ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
domingo 8 de mayo de 2016, 14:34:02

Tipo de Entrada: RELATO | 3453 visitas

A las diez de la mañana partimos de Can Jorba hacia la Canal del Migdia, una canal equipada conocida como Joc de l´Oca. En 1h45min la remontamos hasta su último resalte equipado y acto seguido emprendemos el descenso, si cabe aún más difícil, llegando al coche a las dos, al menos en mi caso con las manos algo doloridas, pero satisfechos de haber metido otra K6 en el saco.

 

Pasan unos minutos de las diez cuando llego al aparcamiento de Can Jorba, una masía abandonada situada en la vertiente sud de Montserrat. El acceso ha sido un poco precario desde el pueblo de Collbató a través de una pista forestal que pasa por un conocido restaurante, de nombre la Vinya Nova. Hay un acceso más directo y mejor desde la autovía A2 que, siguiendo a Marcel, tomaré de vuelta sin tener que pasar ni por Collbató ni por el restaurante, sino por una urbanización de El Bruc. Mis compañeros de excursión, Marcel y Jorge, charlan en el interior del Xsara del primero, que ha recogido al segundo de camino mientras venía a pie a Can Jorba desde el Bruc, quizá para ir calentando ante la K6 que nos aguarda.

 

La aproximación a la Canal del Migdia, conocida desde su equipación como Joc de l´Oca, es corta y agradable, pasándose junto al pie de numerosas y –a la vuelta– concurridas vías de escalada. Un cartel con los emblemas de la Generalitat, los Bomberos, el Parque Natural y la FEEC avisa: Atención: este recorrido NO es una vía ferrata y no dispone de los elementos indispensables para el autoseguro. Se trata de un itinerario de compromiso, exposición y muy exigente físicamente. También recuerda el uso obligatorio del casco, el riesgo de caída de piedras, el tener la experiencia necesaria y no iniciarlo ante la posibilidad de fuertes lluvias. Hoy el tiempo está nublado pero no hay pronosticada lluvia. ¡A por ella se ha dicho!

 

La primera pared, de unos diez metros, ha de subirse a pulso con la ayuda de una cuerda anudada, menudo filtro de acceso. Si uno no puede con ella, no tiene más remedio que optar por aventuras de menor dificultad. Al estar aún frescos, no nos cuesta mucho superarla. Acto seguido dos cuerdas permiten seguir subiendo, pero la de la izquierda, que tomo, va a parar a un recoveco que requiere pasar por un estrecho agujero para poder seguir subiendo. Lo intento pero no me es posible, así que regreso y subo fácilmente por la cuerda de la derecha, que es la que toman directamente mis compañeros. De esta manera accedemos a un arbolito que nos deja en un descansillo de la canal.

 

En un nuevo resalte tenemos un problema: alguien ha dejado la cuerda arriba y no llegamos hasta ella, sin la cual es imposible seguir progresando. Con una rama Marcel la pesca; si estuviésemos en Port Aventura le haríamos entrega del premio gigante, un gran osito de peluche. Pero aquí no hay escenarios de cartón piedra, la vida se presenta tal cual es, y para conservarla debemos andarnos con ojo. La roca está bastante pulida, pero se sube bien con la cuerda y, además, en una franja de color rojo hay una gran fisura donde colocar el pie. Sin duda dará más guerra durante el destrepe.

 

Marcel ha tomado la delantera y nos va tomando algunas fotos desde arriba. Jorge, detrás, también me inmortaliza de vez en cuando. Una nueva cuerda anudada nos permite salir de un encaje de la canal, sin la equipación sería imposible remontarla. Una vez superada, tomamos aire: ¡hay que ver la exigencia que tiene, es un no parar! La Canal del Mejillón, que remontamos hace dos semanas, tiene dos pasos más complicados, pero esta requiere un esfuerzo más sostenido a no ser que te vayas parando constantemente.

 

Delante de nosotros se presenta un paso fotogénico con tres grandes rocas empotradas en la canal. Uno debe ingeniárselas para enfilarse en lo alto de la primera, en mi caso con la ayuda de Jorge. Una vez arriba, se abren dos posibilidades: remontar a pulso una cuerda anudada a través de un agujero, que viene a ser una especie de chimenea, o flanquedar esta segunda roca a través de unas barras metálicas para los pies y unas cadenas para agarrarse, lo que permite introducir la cinta exprés o los mosquetones del kit de vía ferrata en las cadenas y por tanto ir asegurado. Yo opto por esto segundo, al igual que Jorge, mientras que Marcel y un italiano que nos acaba de adelantar, optan por la chimenea.

 

Una vez arriba nos reagrupamos. Hemos logrado otro pequeño éxito pero quedan muchos más. El siguiente reto es remontar una pared hasta lo alto de una roca a través de una cuerda anudada o una cadena, a elegir, están una al lado de la otra. Yo opto por la primera, que permite un mejor agarre gracias al nudo y lastima menos la mano. Luego hay que abrirse paso como se pueda por un paso muy encajonado no equipado y se accede a una cuerda situada en un sitio casi claustrofóbico en el que es mejor apartarla hacia el exterior para poder maniobrar. A Marcel le cuesta –como en ocasiones anteriores– y le comento lo de apartar la cuerda y le parece una buena idea. De esta manera Jorge y yo lo superamos más fácilmente y nos plantamos ante el paso más difícil de la canal, el penúltimo, en el que hay un señor bloqueado.

