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Recopilación de relatos sobre las aventuras vividas en la montaña y la naturaleza. También hay alguna galería de fotos. Si quieres ponerte en contacto conmigo escríbeme a dmiraher@terra.es
lunes 27 de noviembre de 2017, 19:25:24
18-11-17: Canal del Moro y ascenso al Moro (Montserrat)
Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de Jorge asciendo la canal del Moro, en la Montaña de Montserrat, partiendo de Santa Cecilia. De camino, nos dejamos algo de material en un paso alternativo equipado con una gruesa cuerda negra anudada. Una vez remontada la canal equipada, afrontamos el ascenso al Moro (1206m), que se corona trepando. Una vez destrepado, desde el helipuerto nos acercamos al mirador del Moro y regresamos al coche descendiendo la canal de Sant Jeroni. Puedes ver un vídeo de la excursión aquí, titulado Estilo de vida activo en Montserrat: https://www.youtube.com/watch?v=tg8wz5QCFcc&t=7s

 
Vídeo de la excursión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=tg8wz5QCFcc&t=7s

Son las diez de la mañana cuando me encuentro con Jorge en un aparcamiento cercano al de Santa Cecilia, a unos cincuenta metros en dirección a Can Massana, pues el principal a estas horas del día ya está completo. Como si estuviésemos compenetrados, llega apenas un minuto después de mí; ni siquiera me ha dado tiempo a apearme del coche. Siempre es grato volver a ver a un amigo, si bien este año no estoy saliendo al monte todas las veces que debería y apenas le veo. Una vez equipados caminamos unos cientos de metros por la carretera en sentido al monasterio y gracias a un talud adentramos en el bosque. No tardamos en plantarnos en el inicio de la canal del Moro, una canal bastante evidente equipada con cuerdas fijas y muy poco transitada, tanto que no nos vamos a encontrar con nadie durante su recorrido y, de hecho, Jorge va a perder un cordino, una cuerda y un mosquetón de seguridad y los va a recuperar el próximo fin de semana.

 

Como toda canal de Montserrat que se precie, el terreno es bastante descompuesto y pronto aparecen grandes bloques de conglomerado rojizo que nos ayudan a entrar en calor poco a poco. Jorge me comenta que yo tengo la ventaja de la juventud, si bien él tiene el beneplácito de su buen estado de forma física mientras que yo ando desentrenado. Poco a poco van apareciendo cuerdas fijas que nos ayudan en el progreso. Es el momento de sacar mi videocámara y comenzar a filmarnos en lo que será una introducción con música de fondo para mi vídeo; tengo un canal de Youtube que alimentar, si te animas puedes suscribirte aquí: http://goo.gl/NYDUfq Poco a poco la canal se va empinando y en algunos tramos hay que subir a pulso gracias a las cuerdas anudadas, una de las cuales tiene unas bagas a las que uno podría asegurarse. Nosotros el kit de vía ferrata no lo vamos a llegar a utilizar, si bien el casco es imprescindible. Nos han estado cayendo piedras, me imagino que desprendidas por las cabras.

 

En plena canal, a mano izquierda, se abre una especie de agujero – cueva por la que accedes a una especie de pozo con una pared lisa de unos quince metros equipada con una gruesa cuerda negra anudada, quizá parte del retorno de alguna vía de escalada cercana. Jorge estuvo hace poco y tienes unas grandes ganas de subirla, supone un gran reto para él. Yo me subo al tronco que da acceso a la pared, subo un par de metros gracias a la cuerda y lo dejo estar, no lo veo nada claro y es imposible asegurarse. Jorge, en cambio, al más puro estilo increíble Hulk, la sube casi del tirón. No sabe si tras rapelar va a poder recuperar el material, y en efecto una vez abajo certifica que se va a dejar el mosquetón de seguridad, unos cordinos y la cuerda. Yo intento acceder desde más arriba de la canal a través de un bosque pero no es viable: el acceso al agujero es una especie de embudo expuesto. Para más inri, un patinazo al inicio de la este intento de acceder por arriba al pozo me ha hecho deslizarme por la tierra un par de metros y me he raspado un poco ambas manos, además del susto.

