí dels Camps del Tabac. A mano derecha, se dirige hasta el Pla de la Barraca, es decir, el aparcamiento, mientras que hacia la izquierda, en unos cinco minutos, acabo llegando hasta el triple cartel indicador de la Canal de Cal Curt. En este, siguiendo recto subiría de nuevo al Coll de la Canalassa; en cambio, tomando a la izquierda, desciendo de nuevo por la Canal de Cal Curt, vuelvo a atravesar El Grauet de Cal Curt –paso equipado con cadenas– con vistas a la pared del primer desplomado –donde me han fotografiado– y en la bifurcación Cal Curt / Roques de l´Empalomar, tomo esta vez hacia esta última, cuyo inicio está a escasos diez metros. ¡A por ella!

 

 

 

Vía ferrata Roques de l´Empalomar:

 

Se trata de la vía ferrata clásica de la zona, ideal para el principiante que busque familiarizarse con las alturas aunque también apta para el más experto. De dificultad K3 (difícil), fue inaugurada en marzo de 2008 y ampliada en 2012 con una prolongación fácil en descenso hacia la Agulla de La Garriga, su aguja vecina, que se alcanza mediante un puente tibetano de catorce metros. En cuanto al tiempo, son aproximadamente unos veinte minutos de aproximación, quince de retorno y entre cincuenta y cinco y setenta y cinco minutos de recorrido. Respecto a las distancias, tiene unos trescientos metros de recorrido y un desnivel de ciento treinta metros. Es, sobre todo, vertical y aérea, pero no atlética como su vecina Cal Curt, ni presenta grandes pasos desplomados, aunque sí un flanqueo ligeramente extraplomado que requiere tener fuerza de brazos.

Hablando de fuerzas: con estas un poco mermadas y algo exhausto físicamente emprendo la vía ferrata. Como sucede en su vecina Cal Curt, hay que buscarse la vida para alcanzar la primera grapa, situada a unos tres metros en diagonal en un terreno rocoso pulido y resbaladizo. Una vez alcanzada, se trata de subir unas pocas grapas, superar un tramo de cadenas sencillo caminando y ganar altura mediante unas decenas de grapas dispuestas en vertical. Como por delante hay un trío que no parece avanzar muy rápido, me lo tomo con calma y aprovecho para escrutar con la mirada el itinerario de la vía ferrata Cal Curt, que intento adivinar en las paredes de enfrente, y tomarle algunas fotografías. A diferencia de este, que hasta la cima, a excepción de los flanqueos, es todo ascensión, en la Cal Curt se sube, se baja y se procede a cambios de pared bastantes veces, supongo que debido a la poca altitud de la mole rocosa sobre la que se asienta. Si no, sería cortísima.

 

Tras el primer tramo de ascenso, aparece un flanqueo bastante largo y aéreo, en un primer momento provisto de un sendero y de tablones de madera y por tanto de muy fácil progresión. Le siguen las típicas grapas, en esta vía ferrata muy abundantes. Diríase que la generosa equipación y el continuo proceder al cambio de mosquetones –cortos segmentos de cable de vida– están pensados para el que afronta por primera vez una vía ferrata; ¡y menuda vía ferrata! Pero quizá con la intención de darle vidilla, en este flanqueo, en su parte casi final, aparece un largo paso carente de grapas que no parece ideal para quien se estrena en este mundo, en especial si no está familiarizado con las alturas o carece de fuerza de brazos: una especie de repisa curvada que se supera ligeramente echado hacia atrás, es decir, con desplome, agarrado del cable de vida adoptando una posición incómoda a causa de que éste está bastante bajo. Sin duda, me parece el paso más complicado y comprometido, con diferencia, de esta poco dificultosa vía ferrata.

 

Superado el flanqueo, se presenta el segundo tramo vertical de la vía ferrata, de más sencillo avance aunque también más aéreo pues la altura cada vez es mayor. Aquí las grapas no siempre están dispuestas en vertical, sino que se traza una ligera diagonal con un débil desplome que propicia la sensación de patio. La verdad es que es una gozada, a pesar de que el cansancio se va acumulando y, lo peor, aún me maldigo por haber perdido el bolígrafo y no poder tomar notas para el presente escrito. ¡Sólo faltaba un puente al estilo de Indinana Jones! Sí, está delante de mí, escondido en medio de la pared. Aunque muy cortito, de 2,7 metros de longitud, le da un toque aventurero y, sobre todo, es práctico: permite acceder a la tercera y última gran subida, la que conduce a la cima de l´Empalomar, también equipada con multitud de grapas. El progreso es seguro y carente de dificultad alguna. El punto culminante, en un primer momento, resta oculto, pero uno intuye que lo bueno no puede durar para siempre; es ley de vida. Superada una cuarentena de grapas se vislumbra, de repente y a escasos metros, la cima, literalmente a un tiro de piedra. ¿Aunque de dónde la sacas?