 

Está equipado con una cadena y una cuerda anudada y su comienzo es volado, esto es, se echa a faltar la pared. Puedes ir a buscarla más allá, lo que vendría a ser una especie de pequeño desplome que te deja sin fuerzas, que ya a estas alturas están algo mermadas. Marcel lo sube como si nada: hace que parezca fácil. Luego lo intento yo con la ayuda de Jorge, en cuyas manos coloco mi pie y me impulso hasta la cadena, donde me aseguro y descanso colgado. Colocando el pie en la doble cuerda anudada a modo de escalera y con sucesivos pequeños pasos, acabo por superar el paso. Si yo he podido tú también, animo al hombre que hay bloqueado con su compañero arriba esperándole. Y sí, esta vez se saca el paso de encima. ¡Qué descanso!

 

A Jorge, como a Marcel, también lo grabo en plena faena. Parece que estén hechos de otra pasta, nadie diría que se enfrentan al paso más complicado de una K6. Sin duda me superan ampliamente en fuerza y aptitud, aunque consigo, tanto en esta como en el Mejillón, acabar la faena junto a ellos. Una última y sencilla cuerda nos deja en lo alto del Joc de l´Oca, el tramo equipado de la Canal del Migdia, en concreto en la parte inferior de esta. Si seguimos canal arriba, no equipada, podemos tomar un sendero de regreso y, si hubiésemos cargado con una cuerda de 60 o 70 metros, podríamos rapelar la canal vecina, de nombre Canal Roja, conocida como las Tres en Raya. Pero tenemos hambre de aventura y no contentos con su remonte, ahora la acometeremos de bajada, algo que me va a costar más, no sé si por aspectos técnicos –dificultad para ver las presas para los pies, etc–, mi respeto a las alturas –yendo hacia arriba no ves el patio– o el cansancio acumulado. Para reponer fuerzas, nos comemos primero unos cacahuetes y unas almendras antes de emprender el regreso.

 

Tras descender la primera cuerda, nos plantamos ante el difícil paso de la doble cuerda anudada y la cadena. Asegurándome, voy descendiendo poco a poco. Cuando ya queda poco de cadena, en vez de meter el mosquetón en un eslabón, lo paso por la cadena. En posición precaria me fallan las manos y pierdo el equilibrio y la cuerda y mis compañeros vienen a cogerme pensando que no estoy asegurado, pero sí lo estoy. Gracias a ello me he quedado colgado de la cadena y mi cinta exprés en vez de lastimarme. Tras el susto, acabo de bajar y toco suelo. ¡Qué liberación!

 

Sustos así hacen que uno pierda la confianza y coja miedo. Pero bueno, prosigo descendiendo la canal a mi ritmo, paso a paso y asegurándome con los mosquetones en las pocas cadenas que hay y en los nudos de las múltiples cuerdas dobles anudadas, lo que hace la progresión más cansada y engorrosa pero puede salvarme de nuevo de una caída, que por suerte no se repetirá. Jorge y Marcel van siempre más ligeros. Son muy fuertes y su estado de forma es excepcional, más aun teniendo en cuenta que superan la cincuentena, me sacan casi veinte años. Parafraseando a Jorge y el título de su novela, están asquerosamente sanos.

 

En el tramo de la chimenea y las barras metálicas para los pies, ellos descienden por la primera mientras que yo, desde la roca que separa ambas cadenas con sus sendas barras, les tomo algunas fotografías. En el pulido paso en el que de subida Marcel ha tenido que pescar la cuerda, no me decido hasta que este, desde abajo, me señala una franja rojiza en la que se puede poner bien el pie. Al ser una cuerda simple no puedo asegurarme con mi cinta exprés. Y como colofón, la pared inicial, ahora final, de unos diez metros verticales. Marcel, desde abajo, nos fotografía. Yo ya tengo varios dedos doloridos que me he pillado con una cuerda doble al usarla de escalera y apoyar mi peso sobre uno de sus nudos, lo que ha juntado ambas cuerdas y me ha atrapado la mano.

 

Toco suelo. ¡Estoy a salvo! Ha sido peor bajarla que subirla. Menudas cuatro horas: de disfrute pero también de suplicio. De riesgo y de sentirse vivo. De compañerismo, de buscarse la vida y de abrirse paso ante las dificultades y los obstáculos del camino –bueno, de la canal–. Cada pequeño éxito, una alegría. Cada mala elección, un lamento. Cosas buenas y malas pero con un final feliz: el haber cumplido con nuestro objetivo. De camino al coche, Jorge y Marcel van charlando sobre sus próximos retos: la Feliz Navidad, el techo del Resistent, etc. Yo me conformo con cosas más sencillas, con salir de vez en cuando a la montaña. Para seguir su estela debería ser un máquina, un pequeño Increíble Hulk. Es mejor que cada cual juegue su papel. De momento con estas dos K6 ya me doy por satisfecho en el tema de las canales equipadas o ferratas de alta dificultad, aunque nos queda pendiente una visita por Àger. ¡Tiempo al tiempo!

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito




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