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Recopilación de relatos sobre las aventuras vividas en la montaña y la naturaleza. También hay alguna galería de fotos. Si quieres ponerte en contacto conmigo escríbeme a dmiraher@terra.es
lunes 2 de abril de 2018, 17:31:50
30-03-18: Raqueteando por Rasos de Peguera
Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de mi amigo David y de Marcos, un seguidor de Feliz Éxito de Rubí, paso una tranquila mañana dominical raqueteando en Rasos de Peguera, antaño la estación de esquí más cercana a Barcelona.

 

Pasan pocos minutos de las 9, la hora acordada, cuando David me recoge en Sallent Sud, el lugar de encuentro acordado para compartir un rato de viaje y ahorrar combustible. Viene acompañado de Marcos, un seguidor de Feliz Éxito de Rubí con ganas de conocernos en persona. A través de la C-16 llegamos a Berga y tomamos la carretera a Rasos de Peguera. A diferencia de hace unas semanas, cuando llegamos más tarde y tuvimos que aparcar bastante abajo, hoy sí podemos estacionar en el Coll del Cabrer, el punto más elevado de la carretera. Junto al aparcamiento, un gran Cristo llama la atención. También es llamado este lugar como Coll del Sant Crist.

 

Preparamos las mochilas y nuestras raquetas y vamos a la furgoneta que en el aparcamiento, además de vender bocadillos y refrescos, alquila raquetas de nieve. Marcos se las pilla por diez euros sin necesidad de dejar ningún depósito, simplemente le preguntan su nombre y DNI. Resulta que son las mismas que tenemos David y yo, las TSL-225, incluso del mismo color, azules, sin bien a diferencia de las nuestras, se ven bastante descoloridas. Le pregunto al chico si conoce alguna ruta para realizar por aquí, y nos emplaza al poste indicador que hay al otro lado del aparcamiento.

 

El collado en el que hemos aparcado, situado a 1836m de altitud, ha sido final de etapa de la Vuelta a España en dos ocasiones, en concreto en las ediciones de 1981 y 1984. En la primera partieron de Esparraguera y el ganador fue el español Vicente Belda, mientras que en 1984 el primero en llegar a aquí, desde Sant Quirze del Vallès, fue Éric Caritoux, manteniendo Pedro Delgado el liderato, que finalmente perdió frente al francés proclamándose este último vencedor en Madrid. Lejos del bullicio y ajetreo que toda prueba deportiva conlleva, iniciamos la marcha con apenas unas pocas familias en el lugar: todavía es temprano. Aquí la nieve hace las delicias de los niños, provistos de trineos y de ganas de construir muñecos de nieve.

 

Remontamos una pala nevado junto a un remontador verde abandonado de la antigua estación de esquí de Rasos de Peguera, la única de la provincia de Barcelona y uno de los primeros lugares en los que se practicó esquí en Cataluña, hacia 1908. Marcos hace como quince años que no pisa la nieve, pero se defiende bastante bien. Lo que le cuesta, es sujetarse bien las raquetas al calzado, recién comprado para la ocasión, de manera que ha de volvérselas a colocar en varias ocasiones. Además, la falta de polainas hace que le entre nieve en el interior de la bota. Para ser primavera y estar a tan solo dos mil metros de altitud, hay muchísima nieve acumulada.

 

En lo alto de la pala, donde finaliza el antiguo remontador, paramos a hidratarnos y a comer algo. El día está bastante nublado y con niebla, pero a ratos se levanta y aparecen tanto el sol como las vistas. El viento, persistente, nos produce una sensación de frío al detenernos. Iniciamos un descenso, en el que adelantamos a un grupo de unos quince raqueteadores con guía, quienes se dan la vuelta y emprenden el regreso. “Para ser el primer día ya está bien”, se escucha. Ascendemos a una montaña cercana que tiene en la cima un bloque de piedra, con un escudo metálico de 1978 de un centro excursionista y un belén metálico. Algunos la llaman El Pedró, como por ejemplo en el mapa de Editorial Alpina, y otros Rasos de Baix (2051m), si no me equivoco. Volvemos a descansar y una pareja que llega nos toma una foto de grupo.

 

Raqueteamos pendiente abajo hacia una especie de ancho collado comunicado con una cumbre vecina que también coronamos. Esta tiene un vértice geodésico en medio del bosque que a primera vista parece diminuto pero resulta que en su mayor parte está cubierto por la nieve. Nos metemos en el bosque de regreso al aparcamiento. También abro huella por lugares alejados de las pisadas del sendero de pequeño recorrido, qué disfrute. Encontramos lo que debe de ser una antigua pista abandonada, con bosque a ambos lados, y David pierdes altitud a gran velocidad, con nosotros detrás. Cuando sale el sol, se ve todo muy bonito. Enfrente tenemos la Gallina Pelada, que nos trae gratos recuerdos de excursiones pasadas, y un collado cercano junto a una gran pared, el Coll Estret junto a Roca Blanca.