 

Son las dos y media cuando la alcanzo por segunda vez. Hoy, en cuanto a insectos se refiere, la cosa está tranquila; en 2008 nos tuvimos que marchar apresurados por una invasión de bichos voladores. Han pasado unos cuarenta y cinco minutos desde que la he comenzado: ¡pero menudos tres cuartos de hora!  A vista de pájaro, se observa el inicio del Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, que se aleja hacia las proximidades del Coll de Fumanya a través de la cresta de Conangles. También hay grandes vistas sobre el Berguedà en general. Con éste como telón de fondo, fotografío al trío que me ha precedido, formado por un escalador de Horta –Jordi–, su esposa y su hijo. Ponen especial énfasis en que no les corte los pies, lo que me recuerda a un peruano que, obsesionado al respecto, me pidió fotografiarlos en lo alto del volcán Vesubio, con la ciudad de Pompeya y la Bahía de Nápoles prácticamente a nuestros pies. Por aquello de aprovechar las oportunidades, les pido que me fotografíen a mí también; cuando uno va sólo y quiere conservar algún recuerdo, no está de más aprovechar los contactos humanos, más cuando estos son muy de vez en cuando, como aquí.

 

Sin perder más tiempo –el calor arrecia– me dirijo a la entrada de la continuación de esta vía ferrata, situada a escasos metros de la cima, a mano izquierda conforme se comienza a bajar por el sendero antiguo de retorno, que ahora hace las funciones de escapatoria, la única de toda la vía. Jordi, gentilmente, me ha ofrecido iniciarla por delante de ellos, suponiendo que mi avance es más ligero, aunque de hecho, como siempre en la montaña, no tengo prisa alguna. Charlando con él sobre algunas vías ferratas y el Vignemale, desciendo por la cara oeste, a otras horas de la mañana a la sombra, en busca de un largo flanqueo. Como en toda bajada, demoro al máximo el cambio de mosquetones en vistas a minimizar el recorrido de una hipotética caída, lo que conlleva un cambio de chip respecto a la manera de proceder habitual –cuanto antes, mejor, por lo que pueda suceder y volar menos–.

 

Durante el flanqueo seguimos charlando. Como no presenta ninguna dificultad especial, es posible la conversación distendida, aunque siempre manteniendo la atención al progreso por la vía. El descenso al puente tibetano, en cambio, sí es algo más dificultoso y diría que incluso con un ligero desplome, pero nada del otro mundo. Los catorce metros de la pasarela la convierten en la más larga de las tres vías ferratas de la zona, todas ellas provistas de alguna. Además de por su longitud, también le aporta atractivo el hecho de extenderse entre las copas de los árboles del bosque. Al otro lado espera el único –y cortísimo– ascenso de esta ampliación, equipado con unas pocas grapas: es el acceso a lo alto de la blanca aguja calcárea de La Garriga, con grandes vistas sobre la cresta de Conangles, su continuación natural, sobre la que discurre el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic. Sin dificultad alguna la alcanzo. A continuación, mediante un pequeño descenso, en realidad un destrepe del cordal, finalizo la vía ferrata Roques de l´Empaloma. ¡Ya tengo la tercera en el bolsillo!

Da un palo tremendo, sí: son las tres de la tarde, me queda poca agua y hace bastante calor; las fuerzas, además, flaquean. Pero el ansia de lograr mi objetivo, la integral de la zona, actúa de revulsivo y me incita, incluso empuja, a dejar a un lado, literalmente, las cadenas que conducen al sendero –Camí de l´Oriolà– y al coche. Aquí mismo, al final de la vía ferrata Roques de l´Empalomar, comienza el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, sobre la cresta de Conangles. ¡A por él se ha dicho!

