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Recopilación de relatos sobre las aventuras vividas en la montaña y la naturaleza. También hay alguna galería de fotos. Si quieres ponerte en contacto conmigo escríbeme a dmiraher@terra.es
viernes 21 de septiembre de 2018, 09:45:40
08-09-18: Congost de Montrebei
Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de mi amigo David voy al aparcamiento de La Masieta, desde donde nos dirigimos al Congost de Montrebei. Tras subir a la cueva La Colomera, seguimos hacia el puente colgante de Sant Jaume. Al otro lado, ya en Aragón, nos dirigimos a las pasarelas de Montfalcó, que descienden de manera vertiginosa varios riscos. Finalmente, deshacemos lo andado hasta el coche.

 

Puedes ver el vídeo de la excursión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=NnNclloX6hE

 

Hacia las diez de la mañana, me encuentro con David en Tárrega, donde dejo a Alba para que asista a la famosa Fira de Tárrega de teatro callejero. Desde allí nos dirigimos hasta el pantano de Canelles, situado en el río Noguera Ribagorçana. En concreto, dejamos el coche en el lugar más habitual, un aparcamiento de precio cinco euros llamado La Masieta, de horario restringido y plazas limitadas. Tanto, que somos los últimos en entrar sin reserva, según nos informa el trabajador que hay en una caseta de información junto a la barrera. El resto de plazas libres están reservadas.     

           

Nos toca aparcar en el aparcamiento 3, donde nos encontramos con otra trabajadora que te indica dónde dejar el coche y te provee la información que necesites para la excursión. Río abajo, comenzamos a caminar y pronto llegamos a un puente colgante, cual sacado de una película de Indiana Jones. Aquí el camino comienza a subir hasta alcanzar el Congost de Montrebei. Aquí el río se abre paso entre dos paredes que llegan a acercarse hasta una distancia de tan solo veinte metros. La que tiene el camino excavado en la roca, es la catalana mientras que la de enfrente está en territorio aragonés.

 

Un camino equipado con grapas y alguna cadena me permite acceder a una cueva de nombre La Colomera, con buenas vistas, solitaria pero cerrada por una valla. Estoy solo, ¡menuda diferencia! En el sendero junto al río, en cambio, hay mucha gente, incluidos muchos turistas extranjeros. Un sendero un poco rompepiernas, ya pasado el Congost de Montrebei, nos permite acceder al puente colgante de Sant Jaume, donde hay un embarcadero. Por 10€ puedes regresar a La Masieta en pocos minutos. A mano izquierda, viniendo a aquí, hemos dejado el desvío a la ermita de la Pertusa, donde en principio teníamos pensado iniciar la excursión de hoy.

 

Pasado el puente iniciamos el costerudo camino, repleto de escalones, que se dirige a Montfalcó. Hace calor. Paramos en una sombra a comernos el bocata y unas patatas fritas con vistas al Congost de Montrebei. Retomamos la marcha y llegamos a la parte superior de las pasarelas de Montfalcó, repletas de escalones de madera que te permiten descender el risco. David inicia el descenso pero debido a su miedo a las alturas, prefiere dejarlo  inicia el retorno al coche con tranquilidad. Yo las desciendo y camino hasta las segundas pasarelas, que me dejan junto a la orilla del embalse. Me refresco, ¡qué bien que sienta con el calor que hace! Son las cuatro de la tarde y brilla un sol radiante.

