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Recopilación de relatos sobre las aventuras vividas en la montaña y la naturaleza. También hay alguna galería de fotos. Si quieres ponerte en contacto conmigo escríbeme a dmiraher@terra.es
jueves 13 de julio de 2017, 15:21:54

Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios

Desde el aparcamiento de Prat de Pierró alcanzamos el Estany de Sant Maurici y lo bordeamos un poco para contemplar los Encantats con el lago tal y como aparece en la icónica foto del parque nacional. Después nos dirigimos al refugio Ernest Mallafré y tras cruzar un torrente encaramos la Valleta Seca y posteriormente el pedregal hasta el Coll de Encantats. Desde aquí asaltamos al grande de los encantados, lo que conlleva una sencilla trepada en ocasiones expuesta. Una vez en la cima, la niebla no nos permite ver nada y el inicio de la lluvia nos obliga a iniciar el descenso de inmediato. Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk

 

Tras pasar la noche en Esterri d´Àneu, concretamente en Casa Nando, Alba y yo en un coche y Mónica y Jorge en otro, nos dirigimos al aparcamiento de Prat de Pierró (1652m), situado cuatro kilómetros pasado Espot. Una vez calzados correctamente y preparada la mochila, partimos hacia el Estany de Sant Maurici. Durante la aproximadamente una hora de camino aprovechamos para filmar escenas que serán la introducción musical de nuestro vídeo de la ascensión, junto con otras grabadas ayer es València d´Àneu, tanto en su iglesia como en los restos del castillo. Una vez en el lago llenamos algunas botellas vacías en la fuente, lo que nos ha permitido subir hasta aquí con menos peso, y lo bordeamos un rato para disfrutar de una buena perspectiva de las aguas con el Encantats al fondo. En la brecha, desde aquí, es posible ver a los dos cazadores petrificados un domingo durante la hora de la misa, según cuenta la leyenda.

 

Dejamos a Alba entretenida junto a la orilla, a la sombra, provista de un libro, el iPod y la comida, pues nos va a aguardar aquí unas cuantas horas. Por un lugar menos frecuente, pasando bajo una presa, accedemos al modesto refugio Ernest Mallafré (1950m), que lleva el nombre de un escalador fallecido a los 24 años de edad víctima de un alud cuando descendía el cercano pico de Monestero un 31 de diciembre. Aquí tomamos la senda que nos va a permitir, tras cruzar un riachuelo, ir ganando poco a poco altura, adentrándonos valle arriba por la Valleta Seca, desprovista de lago alguno. Una montaña piramidal llama nuestra atención: es la Pala Roia, en la Sierra de Monastero. El pico del mismo nombre queda más al fondo, cerca del pico más alto de la zona de Sant Maurici, el Peguera (2983m). Jorge y Mónica bromean sobre quién lleva más ritmo que el otro e incluso se traspasan la cuerda de una mochila a otra sin que el otro se dé cuenta en el descanso. En uno de estos como algo de pan y de chorizo y me hidrato, se nota que esta es tan solo mi quinta excursión del año.

 

Al cabo de un buen rato –qué largo se ha hecho– nos desviamos de la Valleta Seca para ascender todo un pedregal hasta el Coll de Encantats. Es un terreno muy descompuesto, puñetero de subir, además de costoso en fuerza por la pendiente. Le dedicamos otro buen rato. Casi arriba del todo, se estrecha y es preciso utilizar las manos. Al alcanzar el collado las vistas se expanden. Al fin vemos ya las dos cumbres, la del Encantat Superior, cuya trepada ya es visible, y la del Encantat Inferior, cuyo acceso está reservado a los escaladores. También se observa el sendero en el prado por el que hemos pasado de camino a Sant Maurici desde el coche, en el que nos hemos fotografiado los cuatro precisamente con el Encantat al fondo. Aprovechamos para comer, grabamos alguna escena más para nuestro vídeo de esta experiencia cumbre y emprendemos de nuevo el camino. La aproximación hasta lo que vendría a ser la canal de acceso a la cresta se hace caminando, excepto un pequeño paso rocoso que es preciso trepar. Poco a poco el cielo se va cubriendo más y puede comenzar a llover en cualquier momento, algo totalmente indeseable por la naturaleza de esta vía normal.