 

Nos volvemos a reunir y juntos acabamos de remontar la canal, él más ligero de equipaje por el material temporalmente perdido. Y digo temporalmente porque el  próximo fin de semana vendrá a por él y lo recuperará. Una vez en el mundo exterior, la luz del sol nos ilumina, cual actores estrella de una película de Hollywood. Además, disfrutamos de unas grandes vistas, ¡qué diferencia con estar en el interior de la sombría y encajonada canal! A través de un bosquecillo, campo a través, ganamos altura en dirección al Moro, una aguja preciosa de forma cónica, cual castillo de cuento de hadas, también conocida como Montcau o Roca del Migdia. A nuestras espaldas hay un conjunto de agujas, el Serrat del Patriarca, que realmente también me provoca y me incita a imaginar aventuras futuras. Atisbo algunas ranuras de vegetación entre las rocas por las que quizá se podría asaltar algunas de sus cimas, sin duda increíblemente solitarias y poco frecuentadas. Hay que destacar que llevamos unas tres horas y media de excursión y todavía no nos hemos topado con nadie.

 

Una trepada sencilla pero expuesta por una bella pared de conglomerado nos deja, para nuestra desilusión, en una especie de antecima del Moro, por llarmarla de alguna manera, pues el Moro se muestra desde aquí inaccesible con un gran murallón vertical que nos separa de su cumbre. Nos vemos obligados a atravesar un bosquecillo para ir a salir a la vía normal de ascenso, la de su cara suroeste, con pasos de grado III y equipada en la parte final con una cadena. Aprovechamos para grabar algunas imágenes para nuestro vídeo; es curioso, pero el efecto óptico hace que apenas se aprecie la pendiente, creo que lo mismo sucede con las fotos al estar ambos sobre la misma pared. La subida es sencilla pero peligrosa. Se ha de ser extremadamente cauto pues la caída, en caso de producirse sería superior al centenar de metros. Curiosamente, se trata de la primera escalada en la Montaña de Montserrat de la que hay constancia escrita. Os dejo, sacado directamente de la Wikipedia, lo publicado en el Diario de Barcelona el día 24 de septiembre de 1851, enviado desde Igualada (las faltas no son mías):

 

Las personas que se hallaban ayer en las montañas de Montserrat presenciaron una escena que les llenó de asombro. Desde la ermita de San Jerónimo, en cuyo punto se hallaban reunidas algunas famílias de Barcelona, vieron aparecer dos objetos móviles sobre uno de los picos cónicos y aislados, cuya altura es mayor que la de la mas elevada torre de esta capital. Creyóse de pronto que serian algunas aves de rapiña de las que tienen sus nidos en aquellos inaccesibles sitios, pero quedaron aterrados cuando con el ausilio d'un anteojo se convencieron de que aquellos objetos eran dos hombres. Los habitantes de la montaña aseguraron ser cosa imposible y que ningun ser humano había subido hasta allí. Mucho tardaron en convencerse de la realidad, porque verdaderamente pensaba el considerar como habian podido ganar la cumbre d'un agudo pico, que tendrá unas trescientas varas de elevación, cortadas por todos lados gairebé perpendicularmente. Que habian llegado hasta ella era cosa indudadble; empero, todos los que presenciaron este espectáculo creyeron que dificilmente podrian emprender el descenso sin ser víctimas de alguna desgracia; peligro inminente que comprenderá cualesquiera que conozca las escabrosidades de Montserrat. Los animos se afligieron y muchos rogaron a la Virgen protectora de la montaña por la vida de aquellos dos hombres. Se les vió a poco rato darse un estrecho abrazo, y empezaron a bajar sin valerse de cuerdas, agarrándose únicamente de los salientes de las piedras. No creemos que pueda hacerse una escensión mas difícil y espuesta. Sin embargo la realizaron con toda felicidad. Cuantas personas presenciaron su arrojo se acercaron a saludarles deseando saber sus nombres. Se llaman D. José Pujol y D. Francisco López Fabra. Se ignora el motivo que les impulsó a tan temeraria empresa. No falta quien piadosamente indicara que tal vez seria el cumplimiento de algun voto, contraido en medio de los peligros de grandes viajes. El primero de ellos ha hecho ya treinta y nueve espediciones a América, y va a emprender la cuarenta; el segundo se halla de regreso d'una espedición por toda Europa y hace un mes se halló en una ascensión análoga en el Mont Blanch y al gran San Bernardo. Ambos aseguraron que desde aquella elevación habian disfrutado d'un panorama pintoresco d'una gran parte del Principado, y que para hacer una espedición arriesgada y gozar d'una de las mas estensas y admirables vistas del mundo no era preciso salir de España. Verdaderamente la montaña de Montserrat no tiene rival en el mundo y debe ser considerada como la perla de Cataluña.

