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 Zodiaco Zodiaco
domingo 8 de mayo de 2016, 14:07:12

Tipo de Entrada: RELATO | 2882 visitas

En compañía de Jorge, de Marcel y de su mujer Magda, a quienes conocemos hoy, remonto la Canal del Pou de Glaç, conocida como Canal del Mejillón, muy cercana a la vía ferrata Teresina y acto seguido, ascendemos a lo alto del Moro o Montcau (1206m), una bonita montaña situada junto al helipuerto, antes de regresar a través de la Canal de Sant Jeroni, en total unas cinco horas de entretenida matinal montserratina.

 

A las ocho y media de la mañana me presento, puntual, en el aparcamiento de Santa Cecilia, a los pies de las imponentes paredes de la vertiente norte de Montserrat. El primero al que veo es Jorge, con quien ya hice esta canal equipada el mes pasado, pero se le quedó la espinita clavada de no haber podido superar el paso más difícil, formado por cortas cadenas en terreno ligeramente desplomado que tuvimos que rodear. Pronto reconoce a Marcel, un señor alto, fuerte y acompañado de Magda, su mujer. Sin dejar nada a la vista dentro del coche –no hay que tentar al diablo– nos encaramos hacia la Canal de Sant Jeroni, que remontamos a un alto ritmo, adelantando a grupos de ferrateros que se dirigen a La Teresina. Junto al pie de esta vía tiene lugar el inicio de la Canal del Mejillón, cuyo primer paso equipado, muy encajonado y con un agujero por el que pasar, es el segundo más difícil de todo el itinerario.

 

Mientras mis compañeros se equipan, afronto este primer tramo hasta el acceso al agujero. Me sorprende lo poco que me cuesta en relación al mes pasado, cuando tardé mucho más e incluso aplasté una lata de naranjada. La clave es que hoy he venido sin mochila, de manera que puedo hacer muy bien oposición con la pared de detrás y, gracias al culo y en menor medida a la espalda, no tiene nada que ver el desgaste de los brazos de hoy con el de la otra vez. El siguiente en venir es Jorge, seguido de Marcel. Dado el poco espacio que hay, tres somos multitud, así que Marcel nos da una lección magistral de cómo superar el agujero y pasar al otro lado. Contra todo pronóstico, la clave está en encararse de espalda, o de culo, según se mire, pero no de frente. Una vez de espaldas, buscas colocar el pie en lo alto de la cadena, lo que puede resultar bastante acrobático, y gracias al impulso apoyas la espalda y luego el culo en el agujero y acabas por impulsarte hasta salir de él.

 

Cual discípulo, intento replicarle, pero claro, el maestro hace que lo difícil parezca fácil. Aun así, consigo superarlo más dignamente que en marzo, cuando lo encaré de frente y Jorge, con su fuerza de brazos, casi me alzó a pulso el último tirón que me faltaba. Dado el poco espacio que hay sobre la piedra incrustada en la canal que origina el agujero, Marcel supera la siguiente cadena, que también tiene su miga y arriba monta la reunión desde la que asegura el ascenso de Magda, que se dirige hacia el acceso al agujero mientras Jorge trata de superarlo sabiendo que lo estoy inmortalizando en un corto vídeo. Una vez reunidos sobre la roca, remonto la cadena –me dejo caer, cual croqueta, a la repisa para acabar de superarlo– mientras que Jorge espera a que llegue Magda. La cuerda se ha liado en nuestra zona y deshacemos el entuerto sin mayor complicación. Una vez reagrupados los cuatro, continuamos canal arriba.

 

La verdad es que no es muy complicada, aunque sí cansa ir encadenando cadenas. Lo suyo es usar lo máximo los pies, buscando donde colocarlos, para no cansarse excesivamente los brazos ni lastimarse las manos con las cadenas. Un tramo bastante encajonado con tres cadenas consecutivas que subir a pulso resulta especialmente atractivo. Ante nosotros, se presenta el tramo más difícil de todos, el de los pequeños tramos de cadena en terreno ligeramente desplomado y bastante pulido. O usas la fuerza bruta, como es el caso de Marcel, o te vas colgando y descansando, que es lo que hago yo y, gracias a un estribo, que viene a ser una escalera como de cinta, vas avanzando poco a poco, colocando cada vez más arriba el seguro y la escalera. Una vez superado, bajo por la escapatoria y les tomo fotos superándolo. Como decía, Marcel lo sube a lo bruto, sin usar el estribo ni colgarse del seguro. ¡Qué máquina! Parece Spiderman.