 

Emprendo el retorno y a la altura del Congost de Montrebei atrapo a David. A ratos he ido corriendo para pillarlo antes y seguir juntos. Nos grabamos algunas tomas para el vídeo que estoy creando de la experiencia de hoy. Llegamos al segundo puente colgante y, junto a la orilla, nos refrescamos. Pasadas las seis llegamos a La Masieta y en la tienda nos compramos una lata de Coca Cola cada uno, bien fresquita, que se agradece. Charlamos un rato a la sombra mientras nos la tomamos y nos dirigimos acto seguido al coche. David me deja en Tárrega y regresa a casa, mientras que yo asisto a algunos espectáculos con Alba casi hasta medianoche. Finalmente retorno a casa. Un día muy completo, variado e interesante y, al fin, he visitado el Congost de Montrebei, algo que tenía pendiente desde hace mucho tiempo. Algún día regresaré para realizar algunas de las vías ferrata de la zona o, quién sabe, para alquilar un kayak y recorrer el congosto vía acuática.

 

Puedes ver el vídeo de la excursión aquí: https://www.youtube.com/watch?v=NnNclloX6hE


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miércoles 19 de septiembre de 2018, 20:25:36
15y16-09-18: Matagalls - Montserrat 2018
Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios

Doce años después, me vuelvo a inscribir a la célebre caminata popular, esta vez algo más larga, con un recorrido de 87,1km y que, en vez de partir de Collformic, parte de El Brull. En esta ocasión vuelvo a concluirla en un tiempo inferior al máximo establecido, las 24 horas, en concreto en 22 horas y 30 minutos, cuando en 2006 empleé 21 horas y 8 minutos. Los años no pasan en balde...

 

 
Visita el vídeo de mi experiencia aquí: https://www.youtube.com/watch?v=cE8K5FVBmeo
 
La primera caminata Matagalls - Montserrat conocida fue realizada por Jaume Oliveras el 4 de agosto de 1904. Desde entonces mucho ha llovido. Cuando participé en la edición de 2006, todavía no existía lo del sorteo: todo aquel que quería, tenía plaza. Con el auge de las pruebas deportivas en la montaña, estos últimos años se ha realizado un sorteo. En la presente edición, a pesar de haberme quedado fuera, al final se ha podido repescar a todo el que ha querido. Y aquí estoy, dispuesto a repetir la hazaña 12 años después, ¿seré capaz?
 
Hacia las diez y media de la mañana parto de casa con destino Monistrol de Montserrat, donde dejo aparcado el coche en el aparcamiento del tren cremallera. Desde allí, como desde Barcelona o Granollers, parten los autobuses de la organización, cuya reserva he realizado por 9,5 euros. Si se le suman los 43 euros de la inscripción, el chip banco y el cremallera de regreso, te vas a los 60 euros en mi caso, pero un reto es un reto y no hay que escatimar recursos económicos a la hora de perseguir nuestros sueños. 
 
El autobús en el que viajo va bastante rápido, adelanta a varios que han salido antes del nuestro con destino al núcleo de El Brull, al pie del Matagalls, en concreto en el punto kilométrico 32,1 de la BV-5301, carretera que une Montseny y Seva. Alcanzamos el lugar en algo más de una hora; ¡con la de horas que voy a tener que echarle en el regreso! Como quedan más de tres horas para mi salida oficial, las 16:26, descanso, como y doy una vuelta por los restos del castillo. 
 
Me coloco el dorsal en la mochila, es el 3135. La pulsera que da derecho a los avituallamientos, a la muñeca. También tenemos una taza para el caldo, la Coca Cola, o aquello que quieras beber durante los seis avituallamientos que hay repartidos a los largo del recorrido. Visto, además, la camiseta que nos dieron con la inscripción, de un color amarillo chillón. En la mochila van seis pares de calcetines de repuesto, una botella de agua, el frontal, un impermeable, un chaleco reflectante que no usaré y poco más. La manta térmica no la he llegado a encontrar por casa. 
 
Hacia las tres de la tarde, me acerco a la salida para ver como parten los primeros participantes, aquellos que superan los 70 años de edad. Son unos cuantos y diría que todos -o casi todos- varones. Después, casa minuto 35 corredores van tomando la salida. Por lo visto, este año, a diferencia de hace doce, no controlan la salida de los corredores, de manera que hay gente saliendo antes de tiempo. Le pregunto al señor si puedo salir antes y me dice que sí, por lo que en vez de partir a las 16:26, me ahorro casi una hora de cara a regresar mañana a casa y emprendo mi aventura a las 15:30. Al quedar registrado por el chip no hay problema alguno para el cálculo del tiempo final en la clasificación de Championchip. 
 