 

Accedemos a la canal utilizando las manos, progresando cada uno por donde lo ve más claro. Por fortuna, si bien portamos una cuerda de 18 metros, hay una larga cuerda verde instalada, lo que nos ayuda a ganar altura agarrados a ella, en especial en un resalte rocoso formado por una gran roca que quizá haya caído de más arriba y ha acabado aquí encajonada. Una vez la superamos continuamos con la trepada, cada vez más expuesta, hasta que alcanzamos la cresta y una cruz en recuerdo a alguien que debe de haberse despeñado aquí. Es un flanqueo aéreo con una caída de cientos de metros y un resbalón de producirse es letal, como recuerda la cruz. Mónica la mira fijamente. Comenta que no lo empieza a ver claro y le digo que deje de mirar a la cruz. Con cuidado pasamos al otro lado y ahora sí, iniciamos la trepada final, que luego Mónica rapelará gracias a la instalación que hay y a nuestra cuerda. Ha cogido algo de miedo y la situamos entre ambos y avanzamos bastante juntos.

 

Una vez en la instalación, caminando, se accede en un minuto a la cumbre. Lástima que la niebla nos envuelve y apenas podemos ver nada. A Jorge le da un apretón y tras filmar nuestro momento cumbre, se va al baño, pero de repente comienza a llover. ¡Jorge, que llueve! De forma inmediata iniciamos el descenso, pues la destrepada en mojado es sumamente arriesgada. Mientras Jorge monta el rápel, destrepo la mitad de la distancia hasta la cruz, donde hay un resalte y espero a Mónica. Cuando llega rapelando, destrepo el resto y luego viene ella. Finalmente Jorge recoge la cuerda y nos alcanza. Hay una piedra grande que aunque no lo parezca, se tambalea un poco, quizá algún día alguien se lleve un susto. Los aviso de que vayan con cuidado y flanqueamos el paso de la cruz. Aquí destrepamos parte de la arista hasta que encontramos el destrepe hacia la canal de la cuerda fija verde. Vamos con sumo cuidado pues está todo mojado. ¡Hay que ver lo que cuesta la bajada con respecto a la subida!

 

La cuerda va de muerte. Agarrándome y dejándome caer, supero la gran roca y sigo descendiendo con su ayuda, deben de ser unos 20 o 25 metros de cuerda doble que más arriba está pasada por una gran roca, no por una instalación. Destrepamos por la zona menos expuesta, más encajonada, que en descenso queda a mano derecha, pues bajar por las gradas herbosas, que es por donde antes han subido Jorge y Mónica, ahora en mojado sería una locura: si patinas te vas ladera abajo sin freno posible. Un flaqueo algo aéreo nos deja al fin en terreno seguro, ¡qué alivio! Más tranquilos, descendemos hasta el Coll de Encantats, donde Mónica retoma su mochila. Sorprendentemente, en pleno domingo estival, no hay nadie en esta montaña: vamos a estar entre cinco y seis horas solos, sin ver ni cruzarnos a nadie ni subiendo desde el refugio ni de regreso a él. Como ya son las tres y Alba está sola abajo hace unas cinco horas, me adelanto solo; de hecho, me gusta bajar corriendo. Ello me permite alcanzar el refugio en cuarenta minutos y a Alba en el lago de Sant Mauricio a las 15:45. Como ha llovido y hace viento, me la encuentro resguardada en el porche de la caseta de madera.