 

Ahora viene el turno de Jorge. Seis semanas ha tenido que esperar para desquitarse y lo va a hacer a lo grande: sin usar el estribo. Aunque en honor a la verdad, él sí se cuelga del seguro, aunque sólo en una ocasión. No se lo digáis a Marcel –murmura sin saber que lo estoy filmando. Al decírselo, me suelta un luego lo editas. Cualquiera diría que es filósofo, su libro de cabecera no parece la Ética a Nicómaco de Aristóteles :-) Magda, como el común de los mortales entre los que me incluyo, usa el estribo, además de ir encordada. Hay que ver la maña y soltura que tiene y muestra en la pared, algo de Marcel se le ha pegado. De vuelta por la escapatoria hay que andarse con ojo al no estar equipada y haber una buena caída en caso de resbalón. La veo peor que hace un mes, me imagino que fruto de las últimas lluvias. Una vez reagrupados, continuamos canal arriba, cada vez con menores fuerzas pero también con menor dificultad.

 

En la última zona, la de las cuerdas por el bosque, hay un chico poco cuidadoso bajando que causa la caída de varias piedras y como voy adelantado, le aviso de que tras de mí viene más gente. A las once, tras dos horas y media, salimos de la canal. De repente el paisaje se abre y nos da al fin la luz del sol en todo su esplendor. El Moro se alza a mis ojos cautivador, como de costumbre. La Gorra Frigia es también tentadora, pero más lejana y, según escuché, han desequipado su subida y ahora sólo es posible acceder hasta su cumbre escalando. Jorge saca unas galletas y mientras charlan y desayunan, me acerco hasta lo alto de una aguja cercana, al borde del precipicio y con vistas a la concurrida cumbre de Sant Jeroni. Algunos me miran por estar al borde del barranco, me deben de tomar por loco. Pero lo que no saben es que ellos, vistos desde aquí, se hallan en la misma situación.

 

Hablándoles del Moro, conseguimos animar a Marcel y a Magda a intentar coronarlo. El mes pasado, con Jorge, tuvimos que renunciar por el fuerte viento. Esta será la segunda espinita clavada que se saque hoy. Pasando por la ermita de Sant Jeroni, accedemos hasta el helipuerto que hay cercano a las antenas de telecomunicaciones y, gracias a una trepada sencilla pero expuesta, logramos alcanzar su cumbre, Magda encordada. Tras disfrutar de la cumbre, emprendemos el descenso por la ruta normal, que baja junto a la canal que forma una especie de verruga, equipada con una cadena. Aquí hay una instalación para montar el rápel y terminamos el descenso rapelando, algo que no hago hace años. ¡Qué divertido y fácil! Mediante un flanqueo expuesto pero sencillo alcanzo el helipuerto, desde donde Magda me comenta que tome alguna foto de Marcel y de Jorge a contraluz con la mole del Moro. ¡Qué chulas! Una de ellas acompaña a este relato.

 

Ya sólo nos queda asomarnos a la Paret de l´Aeri, junto a las antenas, donde aún está la estación superior y es visible su mecanismo, una especie de polea, y buscar el inicio de la Canal de Sant Jeroni, que descendemos sin mayores problemas mientras Jorge y Marcel siguen conversando sobre vías ferratas de alta dificultad. Diríase que su afición es coleccionar K5 y K6 y, además, completar sus pasos más difíciles con la mayor dignidad y estilo posibles. Para cuando llegamos a la una al coche, no podemos estar más satisfechos de estas cinco horas de actividad matinal en la montaña de Montserrat, que como siempre nunca decepciona. Nuestro próximo reto, en un par de semanas, será la otra K6 de Montserrat, el Joc de l´Oca, que tenía previsto realizar con Jorge hoy después de comer pero, ¡habrá que dejar algo para otro día!

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito




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