 

Me parece increíble que en aquella época aquellos dos personajes ya tuvieran esa inquietud montañera. ¡Pensar que estuvieron aquí arriba, sobre estas mismas rocas!  Hoy en la cumbre también estamos los dos solos, de hecho todavía no nos hemos cruzado con nadie. En cambio, a unos centenares de metros, observamos la masificada cima de La Miranda de Sant Jeroni (1236m), que también grabamos zon el zoom, punto culminante del macizo de Montserrat. Aprovechamos para reponer fuerzas de una forma placentera y navideña: estamos hablando de polvorón de limón, de rosco de vino y de turrón de chocolate, además de algunas almendras. Si bien el día es soleado, el viento hace que sintamos fresco. Jorge se ha desarropado y se ha tenido que volver a arropar.

 

Llega el momento de descender del Moro, pues Jorge ha de estar en casa de vuelta sobre las cuatro. Como no ha podido recuperar su cuerda, no podemos hacer uso de las dos instalaciones de rápel: ni la de la vía normal, ni de la que baja directamente hacia el helipuerto. Para variar, optamos por esta segunda, la cara norte, con pasos de grado III+ que haremos a pelo con sumo cuidado. De nuevo el terreno es sencillo pero una caída podría tener graves consecuencias al no estar asegurados. Con suma cautela, en especial yo pues me dan miedo las alturas, vamos perdiendo altura hasta alcanzar el helipuerto. Nos acercamos al mirador del Moro, junto a las antenas de telecomunicaciones y la estación superior abandonada del antiguo Aeri. ¡Qué grandes vistas! El Serrat del Patriarca se me sigue mostrando provocador, algún día tendremos que ir a ver si alguna de sus cimas es accesible a pie.

 

De camino a la canal de Sant Jeroni nos cruzamos por fin con alguien, tras más de cuatro horas de excursión, algo meritorio dado lo frecuentada que es esta montaña y lo llenos que están los aparcamientos. La canal ya es una vieja conocida y la bajamos bastante rápido. Para sorpresa de Jorge, no sufre el resbalón de rigor que sufre sí o sí en este lugar cercano a su querida canal del Mejillón cada vez que la desciende. Nos encontramos a una pareja joven que se acaba de pasar de largo el desvío a la vía ferrata Teresina, señalizado con unas marcas azules que no han visto. Se lo indicamos y poco después, sobre las tres de la tarde, tras cinco horas de feliz excursión, estamos de nuevo de regreso en el coche. Si bien no creo que este año pueda cumplir mi reto de al menos una excursión al mes, doce al año –esta es la séptima– al menos cuando he salido a la montaña, me lo he pasado bien, y hoy no ha sido una excepción :-) 

 

No te pierdas el vídeo de esta excursión: https://www.youtube.com/watch?v=tg8wz5QCFcc&t=7s


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lunes 27 de noviembre de 2017, 19:19:58

Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de Alba asciendo al volcán francés Puy de Dôme, situado en la Auvernia, cerca de Clermont-Ferrand, por el Chemin des Muletiers (Camino de los Arrieros), que parte del aparcamiento de Col de Ceyssat. Una vez regresado al coche, nos dirigimos al aparcamiento de Goules, donde asciendo en solitario a un nuevo volcán, el Puy du Pariou, menos alto pero mñas bello que el anterior, ambos situados en la cadena llamada Chaîne des Puys, en el Parque Natural Regional de los Volcanes de Auvernia. Puedes ver el vídeo de mi ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY

 

Son las nueve de la mañana cuando llegamos al aparcamiento de Col de Ceyssat (1078m), situado en la carretera D68 dentro del término municipal de Ordines, a un cuarto de hora de la capital de la Auvernia, Clermont-Ferrand, donde hemos pernoctado en un Ibis Budget, esto es, un hotel de bajo presupuesto. Según TripAdvisor y otras fuentes, el primero de los dos volcanes que vamos a subir hoy, el Puy de Dôme, es el punto turístico más visitado de toda la región de Auvergne, con más de 400.000 visitas anuales. Con varias botellas de agua y poco más en la mochila, emprendemos la marcha. Los primeros metros de camino, siempre señalizado, transcurren por un sendero de pequeño recorrido, nueve kilómetros, que rodea por completo el volcán, llamado, como no puede ser de otra manera, Le Tour du Puy de Dôme. No voy a negar que también me gustaría realizarlo, pero sin duda prefiero priorizar la ascensión a ambas cumbres.

 

Junto al Auberge des Muletiers la senda se bifurca y tomamos el sendero que sube a la cumbre, llamado Chemin des Muletiers o Camino de los Arrieros. Son unos 45 minutos de subida a través de una pista que realiza quince lazadas, todas numeradas, como es normal en un volcán, cada vez más cortas pero de mayor pendiente. Al poco cruzamos el tren cremallera, de creación bastante reciente, 2012 si no me equivoco. Su precio es bastante inferior al de Vall de Núria, unos trece euros ida y vuelta. Este recorre la antigua carretera que llevaba a la cima, que albergó entre 1952 y 1988 trece finales de etapa del Tour de Francia, incluidas la victoria de Federico Martín Bahamontes en 1959, el duelo entre Poulidor y Anquetil en 1964, el puñetazo de un espectador a Eddy Merckx en 1975 o la cronoescalada de 1983 con victoria de Ánge Arroyo y segundo puesto de Perico Delgado.

 

Conforme ganamos altura, las vistas mejoran. Es aquello de subir más alto para ver más lejos. La cadena de volcanes, llamada Chaîne des Puys, está formada por más de ochenta volcanes alineados a lo largo de más de cuarenta kilómetros. Si bien algunos se pueden intuir como tales, otros no dejan de presentar un aspecto de montaña rasa, como sucede con la zona volcánica de la Garrotxa, en Olot. En este sentido, Puy de Dôme, el más famoso y que ahora subimos, no me parece un volcán pero en cambio, su vecino, menos frecuentado y de menor altitud, Puy du Pariou, tiene un cráter perfecto y muy ancho. Por analogía, me recuerdan al tándem Teide – Pico Viejo, en Tenerife, si bien en esta ocasión no voy a pasar del uno al otro, sino que bajaré de nuevo al coche para realizar una segunda ascensión independiente de la primera.