 

Bajamos a la ermita a esperarlos, que es el lugar en el que hemos quedado, con la fortuna de que de camino avistamos un ciervo. Tiene incluso manchas blancas como Bambi. Nos estamos un buen rato pero dado que se esconde tras una piedra y no parece tener intención de volver a salir pronto –creo que le va la siesta–, una holandesa primero y luego nosotros, abandonamos nuestro puesto de observación. En la ermita nos ponemos a la sombra de un árbol pero parados hace fresco, así que nos cambiamos al sol. Qué placer estar con las botas quitadas, los calcetines también, y tener los pies frescos al aire. Mónica y Jorge se demoran un rato, han tenido algún percance. Cuando llegan, iniciamos juntos el descenso y sobre las seis de la tarde alcanzamos el coche. Aún nos queda un buen trote hasta Barcelona, casi cuatro horas de coche. Además, Alba quiere parar a pasear por la Pobla de Segur y por Tremp, que le gustaron desde el coche cuando vinimos el viernes. Nos despedimos y por separado, en sendos coches, emprendemos el regreso a casa, diríase que encantados por la belleza del lugar. ¡Esperamos repetir algún día!

 

Visita nuestro vídeo de la ascensión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=P3_Wzg9arCk


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martes 11 de julio de 2017, 20:05:56
08-07-17: Por Sant Maurici hasta el Refugio de Amitges
Tipo de Entrada: RELATO | 2 Comentarios

Desde el aparcamiento de Prat de Pierró, a pocos kilómetros de Espot, accedemos al Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici. En una hora nos plantamos en el lago y un par de horas después, tras pasar por la cascada de Ratera y el Estany de Ratera y el de la Cabana, alcanzamos el refugio de Amitges (2367m). La aguja superior y el pico de Amitges deberán quedar para otra ocasión. Puedes ver el vídeo de la ascensión al Encantats del día siguiente aquí: https://youtu.be/P3_Wzg9arCk

 

Puedes ver el vídeo de la ascensión al Encantats del día siguiente aquí: https://youtu.be/P3_Wzg9arCk

 

Tras pasar la noche en Esterri d´Àneu, localidad de referencia de la zona, situada en el valle del Noguera Pallaresa, hacia las ocho de la mañana nos levantamos y desayunamos. Una vez preparada la mochila, partimos en coche hacia Espot, pueblo situado a mayor altitud a unos siete kilómetros de distancia. Una vez en él cogemos la pista asfaltada que en cuatro kilómetros nos deja en el aparcamiento de Prat de Pierró (1652m), donde se encuentra la barrera y el guarda que impide el paso a todo aquel vehículo no autorizado, lo que permite el paso de taxis 4x4. Antes de aparcar hay que detenerse para que te entregue en mano un folleto con la normativa del parque, lo que conlleva volver a acelerar y contaminar más de lo necesario el aire de la zona. La normativa incluye varias limitaciones que no comparto, como “únicamente se puede pernoctar en el interior de los refugios”, lo que prohíbe tanto la acampada como, sorprendentemente, el vivac, o “no está permitido bañarse en los ríos y los lagos”.

 

Nos apeamos a las nueve en punto y sin más dilación partimos. La subida hasta Sant Mauricio viene a ser unos 3,5km y unos 250m de desnivel, esto es, una hora aproximadamente de caminata. Los primeros cuatrocientos metros tienen lugar a través de una pasarela de madera que transcurre por el bosque, lo que permite su disfrute a las personas que se desplazan en silla de ruedas. A mí, la verdad, me parece un buen lugar para jugar al minigolf, algo que a Alba le parece descabellado. Hacerlo pendiente abajo iría de fábula y el primero en llegar con la pelota hasta el aparcamiento ganaría; si te sales de la pasarela, pues pierdes. En tal discusión andamos entablados cuando la pasarela finaliza y cruzamos el río Escrita por un puente, que nos permite acceder a unos prados floridos por los que seguimos progresando valle arriba. Tan sólo echamos en falta a Heidi.