Esta vez mi inicio es bastante rápido, a diferencia del de hace doce años. A ratos corriendo, básicamente se trata de una pista forestal con vistas al Pla de la Calma y al Tagamanent que desciende hasta Aiguafreda, población situada en el punto kilométrico 10,7 del itinerario. Mi registro es de 1h34min, son las cinco de la tarde. Me trinco una lata de Aquarius, un plátano, una naranja, algo de membrillo y me pillo para el camino una lata de Coca Cola. A la salida del pueblo, una señora está de animadora y la grabo. Mi vídeo de la experiencia lo tienes aquí: https://www.youtube.com/watch?v=cE8K5FVBmeo
 
Pasado Aiguafreda, el camino sube un risco, son los Cingles de Bertí. Se hace algo pesado y uno ya no está para correr mucho, a partir de ahora tocará caminar. Hay varios controles de camino a la carretera C-59, donde se cena. El control 2, situado en el Pla de la Garga, lo paso a las 18:20 y el control 3, en la casa de la Rovireta, a las 19:45. Para cuando llego al avituallamiento del Coll de Poses, en plena C-59 entre Sant Feliu de Codines y Castellterçol, ya ha anochecido. Son las 20:20, casi cinco horas de caminata para 27,2km. De momento estoy en perfectas condiciones, lo cual me alegra.
 
Llamo a Alba y a mis padres, de momento va todo bien. Estoy optimista y creo que tardaré menos tiempo que en 2006 para completar este desafío, lo cual no va a ser así. Me como un sandwich de pao y varios de atún, además de varios vasos de caldo. Me lavo los pies y me cambio por segunda vez de calcetines con el fin de evitar ampollas, cosa que va a resultar efectivo en esta prueba. Una vez retomada la marcha, casi todo es subida hasta el Coll de Matafaluga, donde paso a las diez de la noche tras seis horas y media de caminata y 32,3km. Aquí la cosa va a comenzar a torcerse.
 
La noche se hace dura, y la madrugada lo va a ser más. En un par de horas me planto en Sant Llorenç Savall, es media noche. Mis piernas ya acumulan 42km, una maratón. Llegó al avituallamiento dolorido de la rodilla derecha y el pie izquierdo. Vuelvo a tomar Coca Cola, esta vez del vaso, varias piezas de melón y poco más. Reposo un poco más a ver si me recupero, y sí, parto bastante mejor, pero soy consciente que la cosa va a ir a peor y todavía queda mucho por delante, nada más y nada menos que 45km.
 
Al control 5, situado en Les Marines, llego a la 1:10 de la madrugada. Y al cuarto avituallamiento, el de la Urbanización Cavall Bernat, a las cuatro. Ahora lo que tengo es más cansancio que dolor, tanto físico como mental. Aquí es el célebre avituallamiento de Donuts, pero ahora ya no te los coges, te los dan "por higiene". Me como uno y medio, además de un sandwich de atún y algo de fruta. De nuevo me lavo los pies y procedo al cambio de calcetines de rigor. Ya he utilizado cuatro, la proporción es buena para los kilómetros recorridos y los que faltan. 
 
Una fina lluvia me obliga a ponerme el proyecto de chubasquero que traigo, una especie de bolsa de basura azul con capucha y brazos. Por suerte cesa pronto. A pesar de que hace fresco, paso calor del esfuerzo initerrumpido. Se me empiezan a acumular los kilómetros y los metros de desnivel -casi 6.000 en total- tanto en el cuerpo como en la mente. Deseo que amanezca ya pese a que seguro que me hará más calor. Es duro caminar de noche, solo y hecho polvo. Esto se vuelve interminable.
 