 

Como la entrega de las raquetas es hacia las tres y todavía son las dos y poco, buscamos bajo un árbol un lugar para comer. Conversamos de inquietudes varias, como las criptomonedas, la libertad financiera y en especial, sobre el paso de los años y la necesidad de acometer cosas que nos gusten y nos hagan ilusión, porque si no la rutina se te come, el tiempo pasa y al final los sueños quedan aparcados. Compartimos inquietudes y posibles proyectos futuros o incluso pasados, como mi periplo sudamericano de hace año y medio. Inspirado en esta parada para comer, grabaré este vídeo mañana: https://youtu.be/Vas-Y0WuVVU

 

Cerca de las tres, devolvemos las raquetas de Marcos y emprendemos el regreso a Sallent Sud. Lo bueno de compartir coche, además del ahorro económico y medioambiental, es que uno puede compartir conversación. Incluso junto a mi coche, antes de separarnos definitivamente por hoy, le seguimos dando vueltas a algunas cosas e inquietudes. Esperamos volver a encontrarnos pronto con Marcos. De momento, ellos tiran para Rubí y Hospitalet y yo para casa, tras pasar una agradable mañana con las raquetas de montaña, en los dosmiles más meridionales de Cataluña, sin salir de la provincia de Barcelona. ¡Otro día más!


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sábado 17 de marzo de 2018, 23:13:28

Tipo de Entrada: RELATO | 2 Comentarios

En compañía de Jorge asciendo por la Canal del Pou del Gat y la Canal Plana desde la Colònia Puig, junto a Sant Benet, hasta alcanzar tras un entretenido recorrido aéreo con una estrechísima canal final el punto culminante de Tebaida, el Elefante (1156m), junto a agujas como la Momia y la Preñada.

 

Pasan pocos minutos de las nueve y media, la hora acordada, cuando llego al aparcamiento situado enfrente de la abandonada Colonia Puig, próxima al monasterio de Sant Benet. Se trata de un antiguo hotel de lujo convertido en hospital de guerra durante la Guerra Civil, actualmente en estado ruinoso y visitado por amantes de lo abandonado y de los fenómenos paranormales. En su interior, el inventor del futbolín, Alejandro Finisterre, recuperándose de heridas de guerra, construyó el primer futbolín con la ayuda de un carpintero de Monistrol.

 

Jorge ha llegado hace unos pocos minutos. Quizá me haya tomado la delantera cuando me he detenido a repostar pasado Terrassa, al inicio del tramo de media docena de radares consecutivos. Como sucede en la N-340 o la N-II, aquí, en la C-58, se ha dejado la vida muchísima gente porque la alternativa más segura es de peaje. Le comento que otro día podemos quedar más cerca, por ejemplo en el IKEA de Sabadell, y nos ahorraremos cerca de 80km de combustible entre ida y vuelta, lo que beneficia tanto al medio ambiente como a nuestros bolsillos y ganas de tertulia.

 

Una vez lista la mochila, partimos hacia la canal del Pou del Gat. Para alcanzarla, primero subimos a través de un sendero, ganando bastante desnivel, hasta la carretera que va a Santa Cecília. En ella caminando un rato en sentido al monasterio de Montserrat, cual peregrinos que retornan de Santiago, tomamos un nuevo sendero que, mapa en mano, nos deja al inicio de la Canal del Pou del Gat (672m), señalizada con un poste de madera. Esta tiene algún tramo entretenido, rocoso y resbaladizo por la humedad, en el que hay que extremar las precauciones, en especial el equipado con una cuerda a modo de pasamanos.

 

A la salida de la canal (865m) un nuevo canal nos recibe. Esta vez no es el Camí dels Degotalls, sino el GR que tomamos a mano derecha en sentido Can Maçana. No tardamos en abandonarlo para tomar una nueva canal, la Canal Plana, no señalizada pero fácilmente localizable mapa en mano, pues en este punto el GR describe una gran curva y estamos justo en el centro. La canal no tiene nada de plana, no hace honor a su nombre. Jorge, como siempre, va a toda máquina y yo intento seguirlo. Lleva más excursiones en lo que va de 2018, que yo en los últimos dos años, si bien mi inferior edad compensa esto en parte.

 

Al salir arriba al collado, al mundo exterior, las vistas la verdad es que son algo decepcionantes. Para remediarlo, ascendemos a una aguja cercana fácilmente accesible, con grandes vistas hacia la vertiente de la que venimos. A lo lejos se ven el Montseny, La Mola, el Montcau, Manresa, Sallent, el Prepirineo y el Puigmal. Mapa en mano, nos dirigimos hacia la cumbre del Elefante. Qué pasada tener un mapa de escala 1:5000, cada centímetro son tan solo 50 metros en la realidad, apenas medio minuto de caminata. No conozco ningún otro lugar con un mapa tan detallado de la Editorial Alpina.