 

El pequeño de los Encantados se muestra puntiagudo, piramidal. Su hermano mayor, que mañana ascenderé en compañía de Jorge y Mónica –Alba nos aguardará en Sant Maurici– resta oculto a la vista tras el primero. Un frondoso bosque con multitud de abetos y algunos pinos anima la vista y nos protege del calor estival, si bien hoy está bastante nublado. Llegados a la ermita, la visitamos previa parada obligada en una generosa fuente de agua fresca. Parece una construcción bastante moderna y tiene anexo un diminuto refugio libre al que entro. Valle arriba, en unos pocos cientos de metros, llegamos al desvío al refugio Ernest Mallafré, que lleva el nombre de un montañero que murió muy joven, con unos 22 años, por un alud en el descenso en esquí del cercano pico de Monestero. Hoy pasamos de largo –para ascender al Encantats sí debería tomarse– y en pocos minutos llegamos a una caseta de madera: es un lavabo que funciona sin agua y sin productos químicos. Unas divertidas viñetas explican en su interior su funcionamiento.

 

Al llegar a Sant Maurici nos encontramos con toda la gente que sube hasta aquí en taxi 4x4. En el sendero, en cambio, apenas hemos visto a nadie. En sus cristalinas aguas, me imagino que libres de orín por la prohibición del baño, hay pececillos que quizá busquen un agua más cálida junto a la orilla o un lugar más inaccesible a sus depredadores. Aquí hay otra fuente, de la cual también bebo antes de partir hacia la cascada de Ratera. Bordeando el lago hay grandes vistas sobre el Encantats, ahora sí, tanto del pequeño como del grande. Incluso en la enforcadura, esto es, en el collado que los separa, se observan los dos cazadores “encantados”, convertidos en piedra, que según la leyenda perseguían a un rebeco una mañana dominical a la hora de la misa, según algunas versiones, también tras haberse burlado de los fieles y hasta del santo. Mañana estaré en lo alto del Superior (2748m).

 

La cascada de Ratera no parece nada del otro mundo. De hecho no me parece ni una cascada, más bien un torrente pedregoso bastante inclinado. El salto de agua queda más arriba del mirador. Por terreno pedregoso y empinado que a la vuelta nos evitaremos gracias a la pista, accedemos precisamente a esta, que nos conduce ahora sí a un bello paraje, el lago de Ratera. El tiempo está cambiando y lo que son gotas dispersas, se acaba transformando en una ligera lluvia con fuerte viento y algún trueno un poco más arriba. Saco de la mochila dos capelinas ligeras pero viendo el percal decidimos darnos la vuelta a la altura del Estany de la Cabana o de la Bassa. En ese momento pasa un taxi y a Alba le parece ver a alguien reírse de nosotros por nuestra penosa situación. Yo no lo creo, quizá hablaban de algo divertido, si bien no lo descarto en una sociedad que propicia la burla ante la desgracia ajena, por ejemplo ante una caída.

 

Junto al desvío al Portarró d´Espot, dado que aquí abajo no da el viento, ya no hay truenos y parece que la fina lluvia amaina, nos sentamos sobre una roca y abro una bolsa de patatas fritas. Cerca de nosotros, un chico que viste tejano y abrigo rojo se come una bolsa de cacahuetes que parece no tener fin mientras sus dos compañeros han proseguido hacia el refugio de Amitges bajo la lluvia. De repente, para estupefacción mía, se nos para delante un turismo ordinario, de marca Nissan, bastante nuevo, nada que ver con el resto de taxis 4x4, que son todos antiguos. Resulta curioso que no es posible subir en bicicleta pero sí en 4x4; o que no puedes estirar tu saco sobre la hierba mientras los taxis suben y bajan; o que no te puedes remojar los pies en pleno verano pero sí esquiar a pocos kilómetros en invierno fuera de sus límites.

 

Hay que ver lo rápido que cambia el tiempo aquí arriba. Ante su mejora, emprendemos de nuevo la subida hasta el Estany de la Cabaña y después, con una pendiente más pronunciada y diría que con un pavimento enlosado a tramos, ganamos rápidamente altura hasta plantarnos en los 2367m del refugio de Amitges, un espectacular refugio de montaña que casi parece un hotel, propiedad del Centre Excursionista de Catalunya, el club excursionista más antiguo del España (año 1876). Desprovistos de las botas de montaña, lo visitamos en zapatillas. A través de la ventana obervo la presa del cercano lago y lo poco que asoman sus aguas. Sin poder evitarlo, me dirijo bajo la lluvia hasta él mientras Alba me espera aquí. Se trata del Estany Gran d´Amitges, un bello lago escoltado por las graníticas Agulles d´Amitges. Mi intención de hoy era subir hasta la aguja superior o hasta el pico de Amitges, pero no va a poder ser.