Al control 6 llego a las 8:05 de la mañana, es el kilómetro 69,7. He empleado cuatro horas para recorrer los últimos 12,7km, es muchísimo. Montserrat se ve enfrente, explendorosa, infernalmente cercana para lo lejana que todavía está en caminata. No me dejo engañar pues ya en 2006 hubo mucho rodeo antes de plantarse en su base. Nuevo cambio de calcetines y me dirigo al quinto avituallamiento, el de Vacarisses. Hay una subida por pista que es una auténtica tortura, para luego bajar al pueblo tras más de 18km y cinco horas y media sin ningún avituallamiento, menuda pasada. 
 
Me siento en un banco. Son las nueve y media de la mañana. Mientras me como unos sandwiches de Nocilla y unas galletas de chocolate, llamo a Alba y a Jorge. me quedan seis horas de margen y 11,6km para llegar a meta, incluida la subida al monasterio de Montserrat. Ya llevo recorridos 75,5km de los 87,1km totales y mis piernas y pies no están bien. Además, recuerdo perfectamente lo apoteósica que fue la ascensión al monasterio hace doce años cpn más de ochenta kilómetros en la piernas y sin dormir y sé perfectamente lo que está a punto de venir. 
 
Haciendo gala de mi capacidad de autosuperación, recorro paso a paso, el camino hasta el siguiente control, el del Hostal de la Creu, situado en lo alto de una montaña. Es el punto kilométrico 80,8 y son las once y media de la mañana, he tardado casi dos horas y media para poco más de cinco kilómetros, una completa locura que refleja mi estado físico dolorido. Tengo cuatro horas de margen para recorrer los 6,3km que faltan. He de lograrlo sí o sí. Y mira que esta vez es una tentación lo de tener el coche en el propio Monistrol; en 2006 regresé a casa en tren.
 
La bajada desde este control es una tortura. Es un camino de piedras y la rodilla casi no la puedo flexionar del dolor, tengo que bajar cual robot, dejando caer siempre a la siguiente piedra el pie izquierdo. La gente me adelanta hace ya bastantes kilómetros, voy cojo. En 2006 realicé cojeando los últimos 25km, esta vez me ha llegado la cojera más tarde, si bien las molestias han surgido ya hacia el km40. A Monistrol llego hacia el mediodía bajo un sol radiante, asfixiado de calor. Meto la cabeza bajo el chorro de la fuente, lleno la botella e inicio el ascenso al monasterio.
 
Hay mucha gente, sobre todo de bajada. La mayoría nos felicita y nos da ánimos, "ya falta poco". Para mí falta un mundo, la verdad. Hay un último control, el 8, en la Pista del Agua, en el punto kilométrico 83,7 el cual paso a las 12:43. Ahora mismo ya excedo en unos minutos mi marca de 2006, las 21h08min y todavía me faltan 3,4km de ascenso. Lo bueno es que en subida la rodilla no me duele, lo que sí me pesa es el cansancio y sobre todo la falta de sueño, voy medio zombie. También el calor. 
 
Hay un tramo muy costerudo y lleno de gente bajando, con escalones y unas grandes tuberías. ¿Qué tortura es esta? Lo que me faltaba. Gano desnivel a saco, adelantando a gente, para quitarme esta tortura de encima lo antes posible y salir a los escalones que van desde la Santa Cova al Monasterio. Una vez los alcanzo me los tomo con calma. Ahora sé que esto está hecho. Menudo contraste entre yo y los turistas, bien vestidos y frescos, sin cara de sufrimiento ni sudar. 
 