 

La subida al Elefante es tranquila y solitaria. De hecho, no nos hemos encontrado con nadie ni en ninguna de las dos canales ni aquí. En cambio, enfrente, en la zona de la Gorra Frígia, no paran de pasar personas que se dirigen de Sant Joan a Sant Jeroni. El terreno es algo aéreo, todo terreno rocoso conglomerado. Cerca hay una aguja con forma de mono pero de nombre La Preñada, me temo que la barriga debe de estar en otra vertiente no visible desde aquí. Llegamos a la estrecha canal que da acceso a la cima. Jorge se queda empotrado, intentando avanzar. En las fotos solo aparece un culo. Yo me deshago de la mochila y como soy delgado, la supero de lado.

 

En lo alto de la aguja, coronada por un hito de piedras que sostiene un palo, nos tomamos una foto, miramos a nuestro alrededor el paisaje y abandonamos rápidamente la cima somital que Jorge tan aventurera y venturosamente ha hollado. Para descender la estrecha canal Jorge me lanza su mochila para abajo y una vez reunidos, al sol, desayunamos unas galletas de chocolate Bon Area, unas nueces y unas barritas energéticas con vistas a la Gorra Frígia. Tengo buenos recuerdos de haber estado ahí arriba anclado a la cruz con mi kit de vía ferrata, cuando todavía no estaba desinstalada la vía de acceso para los no escaladores.

 

Deshacemos con cuidado el trecho rocoso hasta el sendero y esta vez, en vez de regresar a la canal Plana, tomamos el sentido contrario y en pocos minutos nos plantamos en la increíble ermita de Sant Salvador, menuda pasada de refugio libre para pernoctar con grandes vistas al mar y el Tibidabo, entre otros. ¡Menudo debe de ser el amanecer aquí! Un chico nos fotografía juntos –será la única foto en la que salgamos los dos– e investigamos el depósito de agua, al borde del vacío, repleto de renacuajos. En el interior de la ermita hay hoguera y una mesa de aspecto muy antiguo, además de un dibujo colorido de aspecto infantil.

 

Cerca trepamos hasta una triple arcada pero resulta ser un cagadero, diríase que hace las funciones de letrina de la ermita. Creemos que la gente, una vez trepado para nada, aprovecha para ir al lavado, fruto del sesgo de costo hundido. Unas lazadas nos permiten perder altitud a gran velocidad, a la vez que escuchamos a tres escaladores que se enfrentan a las paredes del Elefante, diría que exactamente en su trompa. El del medio parece bastante novato pues está agarrado a la cuerda. Pronto llegamos a la ermita de la Trinidad, donde Jorge se sorprende ante la presencia de un prado en plena Montserrat, tanto, que lo fotografío junto a él con una aguja como telón de fondo.

 

Aquí vamos a tomar un nuevo sendero que nos deja en lo alto de la Canal del Pou del Gat. La descendemos con precaución –es más delicado que su acenso–, seguimos un rato por la carretera a Santa Cecília y un sendero, en descenso, nos deja de nuevo junto a la Colonia Puig y Sant Benet. Son las dos de la tarde, apenas has sido cuatro horas y media de excursión. Ante la imposibilidad de grabar un vídeo por el viento presente, hablamos de temas vitales varios antes de despedirnos, si bien en la carretera nos volvemos a ver hasta que, pasado Sabadell, yo tomo la AP-7 sentido Gerona mientras que él continúa por la C-58 hacia Barcelona. Romántica manera y lugar para despedirse…

 

Recuerda que estás invitado a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito: www.youtube.com/felizexito


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martes 13 de marzo de 2018, 23:33:33

Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de mi amigo David y de mi pareja Alba asciendo a Sant Sadurní de Gallifa (942m), con grandes vistas sobre el Vallès y el Moianès. Desde el Prepirineo hasta el mar, junto a su ermita prerrománica y románica de los siglos X y XI. Una matinal que finalizamos con una comida en el restaurante El Revolt de Sant Quirze Safaja. Puedes ver un vídeo de la jornada aquí: https://youtu.be/9ERKFHthWvQ

 

                                                        

A las diez de la mañana, mi amigo David se pasa por casa a recogernos a Alba y a mí y en su coche, un SEAT León que parece recién sacado del concesionario si bien tiene ya algunos añitos. Vamos a la BP-1241 en sentido Gallifa desde Sant Feliu de Codines y dejamos estacionado el coche a la altura del inicio del camino particular a una masía de nombre La Roca, la cual da también nombre a la ermita, pues también es conocida como Sant Sadurní de la Roca. Hay unos pocos vehículos aparcados, la mayoría de cazadores –aún no lo sabemos–, de manera que hemos de aparcar al otro lado del asfalto junto a un turismo.