 

De nuevo en el refugio, vamos al comedor y nos pedimos un par de bocatas: Alba de tortilla de queso (6€) y yo de atún (5€). Además, compramos una capelina del Parque Nacional (6€) para Alba, pues las nuestras son bastante rudimentarias. Me parece un albergue bonito y no me importaría dormir aquí. Eso sí, nos saldría más caro que la habitación doble con baño que tenemos en Esterri d´Àneu estos tres días en Casa Nando, con acceso a cocina y sala de estar (40€). Quizá algún día pernocte aquí y pueda ascender tanto a la aguja como al pico, me ha gustado el lugar. Tras comer intentamos jugar al juego de mesa de las cuatro en raya en dos ocasiones, pero está algo deteriorado y se nos caen todas las fichas sobre la mesa. De todas formas, no insistimos mucho: como sorprendentemente ha salido el sol, aprovechamos para irnos. Con una ventana de buen tiempo de dos horas, nos podemos plantar en el coche secos.

 

De nuevo visito el lago, esta vez con Alba, que me fotografía con las agujas de Amitges junto a la otra orilla. El circo y el collado me tientan pero como ya he dicho tendrán que ser en otro momento. Bordeo el lago y me acerco a sus dos lagos vecinos mientras Alba me espera en el refugio: el Estany de la Munyidera y el Estany dels Barbs. Desde aquí, según un poste indicador, es posible alcanzar en tres horas tanto el refugio de Saboredo (3h) como el de Colomers (3h). De nuevo con Alba, pasadas las dos del mediodía, iniciamos el regreso por la pista forestal hasta Sant Maurici, ahorrándonos el tramo rocoso y más largo de la cascada de Ratera. En Sant Maurici, lago que da la mitad del nombre al parque nacional –a la otra mitad, llamada Aigüestortes, se accede por Vall de Boí y Cavallers–, tomamos de nuevo la senda de excursionistas, más directa para descender hasta Prat de Pierró que la pista de taxis. Ganando algo de tiempo respecto a los postes indicadores, a las cuatro y cuarto llegamos al coche. Buena hora, pues a las cinco en Esterri d´Àneu hay un pasacalles que Alba no quiere perderse y voy a tener tiempo incluso de ducharme antes de presenciar el “ball de bastons”. Además, también vamos a tener tiempo de visitar después el vecino pueblo de València d´Àneu y su zona arqueológica, que incluye los restos del castillo, antes de que llegue Jorge y Mónica de Barcelona para acometer mañana el Gran Encantat. Pero eso ya será otra historia…

 

Puedes ver el vídeo de la ascensión al Encantats del día siguiente aquí: https://youtu.be/P3_Wzg9arCk


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viernes 5 de mayo de 2017, 20:27:40

Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios

En compañía de Alba, Estela, Dani, Siria y Paco recorro el GR-92 en la comarca del Baix Empordà, en concreto entre los pueblos de Tamariu y Palamós pasando por Llafranc y el fotogénico Calella de Palafrugell, siendo gran parte de la ruta al borde del mar por el camino de ronda. En total unos 20km en unas cinco horas y media de caminar tranquilo con paradas incluidas.

 

Pasan algunos minutos de las diez, la hora de encuentro, cuando llego con Alba a la gasolinera que hay en Palamós de bajo coste, junto a la salida 324 de la C-31. Aun así, somos los primeros en llegar. Al cabo de un rato llegan Estela y Dani por un lado y Paco y Siria por otro. Esta última, dado que hoy es Sant Jordi, me regala un libro de los Simpsons de título Montgomery Burns: Manual para dominar el mundo. Es en clave de humor y tiene bastante parafernalia dentro. Dejamos mi coche aquí mismo y en los otros dos nos vamos para Tamariu, un pequeño pueblo de menos de trescientos habitantes enclavado entre acantilados al que se accede a través de una carretera llena de curvas que baja en picado hasta su recóndito emplazamiento. En una chuleta para llegar me he anotado en las rotondas o cerca de ellas, un MaxiDia, un Aldi y un Mercadona, sólo falta el Lidl para el póker de hipermercados.