 

Poco a poco vamos encadenando lazadas. Alba las va contando, tiene ganas de llegar a arriba. Me graba algunas escenas para mi vídeo de hoy, titulado Felicidad entre volcanes (https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY), en el que reflexiono sobre algunas claves que pueden conducirnos a la felicidad. Las dos o tres últimas cuestas son bastante empinadas para su gusto. Una vez arriba, nos encontramos con varios miradores. Las vistas son extensas, incluida la vecina Clermont-Ferrand y multitud de verdes parajes. Visitamos la tienda de recuerdos, donde me compro una postal con una vista aérea de los dos volcanes que estoy ascendiendo hoy. Observamos como multitud de alas delta emprenden el vuelo o surcan el cielo; qué sensación de libertad transmiten. Visitamos el templo de Mercurio, del siglo II después de Cristo, restaurado recientemente, al que se desviaban muchos de los que recorrían la vecina Via Agrippa entre Lyon y Saintes para rendir culto al dios del comercio. También entramos en una exposición gratuita. Aquí se levantó una de las primeras estaciones meteorológicas y Pascal llevó a cabo experimentos sobre la presión atmosférica. De hecho, la construcción de esta estación produjo el descubrimiento del templo romano dedicado a Mercurio.

 

Caminando por los senderos de la cumbre, logramos unas nuevas vistas, ahora hacia el norte, lo que nos permite ver una bonita colada de lava que me recuerda a Isla de Pascua por sus tonalidades verdes y negras mezcladas, y el magnífico cráter del Puy du Pariou que a continuación voy a ascender. Antes, no obstante, nos acercamos a la cafetería de autoservicio y comemos un par de menús. ¡Qué bien que sienta comer en las alturas! La bebida, eso sí, es algo carilla y nos conformamos con nuestro agua. De bajada, no tardamos ni media hora. De nuevo en el coche, regresamos a Orcines y tomamos la D942 dirección al parque temático Vulcania. En el aparcamiento de Goules Alba se queda junto al coche, a la sombra, mientras que yo me aventuro en el Puy de Pariou. De nuevo es una ascensión señalizada, pero no tan frecuentada como la anterior. Aquí no hay tren cremallera pero sí familias con niños pequeños. Por un tupido bosque que en parte me protege del excesivo calor del verano, alcanzo el borde del cráter en no mucho tiempo. ¡Qué bello!

 

La mitad de su perímetro está estrictamente prohibido por la fragilidad de su suelo. Por la parte permitida, lo rodeo y ello me permite tener vistas sobre Puy de Dôme, con su característica torre de telecomunicaciones. También desciendo al interior del cráter, lo cual me recuerda al volcán de Santa Margarida, en la Garrotxa, aunque este está desprovisto de ermita y sí tiene, en cambio, una espiral formada por piedras. El regreso al coche tiene lugar por la vertiente contraria, en un inicio a través de una bella pasarela de madera con multitud de escalones. Luego se trata de rodear el volcán por su base. El calor cada vez aprieta más, aquí no hay tantas sombras. A las cuatro y diez, tras correr un rato, alcanzo el coche, donde Alba juega en su tableta; se le ha pasado el tiempo volando, es lo que tienen las nuevas tecnologías. Concluimos así nuestra visita a los volcanes de Auvergne, la verdad que de casualidad, pues estamos de paso de regreso de Alemania a Barcelona y ayer, de camino al hotel, me llamó la atención la silueta de Puy de Dôme y tras buscar un poco de información, no quise perder la oportunidad de ascenderlo. En ocasiones, cuando se viaja, lo inesperado, lo no planificado, resulta ser lo mejor. 

 

No olvides visitar el vídeo de esta excursión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WmvWFXhaMfY


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jueves 13 de julio de 2017, 15:21:54

Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios

Desde el aparcamiento de Prat de Pierró alcanzamos el Estany de Sant Maurici y lo bordeamos un poco para contemplar los Encantats con el lago tal y como aparece en la icónica foto del parque nacional. Después nos dirigimos al refugio Ernest Mallafré y tras cruzar un torrente encaramos la Valleta Seca y posteriormente el pedregal hasta el Coll de Encantats. Desde aquí asaltamos al grande de los encantados, lo que conlleva una sencilla trepada en ocasiones expuesta. Una vez en la cima, la niebla no nos permite ver nada y el inicio de la lluvia nos obliga a iniciar el descenso de inmediato. Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Tras pasar la noche en Esterri d´Àneu, concretamente en Casa Nando, Alba y yo en un coche y Mónica y Jorge en otro, nos dirigimos al aparcamiento de Prat de Pierró (1652m), situado cuatro kilómetros pasado Espot. Una vez calzados correctamente y preparada la mochila, partimos hacia el Estany de Sant Maurici. Durante la aproximadamente una hora de camino aprovechamos para filmar escenas que serán la introducción musical de nuestro vídeo de la ascensión, junto con otras grabadas ayer es València d´Àneu, tanto en su iglesia como en los restos del castillo. Una vez en el lago llenamos algunas botellas vacías en la fuente, lo que nos ha permitido subir hasta aquí con menos peso, y lo bordeamos un rato para disfrutar de una buena perspectiva de las aguas con el Encantats al fondo. En la brecha, desde aquí, es posible ver a los dos cazadores petrificados un domingo durante la hora de la misa, según cuenta la leyenda.

 

Dejamos a Alba entretenida junto a la orilla, a la sombra, provista de un libro, el iPod y la comida, pues nos va a aguardar aquí unas cuantas horas. Por un lugar menos frecuente, pasando bajo una presa, accedemos al modesto refugio Ernest Mallafré (1950m), que lleva el nombre de un escalador fallecido a los 24 años de edad víctima de un alud cuando descendía el cercano pico de Monestero un 31 de diciembre. Aquí tomamos la senda que nos va a permitir, tras cruzar un riachuelo, ir ganando poco a poco altura, adentrándonos valle arriba por la Valleta Seca, desprovista de lago alguno. Una montaña piramidal llama nuestra atención: es la Pala Roia, en la Sierra de Monastero. El pico del mismo nombre queda más al fondo, cerca del pico más alto de la zona de Sant Maurici, el Peguera (2983m). Jorge y Mónica bromean sobre quién lleva más ritmo que el otro e incluso se traspasan la cuerda de una mochila a otra sin que el otro se dé cuenta en el descanso. En uno de estos como algo de pan y de chorizo y me hidrato, se nota que esta es tan solo mi quinta excursión del año.

 

Al cabo de un buen rato –qué largo se ha hecho– nos desviamos de la Valleta Seca para ascender todo un pedregal hasta el Coll de Encantats. Es un terreno muy descompuesto, puñetero de subir, además de costoso en fuerza por la pendiente. Le dedicamos otro buen rato. Casi arriba del todo, se estrecha y es preciso utilizar las manos. Al alcanzar el collado las vistas se expanden. Al fin vemos ya las dos cumbres, la del Encantat Superior, cuya trepada ya es visible, y la del Encantat Inferior, cuyo acceso está reservado a los escaladores. También se observa el sendero en el prado por el que hemos pasado de camino a Sant Maurici desde el coche, en el que nos hemos fotografiado los cuatro precisamente con el Encantat al fondo. Aprovechamos para comer, grabamos alguna escena más para nuestro vídeo de esta experiencia cumbre y emprendemos de nuevo el camino. La aproximación hasta lo que vendría a ser la canal de acceso a la cresta se hace caminando, excepto un pequeño paso rocoso que es preciso trepar. Poco a poco el cielo se va cubriendo más y puede comenzar a llover en cualquier momento, algo totalmente indeseable por la naturaleza de esta vía normal.

 

Accedemos a la canal utilizando las manos, progresando cada uno por donde lo ve más claro. Por fortuna, si bien portamos una cuerda de 18 metros, hay una larga cuerda verde instalada, lo que nos ayuda a ganar altura agarrados a ella, en especial en un resalte rocoso formado por una gran roca que quizá haya caído de más arriba y ha acabado aquí encajonada. Una vez la superamos continuamos con la trepada, cada vez más expuesta, hasta que alcanzamos la cresta y una cruz en recuerdo a alguien que debe de haberse despeñado aquí. Es un flanqueo aéreo con una caída de cientos de metros y un resbalón de producirse es letal, como recuerda la cruz. Mónica la mira fijamente. Comenta que no lo empieza a ver claro y le digo que deje de mirar a la cruz. Con cuidado pasamos al otro lado y ahora sí, iniciamos la trepada final, que luego Mónica rapelará gracias a la instalación que hay y a nuestra cuerda. Ha cogido algo de miedo y la situamos entre ambos y avanzamos bastante juntos.

