ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
jueves 13 de julio de 2017, 15:21:54

Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios | 1303 visitas

Desde el aparcamiento de Prat de Pierró alcanzamos el Estany de Sant Maurici y lo bordeamos un poco para contemplar los Encantats con el lago tal y como aparece en la icónica foto del parque nacional. Después nos dirigimos al refugio Ernest Mallafré y tras cruzar un torrente encaramos la Valleta Seca y posteriormente el pedregal hasta el Coll de Encantats. Desde aquí asaltamos al grande de los encantados, lo que conlleva una sencilla trepada en ocasiones expuesta. Una vez en la cima, la niebla no nos permite ver nada y el inicio de la lluvia nos obliga a iniciar el descenso de inmediato. Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Tras pasar la noche en Esterri d´Àneu, concretamente en Casa Nando, Alba y yo en un coche y Mónica y Jorge en otro, nos dirigimos al aparcamiento de Prat de Pierró (1652m), situado cuatro kilómetros pasado Espot. Una vez calzados correctamente y preparada la mochila, partimos hacia el Estany de Sant Maurici. Durante la aproximadamente una hora de camino aprovechamos para filmar escenas que serán la introducción musical de nuestro vídeo de la ascensión, junto con otras grabadas ayer es València d´Àneu, tanto en su iglesia como en los restos del castillo. Una vez en el lago llenamos algunas botellas vacías en la fuente, lo que nos ha permitido subir hasta aquí con menos peso, y lo bordeamos un rato para disfrutar de una buena perspectiva de las aguas con el Encantats al fondo. En la brecha, desde aquí, es posible ver a los dos cazadores petrificados un domingo durante la hora de la misa, según cuenta la leyenda.

 

Dejamos a Alba entretenida junto a la orilla, a la sombra, provista de un libro, el iPod y la comida, pues nos va a aguardar aquí unas cuantas horas. Por un lugar menos frecuente, pasando bajo una presa, accedemos al modesto refugio Ernest Mallafré (1950m), que lleva el nombre de un escalador fallecido a los 24 años de edad víctima de un alud cuando descendía el cercano pico de Monestero un 31 de diciembre. Aquí tomamos la senda que nos va a permitir, tras cruzar un riachuelo, ir ganando poco a poco altura, adentrándonos valle arriba por la Valleta Seca, desprovista de lago alguno. Una montaña piramidal llama nuestra atención: es la Pala Roia, en la Sierra de Monastero. El pico del mismo nombre queda más al fondo, cerca del pico más alto de la zona de Sant Maurici, el Peguera (2983m). Jorge y Mónica bromean sobre quién lleva más ritmo que el otro e incluso se traspasan la cuerda de una mochila a otra sin que el otro se dé cuenta en el descanso. En uno de estos como algo de pan y de chorizo y me hidrato, se nota que esta es tan solo mi quinta excursión del año.

 

Al cabo de un buen rato –qué largo se ha hecho– nos desviamos de la Valleta Seca para ascender todo un pedregal hasta el Coll de Encantats. Es un terreno muy descompuesto, puñetero de subir, además de costoso en fuerza por la pendiente. Le dedicamos otro buen rato. Casi arriba del todo, se estrecha y es preciso utilizar las manos. Al alcanzar el collado las vistas se expanden. Al fin vemos ya las dos cumbres, la del Encantat Superior, cuya trepada ya es visible, y la del Encantat Inferior, cuyo acceso está reservado a los escaladores. También se observa el sendero en el prado por el que hemos pasado de camino a Sant Maurici desde el coche, en el que nos hemos fotografiado los cuatro precisamente con el Encantat al fondo. Aprovechamos para comer, grabamos alguna escena más para nuestro vídeo de esta experiencia cumbre y emprendemos de nuevo el camino. La aproximación hasta lo que vendría a ser la canal de acceso a la cresta se hace caminando, excepto un pequeño paso rocoso que es preciso trepar. Poco a poco el cielo se va cubriendo más y puede comenzar a llover en cualquier momento, algo totalmente indeseable por la naturaleza de esta vía normal.

