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 Zodiaco Zodiaco
lunes 27 de noviembre de 2017, 19:19:58

Tipo de Entrada: RELATO | 323 visitas

En compañía de Alba asciendo al volcán francés Puy de Dôme, situado en la Auvernia, cerca de Clermont-Ferrand, por el Chemin des Muletiers (Camino de los Arrieros), que parte del aparcamiento de Col de Ceyssat. Una vez regresado al coche, nos dirigimos al aparcamiento de Goules, donde asciendo en solitario a un nuevo volcán, el Puy du Pariou, menos alto pero mñas bello que el anterior, ambos situados en la cadena llamada Chaîne des Puys, en el Parque Natural Regional de los Volcanes de Auvernia. Puedes ver el vídeo de mi ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY

 

Son las nueve de la mañana cuando llegamos al aparcamiento de Col de Ceyssat (1078m), situado en la carretera D68 dentro del término municipal de Ordines, a un cuarto de hora de la capital de la Auvernia, Clermont-Ferrand, donde hemos pernoctado en un Ibis Budget, esto es, un hotel de bajo presupuesto. Según TripAdvisor y otras fuentes, el primero de los dos volcanes que vamos a subir hoy, el Puy de Dôme, es el punto turístico más visitado de toda la región de Auvergne, con más de 400.000 visitas anuales. Con varias botellas de agua y poco más en la mochila, emprendemos la marcha. Los primeros metros de camino, siempre señalizado, transcurren por un sendero de pequeño recorrido, nueve kilómetros, que rodea por completo el volcán, llamado, como no puede ser de otra manera, Le Tour du Puy de Dôme. No voy a negar que también me gustaría realizarlo, pero sin duda prefiero priorizar la ascensión a ambas cumbres.

 

Junto al Auberge des Muletiers la senda se bifurca y tomamos el sendero que sube a la cumbre, llamado Chemin des Muletiers o Camino de los Arrieros. Son unos 45 minutos de subida a través de una pista que realiza quince lazadas, todas numeradas, como es normal en un volcán, cada vez más cortas pero de mayor pendiente. Al poco cruzamos el tren cremallera, de creación bastante reciente, 2012 si no me equivoco. Su precio es bastante inferior al de Vall de Núria, unos trece euros ida y vuelta. Este recorre la antigua carretera que llevaba a la cima, que albergó entre 1952 y 1988 trece finales de etapa del Tour de Francia, incluidas la victoria de Federico Martín Bahamontes en 1959, el duelo entre Poulidor y Anquetil en 1964, el puñetazo de un espectador a Eddy Merckx en 1975 o la cronoescalada de 1983 con victoria de Ánge Arroyo y segundo puesto de Perico Delgado.

 

Conforme ganamos altura, las vistas mejoran. Es aquello de subir más alto para ver más lejos. La cadena de volcanes, llamada Chaîne des Puys, está formada por más de ochenta volcanes alineados a lo largo de más de cuarenta kilómetros. Si bien algunos se pueden intuir como tales, otros no dejan de presentar un aspecto de montaña rasa, como sucede con la zona volcánica de la Garrotxa, en Olot. En este sentido, Puy de Dôme, el más famoso y que ahora subimos, no me parece un volcán pero en cambio, su vecino, menos frecuentado y de menor altitud, Puy du Pariou, tiene un cráter perfecto y muy ancho. Por analogía, me recuerdan al tándem Teide – Pico Viejo, en Tenerife, si bien en esta ocasión no voy a pasar del uno al otro, sino que bajaré de nuevo al coche para realizar una segunda ascensión independiente de la primera.

 

Poco a poco vamos encadenando lazadas. Alba las va contando, tiene ganas de llegar a arriba. Me graba algunas escenas para mi vídeo de hoy, titulado Felicidad entre volcanes (https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY), en el que reflexiono sobre algunas claves que pueden conducirnos a la felicidad. Las dos o tres últimas cuestas son bastante empinadas para su gusto. Una vez arriba, nos encontramos con varios miradores. Las vistas son extensas, incluida la vecina Clermont-Ferrand y multitud de verdes parajes. Visitamos la tienda de recuerdos, donde me compro una postal con una vista aérea de los dos volcanes que estoy ascendiendo hoy. Observamos como multitud de alas delta emprenden el vuelo o surcan el cielo; qué sensación de libertad transmiten. Visitamos el templo de Mercurio, del siglo II después de Cristo, restaurado recientemente, al que se desviaban muchos de los que recorrían la vecina Via Agrippa entre Lyon y Saintes para rendir culto al dios del comercio. También entramos en una exposición gratuita. Aquí se levantó una de las primeras estaciones meteorológicas y Pascal llevó a cabo experimentos sobre la presión atmosférica. De hecho, la construcción de esta estación produjo el descubrimiento del templo romano dedicado a Mercurio.

 

Caminando por los senderos de la cumbre, logramos unas nuevas vistas, ahora hacia el norte, lo que nos permite ver una bonita colada de lava que me recuerda a Isla de Pascua por sus tonalidades verdes y negras mezcladas, y el magnífico cráter del Puy du Pariou que a continuación voy a ascender. Antes, no obstante, nos acercamos a la cafetería de autoservicio y comemos un par de menús. ¡Qué bien que sienta comer en las alturas! La bebida, eso sí, es algo carilla y nos conformamos con nuestro agua. De bajada, no tardamos ni media hora. De nuevo en el coche, regresamos a Orcines y tomamos la D942 dirección al parque temático Vulcania. En el aparcamiento de Goules Alba se queda junto al coche, a la sombra, mientras que yo me aventuro en el Puy de Pariou. De nuevo es una ascensión señalizada, pero no tan frecuentada como la anterior. Aquí no hay tren cremallera pero sí familias con niños pequeños. Por un tupido bosque que en parte me protege del excesivo calor del verano, alcanzo el borde del cráter en no mucho tiempo. ¡Qué bello!

 

La mitad de su perímetro está estrictamente prohibido por la fragilidad de su suelo. Por la parte permitida, lo rodeo y ello me permite tener vistas sobre Puy de Dôme, con su característica torre de telecomunicaciones. También desciendo al interior del cráter, lo cual me recuerda al volcán de Santa Margarida, en la Garrotxa, aunque este está desprovisto de ermita y sí tiene, en cambio, una espiral formada por piedras. El regreso al coche tiene lugar por la vertiente contraria, en un inicio a través de una bella pasarela de madera con multitud de escalones. Luego se trata de rodear el volcán por su base. El calor cada vez aprieta más, aquí no hay tantas sombras. A las cuatro y diez, tras correr un rato, alcanzo el coche, donde Alba juega en su tableta; se le ha pasado el tiempo volando, es lo que tienen las nuevas tecnologías. Concluimos así nuestra visita a los volcanes de Auvergne, la verdad que de casualidad, pues estamos de paso de regreso de Alemania a Barcelona y ayer, de camino al hotel, me llamó la atención la silueta de Puy de Dôme y tras buscar un poco de información, no quise perder la oportunidad de ascenderlo. En ocasiones, cuando se viaja, lo inesperado, lo no planificado, resulta ser lo mejor. 

 

No olvides visitar el vídeo de esta excursión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY




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