 

A las once o así exploramos el pequeño pueblo, sobre todo su paseo marítimo. En unas rocas, junto a la playa, gozamos de una gran vista de su fachada marítima junto a una escultura de bronce que representa a una escórpora, obra de Albert Cruells. Si bien este pez venenoso apenas llega a los veinte centímetros en la realidad, esta obra de arte mide un metro setenta y pesa ciento ochenta kilos. Junto a él grabo la introducción de un vídeo que voy a grabar para mi canal de Youtube Feliz Éxito, titulado 7 errores que la gente exitosa no comete  y que puedes ver aquí (incluye 10 escenarios de esta excursión diferentes: https://www.youtube.com/watch?v=obk-bru4yCI ).

 

Una vez de vuelta al paseo marítimo, mientras los demás lo recorren, con Alba me meto por la calle interior paralela, este pueblo básicamente tiene tres calles: esta, el paseo marítimo y la riera. Al llegar a esta tomamos las marcas blancas y rojas del GR-92, que no vamos a abandonar hasta llegar a Palamós unos veinte kilómetros más adelante. A su paso por Cataluña, este sendero de gran recorrido recorre el litoral desde Portbou hasta Ulldecona y yo he tenido la fortuna –y desfortuna, por algunos tramos urbanizados– de completar algunas de sus etapas. La que nos ocupa hoy la recorrí en 2011, hace seis años, y sin duda es más recomendable que otros tramos.

 

Nada más salir del pueblo nos encontramos un trampolín para saltar al mar. Si bien la época es ideal pues ni hace frío ni está atestado de turistas, hay un extranjero saltando mientras su novia, en bikini, lo graba desde la orilla, tanto su salto como cuando nada hasta ella. Una vez finaliza la grabación, me sitúo en el extremo de este. Bajo mí, el agua cristalina y fría del Mediterráneo. Siria me inmortaliza y mientras me toman algo de ventaja, aprovecho para seguir grabando mi vídeo junto al agua. Una pequeña ola casi me alcanza, cosa que aprovecho para añadirla como toma falta al final del vídeo final editado.

 

Menuda pasada transitar por la Costa Brava primigenia, llena de pinos, tal cual era antes de ser arrasada por la edificación de chalets de lujo dispersados aquí y allá y multitud de urbanizaciones. Sería posible acercarse al agua a través de las rocas en cualquier momento, pero no llegaríamos nunca a Palamós. Hay algún bañista primaveral, algún pescador, alguna pareja de enamorados… De esta guisa afrontamos el descenso en picado a una cala formada por cantos rodados en vez de arena. Me refiero, claro está, a Cala Pedrosa, un enclave idílico con un chiringuito que parece una casa de pueblo, también pintado de blanco, sin acceso motorizado. Adiós botas y adiós calcetines. Dentro del agua, grabo el tercer error que la gente exitosa no comete: tomar decisiones impulsado por el miedo y la duda. Paco quiere tomarse una cerveza en el chiringuito pero finalmente dice poder esperar hasta llegar al siguiente pueblo.

 

Abandonamos Cala Pedrosa tierra adentro, afrontando una gran subida. El GR-92 se aleja temporalmente del mar para subir hasta el Faro de Sant Sebastià. El acceso no es muy bonito, es a través del campo, hasta cuando ya falta poco y te asomas a los acantilados desde una altura de 169metros sobre el nivel del mar. Hay multitud de cactus que son una especie invasora según un plafón informativo. Junto al poblado ibérico de San Sebastián de la Guarda, de hace 2600 años, nos comemos el bocadillo sentados en unos bancos a la sombra. Paco, riojano, abre un buen vino de su tierra que entra muy bien. Son la una y algo –cierra a las dos– así que aprovechamos para subir a la Torre de Guaita de Sant Sebastià, cual torre de castillo. Su entrada cuesta un euro pero al ser Sant Jordi hoy es gratis. ¡Menudas vistas! Los dos próximos pueblos son bien visibles pero no así Palamós, que queda oculto a la vista. Abajo, los invitados de una boda disfrutan de un refrigerio con vistas al mar.