 

Una vez listos emprendemos el camino. Se trata de una pista forestal que conduce a un puente sobre la riera, junto a un antiguo horno de cal. A esa altura la abandonamos, pues nuestra intención no es acabar en la masía, sino seguir subiendo por el valle junto a la riera. Le enseño a David, que no ha estado nunca aquí, el horno: es un agujero donde la roca calcárea era calentada gracias a la madera a unos 900-1000ºC. Según leo, en Asia Menor se han encontrado en excavaciones de hace catorce mil años, que no es poco. Dejamos atrás la Historia y un cazador provisto de peto reflectante, arma y walkie-talkie y llegamos hasta la riera.

 

Aquí nos encontramos en segundo cazador. Está claro que están de batida de jabalís. Le comento a David en voz alta algo sobre la ruta a Sant Sadurní para que estos señores sepan por dónde vamos a transitar. Parece que no nos vamos a cruzar más, que ellos están situados riera arriba y nosotros aquí justamente la cruzamos para ya encaramarnos hacia la Cinglera de Gallifa. Se trata de ganar desnivel gracias a las lazadas del sendero, el cual transcurre por el interior del tupido bosque. No paramos de hablar por si acaso no vaya a ser que salgamos escaldados. Alba, como siempre, está más a la espera de que vayamos al restaurante que de la excursión, pues ir por la montaña no es algo que le guste.

 

Al finalizar el sendero, junto a un paso barrado al ganado, me encaramo a una roca para contemplar el paisaje. Aquí tomamos una pista que dejamos a la altura de un atajo que nos lleva directamente a un amplio collado de nombre Collet de Sant Sadurní, que separa La Mola –la cima coronada por la ermita de Sant Sadurní– del Turó de la Pinassa. Aquí es posible ascender a través de un sendero, más directo, o por la pista. Tomamos el primero pero al primer cruce con la misma cambiamos de opción, pues Alba prefiere caminar cómoda aunque sea durante una mayor distancia. Poco a poco vamos ganando en vistas, tanto al Moianès como al Vallès Occidental, hasta llegar a ver Barcelona ciudad, el mar, el Vallès Oriental, el Montseny, Montserrat a incluso las montañas nevadas del Prepirineo.

 

Grabamos algunas tomas para mi vídeo, tanto con el paisaje como junto a la ermita de Sant Sadurní, que data de los siglos X (capilla prerrománica) y XI (ábside románico). En el Mirador de la Guineo, en lo alto del risco, nos quedamos un buen rato disfrutando del paisaje. También aquí nos filma Alba. El Montseny apenas tiene nieve y las vistas sobre Sant Feliu de Codines son bonitas. La carretera en la que hemos dejado el coche aparcado parece de juguete. Algunas motos pasan como a cámara lenta. Aquí los fines de semana hay bastantes ciclistas y motoristas, que acaban poblando las terrazas de bares y restaurantes.

 

A la una emprendemos el regreso, tanto para tomar sitio en algún restaurante como porque el cielo está cada vez más gris y la probabilidad de lluvias, según el pronóstico, va en aumento a lo largo de la jornada, sobre todo a partir de la hora de comer –cosa que se va a materializar–. El regreso hasta el collado lo acometemos íntegramente por la pista y a partir de aquí, se trata de deshacer el camino. Alba va con prisa, ya tiene ganas de llegar al coche, mientras que David, como siempre, va a su ritmo. Yo me hallo en medio. Un jabalí de color claro, creemos que cría, se nos planta cerca en el bosque y al vernos, tal cual venía corriendo montaña abajo, huye de nosotros.

 

Más abajo nos visita uno de los perros de la batida. Pronto aparece un segundo. Tienen una campana que suena, un collar amarillo reflectante y una cola juguetona, además de un geolocalizador o algo por el estilo. Nosotros vamos hablando por si acaso. Al llegar a la riera, el agua está ensangrentada. Cerca, un jabalí abatido reposa en el suelo. A Alba no le gusta la visión, si bien a su vez dice no estar en contra de matar animales si es para comerlos. Tomamos la pista y seguimos conversando en voz alta hasta llegar al coche sobre las dos y algo, buena hora para ir al restaurante. Primero vamos a Gallifa, pero uno está lleno y el otro no nos convence. Acabamos en El Revolt de Sant Quirze Safaja. De nuevo una excursión que acaba en la mesa de un restaurante. Los años pasan…

 

Si quieres ver nuestro vídeo grabado durante la excursión, está aquí: https://youtu.be/9ERKFHthWvQ


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