 

Una vez en la instalación, caminando, se accede en un minuto a la cumbre. Lástima que la niebla nos envuelve y apenas podemos ver nada. A Jorge le da un apretón y tras filmar nuestro momento cumbre, se va al baño, pero de repente comienza a llover. ¡Jorge, que llueve! De forma inmediata iniciamos el descenso, pues la destrepada en mojado es sumamente arriesgada. Mientras Jorge monta el rápel, destrepo la mitad de la distancia hasta la cruz, donde hay un resalte y espero a Mónica. Cuando llega rapelando, destrepo el resto y luego viene ella. Finalmente Jorge recoge la cuerda y nos alcanza. Hay una piedra grande que aunque no lo parezca, se tambalea un poco, quizá algún día alguien se lleve un susto. Los aviso de que vayan con cuidado y flanqueamos el paso de la cruz. Aquí destrepamos parte de la arista hasta que encontramos el destrepe hacia la canal de la cuerda fija verde. Vamos con sumo cuidado pues está todo mojado. ¡Hay que ver lo que cuesta la bajada con respecto a la subida!

 

La cuerda va de muerte. Agarrándome y dejándome caer, supero la gran roca y sigo descendiendo con su ayuda, deben de ser unos 20 o 25 metros de cuerda doble que más arriba está pasada por una gran roca, no por una instalación. Destrepamos por la zona menos expuesta, más encajonada, que en descenso queda a mano derecha, pues bajar por las gradas herbosas, que es por donde antes han subido Jorge y Mónica, ahora en mojado sería una locura: si patinas te vas ladera abajo sin freno posible. Un flaqueo algo aéreo nos deja al fin en terreno seguro, ¡qué alivio! Más tranquilos, descendemos hasta el Coll de Encantats, donde Mónica retoma su mochila. Sorprendentemente, en pleno domingo estival, no hay nadie en esta montaña: vamos a estar entre cinco y seis horas solos, sin ver ni cruzarnos a nadie ni subiendo desde el refugio ni de regreso a él. Como ya son las tres y Alba está sola abajo hace unas cinco horas, me adelanto solo; de hecho, me gusta bajar corriendo. Ello me permite alcanzar el refugio en cuarenta minutos y a Alba en el lago de Sant Mauricio a las 15:45. Como ha llovido y hace viento, me la encuentro resguardada en el porche de la caseta de madera.

 

Bajamos a la ermita a esperarlos, que es el lugar en el que hemos quedado, con la fortuna de que de camino avistamos un ciervo. Tiene incluso manchas blancas como Bambi. Nos estamos un buen rato pero dado que se esconde tras una piedra y no parece tener intención de volver a salir pronto –creo que le va la siesta–, una holandesa primero y luego nosotros, abandonamos nuestro puesto de observación. En la ermita nos ponemos a la sombra de un árbol pero parados hace fresco, así que nos cambiamos al sol. Qué placer estar con las botas quitadas, los calcetines también, y tener los pies frescos al aire. Mónica y Jorge se demoran un rato, han tenido algún percance. Cuando llegan, iniciamos juntos el descenso y sobre las seis de la tarde alcanzamos el coche. Aún nos queda un buen trote hasta Barcelona, casi cuatro horas de coche. Además, Alba quiere parar a pasear por la Pobla de Segur y por Tremp, que le gustaron desde el coche cuando vinimos el viernes. Nos despedimos y por separado, en sendos coches, emprendemos el regreso a casa, diríase que encantados por la belleza del lugar. ¡Esperamos repetir algún día!

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk


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