ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
miércoles 9 de marzo de 2016, 23:53:19

Tipo de Entrada: RELATO | 4 Comentarios | 1054 visitas

En compañía de Jorge, remonto la Canal del Pou de Glaç, más conocida desde su equipación en 1997 como Canal del Mejillón debido a los residuos aún presentes de las paellas que servía un restaurante cercano. ¡Menuda K6 en Montserrat! El Moro, en cambio, se queda en el tintero a causa del fuerte viento. ¡Otra vez será!

 

Mira nuestro vídeo de la excursión en Youtube: https://youtu.be/hAlIcsLdcDw 

 

Tras coincidir con Jorge por primera vez en las Baumes Corcades de Centelles dos semanas atrás, quedamos para hoy a las nueve y media con el objetivo de subir al Moro y, si se deja, remontar la Canal del Mejillón, clasificada por deandar.com como de máxima dificultad, K6. Dos minutos después de tomar el desvío a Santa Cecilia desde la carretera general (C-55), Jorge me hace la llamada perdida acordada para saber si he de subir más tranquilo o rápido por las curvas. Dado que viene casi detrás de mí –¡qué casualidad!–, me detengo en el primer aparcamiento que encuentro con la intención de proseguir juntos en un solo coche y contaminar menos, pero ante mi sorpresa pasa de largo sin percatarse de mi presencia –tampoco sé que es él hasta que lo reconozco por sus gafas de sol al rebasarme–. Apresurado, con mi nuevo Dacia Sandero –apenas tiene mil kilómetros desde diciembre– le doy alcance, en parte gracias a la furgoneta que le precede, que prácticamente se detiene en las curvas cerradas. Incluso le adelanto mientras me maldice sin llegar a reconocerme hasta que le saludo sacando el brazo por la ventanilla. ¡Eso es concentración al volante y lo demás son tonterías!

 

El aparcamiento de Santa Cecilia está a tope; se hace extraño no encontrar donde estacionar el vehículo en Montserrat, como si de una gran urbe se tratara. Salimos de nuevo a la carretera y unos cien metros más adelante, en un descampado con algunos coches, dejamos los nuestros al pie de la Canal de Sant Jeroni, por la que accederemos hasta el inicio de la vía ferrata Teresina y de la Canal del Mejillón. Para ello, tras subir unas escaleras, tomamos el sendero de la izquierda, que se dirige al Monasterio de Montserrat, y pronto lo abandonamos para adentrarnos en la canal. Aún sin equiparnos, remontamos algunos tramos sencillos con la ayuda de cadenas, alternándonos mi primera videocámara que justo estreno hoy, recién comprada en Amazon para grabarme algunos vídeos y colgarlos en mi blog www.felizexito.com Si bien la idea previa es realizar un montaje con música de fondo, nuestros comentarios resultan ser bastante espontáneos y cambio de planes: es el vídeo que me hubiera gustado ver antes de ir, con las dificultades, nuestras impresiones, cómo nos vamos cansando y nos felicitamos ante cada nuevo obstáculo superado, y quizá le pueda ser de ayuda a alguien para hacerse una idea antes de afrontarla.

 

Por un terreno descompuesto, diríase que de aspecto lunar, alcanzamos al grupo que nos precede pero no les adelantamos pues no tenemos prisa. Unas grandes rocas bloquean el centro de la canal y es preciso rodearlas por su izquierda en una especie de flanqueo junto a un cable pasamanos que sirve de ayuda. Si bien el terreno es fácil, hay que avanzar con cuidado al no ir asegurados. Alguna grapa y más cadenas siguen siendo nuestro precalentamiento, una buena manera de llegar en forma al inicio de la canal, situado a apenas diez metros pasado el inicio de la conocida y concurrida vía ferrata Teresina. Me llama la atención una plafón informativo que han colocado, la última vez no estaba: ATENCIÓN: La Teresina es una vía ferrata de alta dificultad, con compromiso, exposición y exigente físicamente. Es necesario seguir unas recomendaciones con la finalidad de minimizar el riesgo. En la canal que pretendemos acometer, en cambio, tan solo hay un sencillo rótulo que data de 1997, año en que Joaquín Olmo la equipó. En las tres horas que vamos a emplear para remontarla, no vamos a coincidir con nadie: toda para nosotros solitos, ¡qué gozada!