 

 

 

Camino equipado Aeri de l´Àrtic:

 

El Camino Equipado Aeri de l´Àrtic es un recorrido de mil seiscientos metros de longitud, ciento treinta de desnivel y una hora y media de realización, más media de retorno y una dificultad K2 (PD, poco difícil). Se trata, de hecho, de recorrer la cresta de Conangles, que se dirige hacia las proximidades del Coll de Fumanya, bien por el mismo cordal o, en ocasiones, avanzando a su izquierda o por su derecha ante la imposibilidad de superar multitud de cortes verticales. Si bien cuenta con una barandilla y bastantes grapas, no está provisto de ningún cable de vida, lo que conlleva, por un lado, que no requiera un material especial –kit de vía ferrata–, y por otro, que no sea recomendable ni para niños ni para gente poco acostumbrada a la montaña: el patio llega a ser considerable en numerosos puntos y una caída podría resultar fácilmente fatal. Por otro lado, a diferencia de las tres vías ferratas, la escuela de escalada y el barranco, es de acceso gratuito. Según el cartel informativo, su normativa es la siguiente:

 

-Instalación de libre acceso:

-Tramos aéreos. No recomendado a personas con vértigo.

-Los menores de edad deben ir acompañados de un adulto.

-No hacer este recorrido con condiciones meteorológicas adversas.

-Dificultad: grado II.

 

Son las tres de la tarde cuando comienzo el recorrido, en el que no voy a encontrar a nadie, con un contratiempo importante, como he comentado anteriormente: me queda muy poca agua, en concreto seiscientos mililitros para unas dos horas de excursión. Como de costumbre, al ser un recorrido que nunca he hecho, me llena de ilusión afrontarlo por primera algo y ver qué me encuentro. Las condiciones no son las óptimas pero lo último que haría es echar marcha atrás y perdérmelo. A un lado, bosque; al otro, también. ¡Estamos en el Berguedà, tierra de setas! Al frente, la cresta, las dificultades, el camino; sin duda una metáfora de la vida. Atrás, el sendero recorrido. Es de donde venimos, nuestro origen. También marca nuestro destino, pero echar demasiado la vista atrás puede ser motivo de distracción. El Grauet me espera.

 

Se denomina El Grauet a un paso equipado con grapas ubicado en el punto más estratégico de la cresta, el único cruzado por un sendero. A él llego tras un sencillo tramo de cresta con una barandilla –la única–, algunas grapas y, sobre todo, roca desnuda, en concreto blancas calcáreas. Tan sólo son ciento treinta metros de longitud, veinte metros de desnivel y veinte minutos de recorrido, según el panel informativo, por lo que es una interesante opción para el que acabe la vía ferrata Roques de l´Empalomar pero no quiera pegarse el palizón de 1,6km hasta el Coll de Fumanya. Llegado al Grauet, tomando el sendero a mano izquierda, se regresa hasta el collado de La Canalassa y el aparcamiento, mientras que a mano derecha se accede directamente a este último (Pla de la Barranca), eso sí, tomando un desvío señalizado al cabo de poco; en caso contrario, se llega hasta el collado de Fumanya.

 

El Grauet, aun siendo el paso más técnico del recorrido, es extremadamente sencillo de superar. Sin grapas, con su pequeño desplome, sería otra historia. Ahora sí, la cresta se aleja de la civilización –queda bien decirlo–. Sin duda se vuelve agreste, a tramos expuesta, y parece importante no perder las marcas de pintura o estar atento a la presencia de alguna grapa; seguir la intuición se antoja un factor clave. A día de hoy, la equipación es muy escasa. Como soñar es gratis, ahí va una opinión, por si Imparables.cat, Cercle Aventura, el mismo Ayuntamiento u otro se animan. Más bien es un sueño de esos que se tienen despierto: Unir la vía ferrata de Cal Curt con la de Roques de l´Empalomar mediante un puente tibetano, sin duda sería el más largo del país, a la vez que equipar toda esta cresta con cables de vida. Es decir, me imagino un recorrido equipado de más de dos kilómetros, la mayoría del cual ya lo está en la actualidad. Así, uno llega y, si quiere, se calienta en la VF La Canalassa. Si su nivel se lo permite, realiza la VF Cal Curt y, a través de un espectacular puente tibetano, enlaza con la VF Roques de l´Empalomar, donde podrían comenzar los menos expertos. Se realiza la VF íntegra y, al acabarla, se empalma con el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic, pero equipado en su totalidad, dando seguridad en sus pasos expuestos y apto para todos los públicos. Ahí queda eso.