 

Accedemos a la canal utilizando las manos, progresando cada uno por donde lo ve más claro. Por fortuna, si bien portamos una cuerda de 18 metros, hay una larga cuerda verde instalada, lo que nos ayuda a ganar altura agarrados a ella, en especial en un resalte rocoso formado por una gran roca que quizá haya caído de más arriba y ha acabado aquí encajonada. Una vez la superamos continuamos con la trepada, cada vez más expuesta, hasta que alcanzamos la cresta y una cruz en recuerdo a alguien que debe de haberse despeñado aquí. Es un flanqueo aéreo con una caída de cientos de metros y un resbalón de producirse es letal, como recuerda la cruz. Mónica la mira fijamente. Comenta que no lo empieza a ver claro y le digo que deje de mirar a la cruz. Con cuidado pasamos al otro lado y ahora sí, iniciamos la trepada final, que luego Mónica rapelará gracias a la instalación que hay y a nuestra cuerda. Ha cogido algo de miedo y la situamos entre ambos y avanzamos bastante juntos.

 

Una vez en la instalación, caminando, se accede en un minuto a la cumbre. Lástima que la niebla nos envuelve y apenas podemos ver nada. A Jorge le da un apretón y tras filmar nuestro momento cumbre, se va al baño, pero de repente comienza a llover. ¡Jorge, que llueve! De forma inmediata iniciamos el descenso, pues la destrepada en mojado es sumamente arriesgada. Mientras Jorge monta el rápel, destrepo la mitad de la distancia hasta la cruz, donde hay un resalte y espero a Mónica. Cuando llega rapelando, destrepo el resto y luego viene ella. Finalmente Jorge recoge la cuerda y nos alcanza. Hay una piedra grande que aunque no lo parezca, se tambalea un poco, quizá algún día alguien se lleve un susto. Los aviso de que vayan con cuidado y flanqueamos el paso de la cruz. Aquí destrepamos parte de la arista hasta que encontramos el destrepe hacia la canal de la cuerda fija verde. Vamos con sumo cuidado pues está todo mojado. ¡Hay que ver lo que cuesta la bajada con respecto a la subida!

 

La cuerda va de muerte. Agarrándome y dejándome caer, supero la gran roca y sigo descendiendo con su ayuda, deben de ser unos 20 o 25 metros de cuerda doble que más arriba está pasada por una gran roca, no por una instalación. Destrepamos por la zona menos expuesta, más encajonada, que en descenso queda a mano derecha, pues bajar por las gradas herbosas, que es por donde antes han subido Jorge y Mónica, ahora en mojado sería una locura: si patinas te vas ladera abajo sin freno posible. Un flaqueo algo aéreo nos deja al fin en terreno seguro, ¡qué alivio! Más tranquilos, descendemos hasta el Coll de Encantats, donde Mónica retoma su mochila. Sorprendentemente, en pleno domingo estival, no hay nadie en esta montaña: vamos a estar entre cinco y seis horas solos, sin ver ni cruzarnos a nadie ni subiendo desde el refugio ni de regreso a él. Como ya son las tres y Alba está sola abajo hace unas cinco horas, me adelanto solo; de hecho, me gusta bajar corriendo. Ello me permite alcanzar el refugio en cuarenta minutos y a Alba en el lago de Sant Mauricio a las 15:45. Como ha llovido y hace viento, me la encuentro resguardada en el porche de la caseta de madera.

 

Bajamos a la ermita a esperarlos, que es el lugar en el que hemos quedado, con la fortuna de que de camino avistamos un ciervo. Tiene incluso manchas blancas como Bambi. Nos estamos un buen rato pero dado que se esconde tras una piedra y no parece tener intención de volver a salir pronto –creo que le va la siesta–, una holandesa primero y luego nosotros, abandonamos nuestro puesto de observación. En la ermita nos ponemos a la sombra de un árbol pero parados hace fresco, así que nos cambiamos al sol. Qué placer estar con las botas quitadas, los calcetines también, y tener los pies frescos al aire. Mónica y Jorge se demoran un rato, han tenido algún percance. Cuando llegan, iniciamos juntos el descenso y sobre las seis de la tarde alcanzamos el coche. Aún nos queda un buen trote hasta Barcelona, casi cuatro horas de coche. Además, Alba quiere parar a pasear por la Pobla de Segur y por Tremp, que le gustaron desde el coche cuando vinimos el viernes. Nos despedimos y por separado, en sendos coches, emprendemos el regreso a casa, diríase que encantados por la belleza del lugar. ¡Esperamos repetir algún día!

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk


1 Comentarios
Enviado por Jorge el viernes 14 de julio de 2017

“Una jornada memorable, David. Sólo faltó que se despejara el cielo al llegar a la cima del Gran Encantat. Por las fotografías que he visto en internet, las vistas son impresionantes. Habrá que volver.”


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