 

El primer tramo es completamente vertical, tiene unos veinte o treinta metros de altura y tardamos en superarlo cerca de una hora. Es una locura. La canal está muy encajonada, lo que facilita que empotres la espalda contra la otra pared. Así es como reviento una de las dos latas de naranjada que porto en la mochila: suerte que la videocámara la he colocado justo encima de todo para tenerla accesible. La roca está muy pulida, prácticamente se trata de subir a pulso. Con los dos mosquetones del kit de vía ferrata pasados por la cadena, puedo descansar al cambiar de cadena y así lo hago. Me estoy dejando la vida y apenas he ganado unos cinco metros de altura. A la desesperada, intento llegar a una zona de tierra en el recoveco de la canal, para ver qué le ha pasado a la mochila y solucionar el estropicio. Cámara en mano, filmo a Jorge remontando las primeras cadenas que tanto me ha costado superar. Su soltura es superior: se nota que es asiduo al gimnasio. Aun así se las ve para ganar altura. Algunos curiosos se acercan antes de iniciar la vía ferrata Teresina; incluso uno bromea con sus compañeros: chicos, esta es la siguiente. Sobre nuestras cabezas vemos como las cadenas prosiguen a través de un agujero. ¡Qué locura!

 

Antes de afrontarlo cogemos aire y recobramos parte de las fuerzas perdidas. Hago un primer intento a pelo, quiero decir, asegurado al cable de vida –la cadena– con los dos mosquetones pero sin ayuda de ningún tipo, pero me es imposible colarme por ese agujero a base de fuerza de brazos con el cuerpo y los pies colgando en el vacío. Al desfallecer me queda el brazo en una mala postura entre la roca y la cadena y le pido a Jorge que me sujete y me libero de la precaria posición en que me he visto suspendido; lo paso realmente mal pues me dan miedo las alturas y me he visto a punto de caer a no sé dónde pues una vez colocas la cabeza y los brazos dentro del agujero, no ves nada debajo de ti, pero sabes que está el vacío hasta el inicio de la canal. Jorge saca de su mochila un cordino unido a un mosquetón y lo ancla en un eslabón de la cadena. Además, mediante un nudo, logra construir una especie de escalón gracias al cual, una vez consigue, no sin dificultad, introducir la bota en él, se encara en el agujero y, sin mochila –con ella sería imposible, pues su espalda ya le toca la roca en el agujero–, a base de fuerza de brazos, lanzando gritos cual jugador de tenis y también gracias a que tiro de su bota para arriba con mis dos manos, consigue pasar al otro lado del agujero, uno de los dos pasos más complicados de esta vía ferrata que hacen que sea una K6. Estoy muerto, confiesa ante la cámara.

 

Con Jorge al otro lado del agujero la cosa cambia: si él ha podido, ¡yo también! Una vez retomado el aire suficiente, le paso su mochila y a continuación la mía. Coloco el pie sobre el escalón improvisado con el cordino, me encaro al agujero y, gracias a que me coge de la mano –peso poco– acabo por superar yo también el maldito agujero. ¡Qué alivio, por Dios! Llevamos como una hora, estamos rendidos  y no hemos superado más que los primeros veinte o treinta metros. El mosquetón es irrecuperable, sea quedado empotrado en el eslabón. Al menos sí recuperamos el cordino. Estamos sobre la roca empotrada en la canal que da lugar al agujero. Una cadena que parece terminar demasiado pronto nos separa de un tramo sencillo de la canal por el que se puede progresar caminando. Tanto yo como Jorge, quizá por impotencia, nos acabamos tirando al suelo, tumbados, para acabar de superar el pequeño resalte de la citada cadena, esto es, para pasar de la roca empotrada a la propia canal. Es nuestra salida agónica del primer tramo, también reflejada en nuestra primera grabación. A partir de aquí la cosa mejora y comenzamos a progresar en su mayor parte a pie, encadenando multitud de cadenas para superar resaltes, uno tras otro, lo que va mermando nuestras fuerzas a pesar de que la dificultad real no sea tan elevada.

 

Enfrente tenemos vistas al puente de roca de la Teresina, con tres ferrateros superándolo, así como el mundo exterior, me refiero a lo situado más allá de las paredes que forman la vertiente norte de Montserrat: Santa Cecilia, Manresa, Rasos de Peguera y Pirineos nevados… El día es ventoso, aunque aquí dentro estamos resguardados; frío, pero ideal para realizar esta actividad: si fuera verano estaríamos asfixiados. Y el cielo está no completamente azul –alguna nube blanca lo surca veloz– pero casi. Por un lado nos estamos dejando la piel, pero por otro es una gozada a nivel de satisfacción personal. ¡Menudo reto tenemos por delante! No sabemos muy bien que nos vamos a ir encontrando, pues Jorge no ha estado nunca y yo, en una ocasión, la descendí rapelando con Julio pero no lo recuerdo mucho y, además, se nos hizo de noche, así que por aquí bajamos a oscuras, lo que propició que me quedara sin cámara de fotos al romperse tras años de leal servicio. Hoy, en cambio, he comenzado a usar mi nueva videocámara: el ciclo continúa.