 

Un paso que llama la atención: es una bajada encajonada a través de una brecha con grapas a ambos lados de la pared. En realidad, se trata del abandono temporal de la cresta, que se rodea por la derecha junto a sus altas y verticales paredes de precario aspecto, las llamadas Agulles de l´Àrtic. Un desprendimiento reciente me da un toque de atención, avisándome del peligro real, lo que me incita a acelerar el ritmo. La salida de esta ratonera –en el sentido de trampa– es a través de una subida escalonada por terreno rocoso equipada con algunas grapas. Dejada atrás, solo resta coronar la parte más alta de la cresta y, poco después, decidirse ante un poste indicativo por una de ambas opciones: o bien desviarse opcionalmente al Coll de Fumanya, a 900m, o bien regresar al aparcamiento (Pla de la Barraca), a 3,7km, pasando por la Baga del Taió o por El Grauet (1,4km); otra opción sería regresar, en 1,7km, a El Grauet por el Camí de Conangle. Aun tentado con regresar al coche –apenas me queda agua–, hago un último esfuerzo antes de emprender el regreso, y más siguiendo mi instinto que gracias a la señalización, a mi modo de ver confusa, alcanzo el yacimiento paleontológico del Coll de Fumanya.

 

 

 

Coll de Fumanya:

 

En el Coll de Fumanya, en el Alt Berguedà, se halla un yacimiento con multitud de huellas –icnitas– de un gran dinosaurio que habitó el lugar hace 65 millones de años, en el Cretácico Superior, el Titanosaurus, de hasta doce metros de longitud y trece toneladas de masa. Descubierto en la India en el siglo XIX, se dice que estaba provisto de placas óseas en la piel y que tenía el cuello largo, los dientes con forma de lápiz y una cola y unas patas delanteras con las que se defendía de sus depredadores. Y hablando de patas: cuando caminaba, movía las dos patas de un lado y luego las del otro, y así sucesivamente, según se ha deducido del estudio de las huellas que tengo delante, lo que no le confería  una gran velocidad punta precisamente; para ser exactos, se estima que no podía superar los 2,5-3,7 km/h, es decir, que cualquier persona, caminando, lo podría adelantar. ¡Ahora entiendo lo importante que era para ellos saber defenderse! Cuando se mira a la pared, se ven dos tipos de huellas, por parejas: pequeñas y grandes; esto es debido a que los pies de delante les medían unos ocho centímetros, en cambio los de atrás algo más del doble, diecisiete.

 

En cuanto al lugar, se trata de una antigua explotación minera a cielo abierto, en concreto de extracción de carbón. El yacimiento paleontológico, en su conjunto, supera los 38.000 metros cuadrados de extensión, aunque la sección que tengo delante, de nombre Fumanya Sud, tan solo es una parte. En total, incluye más de tres mil quinientas pisadas, además de fósiles –incluido de invertebrados–, huesos y huevos de dinosaurio, algunos troncos de árboles y hojas de diferentes tipos. De hecho, es uno de los más importantes a nivel europeo de restos del Cretácico Superior. Por lo visto, esta zona, por entonces, era fluvial, estaba provista de lagunas y gozaba de un clima tropical. Al haber fango y ser algo pantanosa, en el lugar se acumularon muchos restos vegetales que con el tiempo dieron lugar a los depósitos de lignito, el tipo de carbón que se ha explotado a cielo abierto durante el siglo XX.

 

Respecto a su historia, el descubrimiento del yacimiento, precisamente aquí, en Fumanya Sud, lo realizó el 31 de marzo de 1985 Lluís Viladrich junto a su esposa. Los agujeros redondeados les llamaron la atención y, intuyendo que se trataba de pisadas de animales, se pusieron en contacto con el Instituto Paleontológico Miquel Crusafont, sito en Sabadell. En octubre, cuando los especialistas pudieron acudir al lugar, confirmaron que se trataba de huellas de dinosaurio. Tras un interés inicial, parece que el yacimiento fue dejado de la mano de Dios durante los siguientes dieciocho años, lo que deterioró en gran manera los restos y hasta borró el de una tortuga marina, ya desaparecido. De hecho, hoy en día aún siguen a la intemperie, desfigurándose un poco más con cada lluvia, con cada nevada, con cada helada. A día de hoy, la propuesta para ser declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, presentada en 2002, sigue en estudio. Lo que sí es el yacimiento, desde 2005, es un Bien Cultural de Interés Nacional, e incluso parece que está en marcha un centro de interpretación. Al menos el edificio está construido y hay hasta una gran escultura metálica de un dinosaurio junto al que los visitantes pueden retratarse.

