ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
martes 13 de marzo de 2018, 23:33:33

Tipo de Entrada: RELATO | 765 visitas

En compañía de mi amigo David y de mi pareja Alba asciendo a Sant Sadurní de Gallifa (942m), con grandes vistas sobre el Vallès y el Moianès. Desde el Prepirineo hasta el mar, junto a su ermita prerrománica y románica de los siglos X y XI. Una matinal que finalizamos con una comida en el restaurante El Revolt de Sant Quirze Safaja. Puedes ver un vídeo de la jornada aquí: https://youtu.be/9ERKFHthWvQ

 

                                                        

A las diez de la mañana, mi amigo David se pasa por casa a recogernos a Alba y a mí y en su coche, un SEAT León que parece recién sacado del concesionario si bien tiene ya algunos añitos. Vamos a la BP-1241 en sentido Gallifa desde Sant Feliu de Codines y dejamos estacionado el coche a la altura del inicio del camino particular a una masía de nombre La Roca, la cual da también nombre a la ermita, pues también es conocida como Sant Sadurní de la Roca. Hay unos pocos vehículos aparcados, la mayoría de cazadores –aún no lo sabemos–, de manera que hemos de aparcar al otro lado del asfalto junto a un turismo.

 

Una vez listos emprendemos el camino. Se trata de una pista forestal que conduce a un puente sobre la riera, junto a un antiguo horno de cal. A esa altura la abandonamos, pues nuestra intención no es acabar en la masía, sino seguir subiendo por el valle junto a la riera. Le enseño a David, que no ha estado nunca aquí, el horno: es un agujero donde la roca calcárea era calentada gracias a la madera a unos 900-1000ºC. Según leo, en Asia Menor se han encontrado en excavaciones de hace catorce mil años, que no es poco. Dejamos atrás la Historia y un cazador provisto de peto reflectante, arma y walkie-talkie y llegamos hasta la riera.

 

Aquí nos encontramos en segundo cazador. Está claro que están de batida de jabalís. Le comento a David en voz alta algo sobre la ruta a Sant Sadurní para que estos señores sepan por dónde vamos a transitar. Parece que no nos vamos a cruzar más, que ellos están situados riera arriba y nosotros aquí justamente la cruzamos para ya encaramarnos hacia la Cinglera de Gallifa. Se trata de ganar desnivel gracias a las lazadas del sendero, el cual transcurre por el interior del tupido bosque. No paramos de hablar por si acaso no vaya a ser que salgamos escaldados. Alba, como siempre, está más a la espera de que vayamos al restaurante que de la excursión, pues ir por la montaña no es algo que le guste.

 

Al finalizar el sendero, junto a un paso barrado al ganado, me encaramo a una roca para contemplar el paisaje. Aquí tomamos una pista que dejamos a la altura de un atajo que nos lleva directamente a un amplio collado de nombre Collet de Sant Sadurní, que separa La Mola –la cima coronada por la ermita de Sant Sadurní– del Turó de la Pinassa. Aquí es posible ascender a través de un sendero, más directo, o por la pista. Tomamos el primero pero al primer cruce con la misma cambiamos de opción, pues Alba prefiere caminar cómoda aunque sea durante una mayor distancia. Poco a poco vamos ganando en vistas, tanto al Moianès como al Vallès Occidental, hasta llegar a ver Barcelona ciudad, el mar, el Vallès Oriental, el Montseny, Montserrat a incluso las montañas nevadas del Prepirineo.

 

Grabamos algunas tomas para mi vídeo, tanto con el paisaje como junto a la ermita de Sant Sadurní, que data de los siglos X (capilla prerrománica) y XI (ábside románico). En el Mirador de la Guineo, en lo alto del risco, nos quedamos un buen rato disfrutando del paisaje. También aquí nos filma Alba. El Montseny apenas tiene nieve y las vistas sobre Sant Feliu de Codines son bonitas. La carretera en la que hemos dejado el coche aparcado parece de juguete. Algunas motos pasan como a cámara lenta. Aquí los fines de semana hay bastantes ciclistas y motoristas, que acaban poblando las terrazas de bares y restaurantes.

 

A la una emprendemos el regreso, tanto para tomar sitio en algún restaurante como porque el cielo está cada vez más gris y la probabilidad de lluvias, según el pronóstico, va en aumento a lo largo de la jornada, sobre todo a partir de la hora de comer –cosa que se va a materializar–. El regreso hasta el collado lo acometemos íntegramente por la pista y a partir de aquí, se trata de deshacer el camino. Alba va con prisa, ya tiene ganas de llegar al coche, mientras que David, como siempre, va a su ritmo. Yo me hallo en medio. Un jabalí de color claro, creemos que cría, se nos planta cerca en el bosque y al vernos, tal cual venía corriendo montaña abajo, huye de nosotros.

 

Más abajo nos visita uno de los perros de la batida. Pronto aparece un segundo. Tienen una campana que suena, un collar amarillo reflectante y una cola juguetona, además de un geolocalizador o algo por el estilo. Nosotros vamos hablando por si acaso. Al llegar a la riera, el agua está ensangrentada. Cerca, un jabalí abatido reposa en el suelo. A Alba no le gusta la visión, si bien a su vez dice no estar en contra de matar animales si es para comerlos. Tomamos la pista y seguimos conversando en voz alta hasta llegar al coche sobre las dos y algo, buena hora para ir al restaurante. Primero vamos a Gallifa, pero uno está lleno y el otro no nos convence. Acabamos en El Revolt de Sant Quirze Safaja. De nuevo una excursión que acaba en la mesa de un restaurante. Los años pasan…

 

Si quieres ver nuestro vídeo grabado durante la excursión, está aquí: https://youtu.be/9ERKFHthWvQ




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