 

Aquí hay que tener brazos de Hulk y huevos de avestruz, grito. No es de cosecha propia, es algo que se dice de la canal, pero lo suscribo al cien por cien. Una vez metido en el meollo, y sobre todo tras el sufrimiento del primer tramo, es una cuestión de orgullo propio acabar de remontarla a base de fuerza, ímpetu y agallas. Cadena tras cadena, con el descanso preceptivo entre una y otra para recobrar fuerzas y dejar de tener la mano dolorida, nos acercamos y nos acabamos plantando en el famoso tramo desplomado equipado con varias cadenas consecutivas en diagonal. Nada más verlo, me dirijo a mano derecha a ver si la gran roca que lo propicia puede ser rodeada por el lado opuesto dado que hay una especie de sendero expuesto que a algún lado tiene que ir. Así es, de manera que ya ni lo intento y grabo la salida del tramo desde arriba. Jorge sí quiere probar de superarlo pero me consta que nada más comenzarlo lo ve inviable, al menos hoy, y como no tenemos ningún estribo acaba por rodear también la gran roca y por tanto dejando este difícil paso, como una espina clavada, para una próxima ocasión. No me equivoco mucho si afirmo que, a día de hoy, está obsesionado con volverlo a intentar y lograrlo. Tendrás que entrenarte en el gimnasio un mes expresamente solo para superar estos ocho metros de cadenas, le espeto.

 

Llevamos ya varias horas progresando canal arriba, se hace durísimo. La dificultad ha descendido en picado pero no así el cansancio, que va en aumento, y dificultades menores cada vez nos cuestan más. ¿De dónde demonios ha salido tanta cadena? Cada nueva pared, cada resalte que superamos, es una victoria más y como tal la celebramos. Jorge, en su interior, se lamenta por habérsele quedado en el tintero el tramo desplomado, pero algo hay que dejar para próximas ocasiones –o eso suele decirse a modo de excusa–. A mí personalmente no me importa haberlo esquivado. Diríase que el hermano menor del primer tramo se nos planta delante: un nuevo agujero que atravesar. Pero este es sencillo, bonito y agradable de superar, además de fotogénico –¿o debería decir “videogénico”? –. Le comento a Jorge que es expuesto pero fácil y me responde eso luego ya te lo digo yo. De esta canal ya no se fía. Progresar por ella es como la vida misma: no sabes qué vendrá, qué dificultades te esperan y cuando se presentan, las superas como puedes. No es hasta que vemos las cuerdas que somos conscientes de que lo duro ya ha pasado. El terreno es resbaladizo, de tierra húmeda, con restos de mejillones y de platos por aquí y por allá. Un último esfuerzo. La respiración nos delata: estamos hechos polvo: llevamos tres horas intentando desquitarnos de esta canal, más media de aproximación. Y al fin, oh milagro, Montserrat en todo su esplendor nos recibe: el Moro, la Gorra Frigia, la Albarda Castellana… incluso Barcelona, Collserola, el Montseny nevado y el mar. ¡Reto superado!

 

Dejar atrás la Canal del Mejillón, en la que no nos hemos topado con nadie durante las tres horas, para adentrarnos en los últimos doscientos metros de la masificada ruta normal a la Miranda de Sant Jeroni, el punto culminante de Montserrat, es un choque brutal a nivel mental. Incluso nos hemos de esperar a que nos llegue el turno para seguir subiendo pues hay una procesión de gente bajando por las estrechas escaleras: japoneses, minusválidos que les han subido a pulso en una silla especial–eso sí que tiene mérito–, gente sin mochila y sin una mísera botella de agua, es decir, lo típico de la ruta que parte del monasterio. Una vez alcanzado el mirador de la cumbre, concluyo el vídeo grabando la canal desde arriba y el paisaje. Resguardados del fuerte viento –hoy hay una alerta activada precisamente por fuerte viento–, nos intercambiamos alimentos: galletas, chocolate, zumo, plátanos, pelotazos –de Matutano–; es fácil adivinar qué aporto yo y qué él. Dado que no tenemos mucho tiempo –lo acordado es una matinal de diez a tres–, nada más recobrar las fuerzas y nutrirnos, tiramos para la ermita de Sant Jeroni y nos plantamos en el helipuerto, a los pies del Moro.