 

 

 

Regreso:

 

Una vez visitadas las paredes con huellas de dinosaurios del Coll de Fumanya emprendo el regreso por la carretera. No obstante, a los pocos metros aparece una pista a mano derecha en la que veo un poste indicador y me dirijo hacia él: 1,4 km a El Grauet y 2,8km al Pla de la Barraca pasando por la Baga del Taió. Así pues, descarto la idea de descender por la carretera, por la que tampoco pasa ningún coche, y opto por seguir las marcas amarillas de este sendero, en ocasiones por bonitos prados y, en su mayoría, por el interior de un sombrío bosque cuya frescura se agradece.

 

A doscientos metros de El Grauet, aparece el desvío directo al Pla de la Barraca, sin necesidad de cruzar el Camino Equipado Aeri de l´Àrtic para dirigirse al Coll de La Canalassa, a ochocientos metros de distancia. Aunque alguna reseña remarca que el camino está impracticable a causa de la vegetación, en realidad no es así y actualmente se encuentra bien desbrozado. Es un kilómetro y medio también por el interior del pinar, coincidiendo los últimos trescientos metros con el Camí dels Camps del Tabac.

 

Menuda alegría, nada más ver el coche seis horas y cuarto después, a las cinco en punto de la tarde. En un visto y no visto, he dejado el equipo en el maletero y estoy en el río –Torrent del Forat Negre– refrescándome casi al completo. ¡Menudo calor he pasado! Esto sí que es vida… Procedo a cambiarme los calcetines y el calzado tras el lavado de pies: se me han quedado como nuevos. Reconfortado y menos acalorado, emprendo el viaje de retorno a casa. Antes, Jordi, el escalador de Horta que he conocido en Roques de l´Empalomar, me felicita por haber logrado mi objetivo. ¡Qué feliz soy!

 

 

 

Posibles combinaciones:

 

Dado que la ferrata de Roques de l´Empalomar no es precisamente larga, si no se realizan las otras vías ferratas o el camino equipado, ni se practica escalada o descenso de barrancos, algunas ideas para acabar de aprovechar el día pueden ser una ascensión a la Gallina Pelada, punto culminante de la Serra d´Ensija, una excursión por el Cadí o incluso, por qué no, subir al Pedraforca. Tan sólo son algunas ideas, pues por la zona hay mucho que hacer. Además, hay varias opciones para pasar la noche y aprovechar una estancia de dos días o más, como casas rurales y campings. También son posibles visitas culturales: el Museo de las Minas de Cercs, el trenecillo minero de Coll Pradell, las ermitas románicas de la zona… Además, a escasos cincuenta metros del aparcamiento, en las proximidades del restaurante Cal Borni, se halla el Mirador de Vallcebre, al que se accede cruzando dos túneles de unos veinte metros, por donde se trasportaba parte del carbón extraído en la zona. ¡A disfrutar!

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito


4 Comentarios
Enviado por Francesc (imparables) el Tuesday 8 de July de 2014

Moltes felicitats, DavidHas fet un excelent treball de documentació de les instal.lacions de Vallcebre. Gracies,
Enviado por Iban el Saturday 12 de July de 2014

Moltes gràcies company per les ressenyes. ens aniran molt b, salut!
Enviado por Pedro el Saturday 20 de September de 2014

David, verdaderamente completo, interesante e invita a ir a la zona. Hemos realizado la ferrata original un par de veces pero hay que volver a disfrutar de lo demas.

Gracias
Enviado por Jorge el Friday 1 de July de 2016

Me he puesto a curiosear los comentarios de la vía ferrata Cal Curt y, mira por dónde, he leído el comentario de un tal David... Vaya, me he dicho a mí mismo, será David Mira? He pinchado el enlace y... Sorpresa! Muy buen artículo, David!


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