 

Por último, visitamos el Faro de San Sebastián, el más potente del levante de la Península. Hay una especie de terraza “chill out” que a Jorge le gusta bastante, tiene pinta de ser bastante caro. Es hotel y restaurante si no me equivoco. Junto a un mirador, nos fotografiamos y afrontamos la bajada a Llafranc a través de una carretera poco transitada que curvea, escoltada por algunos chalets de alto standing con vistas al mar. A través de unas escaleras accedemos al paseo marítimo, que está en obras. Aquí también hay bañistas tomando el sol y algunos incluso tomando un baño primaveral. En una heladería nos abastecemos de algún helado –aunque no yo– y al otro lado del paseo, multitud de escaleras nos esperan para abandonarlo y volver a tomar altura. Un bonito paseo que lleva el nombre de un fotógrafo nos conduce pasando por algunos túneles peatonales hasta Calella de Palafrugell, el pueblo más fotogénico de la jornada.

 

Recorremos su fachada marítima, dividida en dos playas separadas por un promontorio rocoso urbanizado. Las barcas de pescadores se sitúan junto a unas arcadas blancas, junto a bañistas que toman el sol y turistas que en las terrazas toman el vermut. ¡Hay quien no se estresa para visitar monumentos! Con Alba me acerco a ver la iglesia, también blanca como las casas, mientras que Paco se compra una cerveza y Estela y Dani van avanzando pues creen que se nos está haciendo tarde. Dado que comienzan a tener algo de “prisa”, seguimos por el GR-92 hasta la playa del Castell a través del GR-92, que se mete hacia el interior y sube bastante a través de la montaña, en vez de seguir el camino de la cabaña de Dalí o el que recorre las calas. Se hace bastante pesado y gracias a un atajo ganamos distancia y tiempo.

 

Una vez en la playa del Castell, seguimos hacia el núcleo urbano pasando primero por la Platja Fosca, donde hace seis años, cuando vine con mis hermanas pequeñas y otra gente, dejamos los coches. Esta vez lo tenemos en la otra punta del pueblo, en la gasolinera que antes comenté, un fácil punto de encuentro pero que ahora nos queda bastante lejos. De camino, pasamos por el cementerio y como a Alba le gusta, se mete a verlo con Siria y Paco mientras yo me como unas galletas en un banco con la gente velando a un muerto enfrente, curiosa escena. Estela y Dani nos aguardan fuera. En la puerta me llama la atención un reloj de arena con una calavera y alas. Sin duda el tiempo vuela y como suelen poner en boca de los que descansan eternamente, “yo que fui lo que tú eres, tú serás lo que yo soy”. Siempre me acuerdo de esta frase en los cementerios desde que me la encontré en uno en el Camino de Santiago hace ya más de diez años.

 

Una vez en la gasolinera, no vamos en mi coche yo y los otros dos conductores –Dani y Paco– hasta Tamariu y regresamos a Palamós a por Alba, Siria y Estela. Nos despedimos, repostamos y emprendemos el camino de regreso. Los años pasan, la gente cambia, pero los GR, los pueblos, las playas y las calas siguen ahí. Incluso los poblados ibéricos, los faros o los paseos marítimos. Las aguas cristalinas, los pinares originarios de la Costa Brava y la brisa marina. Y sin duda seguirán aquí cuando nosotros ya no estemos. Aprovechémoslos mientras podamos… el tiempo vuela, y la vida también.

 

Si quieres ver el vídeo que he grabado en esta excursión, de menos de 4 minutos y en el que aparecen 10 escenarios de la excursión, aquí lo tienes: https://www.youtube.com/watch?v=obk-bru4yCI También te invito a suscribirte a mi canal. Un saludo :-)


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