 

El Moro es una montaña guapísima, una especie de castillo inexpugnable en el que te tienes que jugar literalmente el tipo para coronarlo. Le enseño a Jorge las dos vías por las que puede ser abordado pero es imposible intentarlo con las fuertes ráfagas de viento, que incluso nos desequilibran estando de pie. Se trata de una trepada delicada y expuesta, tanto desde el helipuerto como por su ruta normal, que va a buscar una grieta equipada con una cuerda. No obstante, le consuelo con que yo acumulé cuatro intentos fallidos hasta conquistarlo a la quinta, así que él quizá la próxima vez pueda lograrlo y aun así aventajarme por tres. Si nos conocemos es precisamente gracias a esta montaña, en concreto al relato de escribí y publiqué en MadTeam de aquella excursión y gracias al cual Jorge me contactó hace unas semanas. Tras la renuncia al Moro, le llevo a ver la paret de l´Aeri, junto a las grandes antenas de telecomunicaciones. Es un mirador envuelto en soledad con una caída brutal de centenares de metros tras la barandilla. Todavía es visible la maquinaria del funicular que antaño subía y que dio lugar al restaurante que, a su vez, propició el rebautizo de la Canal del Pou de Glaç con el nombre del residuo que desde entonces acumula, algo que si se piensa con detenimiento resulta poco ejemplarizante.

 

El regreso al coche transcurre sin contratiempos. Así, descendemos desde las antenas, pasando por un antiguo cartel metálico que indica Sant Jeroni: ermita, restaurant, bar, mirador, hasta el inicio de la Canal de Sant Jeroni, que descendemos con precaución pues en ocasiones el terreno es resbaladizo. Tenemos la suerte de tampoco coincidir con nadie en todo el descenso hasta el coche. Una tabla de madera que se baja, cual escalera, con la ayuda extra de una cuerda anudada, es lo más llamativo de la primera mitad. La segunda, en cambio, es simplemente deshacer lo recorrido durante la aproximación a la Canal del Mejillón, algo que siempre resulta menos gratificante. No veas lo que nos ha cundido la mañana. El otro día en Centelles también. Y sí, parece mentira que en tan solo cinco horas hayamos vivido tantas cosas y tan intensamente. Luego pasas las mismas horas una tarde en el sofá y ni te enteras. Bueno, el mes que viene más. En abril toca la Canal dels Micos y la Miranda del Ecos, le comento. Pero Jorge va más allá, quiere ir a por la otra K6 de Montserrat: ¿Qué te parece, mejor, remontar el Joc de l´Oca? Ahí lo dejo. Es humanamente imposible no sucumbir ante tal proposición: Juego de la Oca, Parchís, Ajedrez, Juegos Reunidos o como quieras que te hagas llamar: prepárate, que vamos para allá; en un mes vamos a por ti. ¡Queremos –y necesitamos– seguir sintiéndonos vivos!

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito


4 Comentarios
Enviado por Jorge el jueves 10 de marzo de 2016

“Me lo he pasado en grande reviviendo nuestras peripecias gracias a esta magnífica crónica. Enhorabuena, David!”
Enviado por Jorge el jueves 10 de marzo de 2016

“Me lo he pasado en grande reviviendo nuestras peripecias gracias a esta magnífica crónica. Enhorabuena, David!”
Enviado por Zodiaco el jueves 10 de marzo de 2016

“Gracias Jorge. El mes que viene a por la tercera del año :-)”
Enviado por Marcel el domingo 3 de abril de 2016

“Hola Soy Marcel, Nos conocimos en la página de deandar.com sobre la ferrata del Mejillón.Con mucho gusto os acompañaré en alguna de vuestras incursiones ferrateras, ya sea un dia de estos en la del Joc de l´Oca o la del Mejillón que ya sabes es más dificil y exigente.Ahora mismo, lo tengo un poco chungo debido a una lesión en un dedo. Nada grave, pero no me deja hacer mucha fuerza.Tengo que esperar un poco.Supongo que eres David.Te dejo mi whatsapp, siempre podemos quedar.Marcel 627994285Un saludo.”


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