Exhausto pero contento, me deleito con cada escalón que subo. Ya estoy por encima de las 22 horas y no tengo prisa en llegar. Hay un chico delante mío, con ambas piernas vendadas, ayudado a caminar por dos familiares, hecho polvo. Los oteadores y familiares de otros participantes por llegar nos animan. Alcanzo la parada del cremallera y unos participantes que ya han concluido la prueba, sentados, me animan. Cruzo la calle y me dirijo a la última escalinata, la que conduce a la plaza del Monasterio.
 
Bendita escalera al cielo. Escalón tras escalón, me acerco a la materialización de una meta, a la replicación de un sueño doce años después. Si hemos de hacer caso a Moliere, "cuanto mayor es el obstáculo, mayor es la gloria al superarlo", llegar al último escalón y ver el monasterio va a ser algo inolvidable. Y así es. 22 horas y media después, aquí estoy, escuchando el pitido del chip al cruzar la meta de los 87,1km. Es la primera vez que recorro tantos kilómetros del tirón. Contento, pero agotado, me hago con mi trofeo, de madera como en 2006, edición XXXIX de esta prueba y que va a acompañar al que obtuve en la XXVII. Los años pasan. Me he hecho viejo, he empleado más tiempo, pero todavía lo he podido conseguir.
 
Algo de fruta, de Coca Cola y algún sandwich, y sin perder mucho tiempo, me voy para el cremallera. Jorge está a punto de llegar para felicitarme por sorpresa pero no lo sé, no le veré. Bajo hasta el aparcamiento por 4,5 euros con el descuento de la Matagalls Montserrat y regreso a casa. Lo que más me apetece es dormir. Sabía que sería duro, pero no me imaginaba que tanto. Aún así, lo importante es haber logrado el reto. Haber cumplido un nuevo sueño y así, seguir llenando mis años de vida, más que mi vida de años...
 
Visita el vídeo de mi experiencia aquí: https://www.youtube.com/watch?v=cE8K5FVBmeo


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martes 26 de junio de 2018, 13:19:41

Tipo de Entrada: RELATO

En compañía de Alba, Siria, David y Marcos asciendo al Montcau (1052m) desde el Coll d´Estenalles (870m) y bajamos al Coll d´Eres, donde tomamos el camino a la Cova Simanya. Comemos a la fresca y una vez en el collado, tiramos hacia la Mola (1107m), punto culminante del Parc Natural de Sant Llorenç de Munt i Serra de l´Obac. Descendemos hasta Can Robert y mediante autostop nos plantamos de nuevo en el aparcamiento de Coll d´Estenalles.

 

Hacia las 9:45 partimos de Sant Feliu de Codines Alba, Siria, David y yo, con destino a Rubí, donde recogemos a Marcos, un seguidor de Feliz Éxito ( www.youtube.com/felizexito ), a las 10:15. Gracias al GPS del teléfono inteligente de David, llegamos hasta el aparcamiento del Coll d´Estenalles, situado en el punto kilométrico 15 de la carretera BV-1221 a 870m de altitud. El desnivel hasta el primer objetivo del día, el Montcau, es inferior a los 200m gracias a la altura a la cual está situado el aparcamiento.

 

Con calma y con poca gente en los alrededores –anoche fue la verbena de San Juan– emprendemos la marcha por una cuesta. Es una pista forestal que abandonamos pronto, en el Coll d´Estella, donde tomamos el sendero que nos lleva directamente a la cumbre del Montcau. Está delimitado por cuerdas para que nadie lo abandone, pues al otro lado la vegetación sobre la “codina” es frágil. El final es una entretenida trepada hasta la cima.

 

A la sombra de la mesa de orientación, nos hidratamos y contemplamos el paisaje. El día no está muy claro, de manera que sí podemos apreciar Montserrat, Cingles de Gallifa, Sant Feliu de Codines o el Puiggraciós, pero apenas se distinguen el Montseny o Barcelona mientras que el Pirineo queda oculto a nuestra vista. Unos minutos de descanso, una foto grupal que nos toma un señor, y bajadas hacia el Coll d´Eres.

 

La bajada de la rocosa cima comienza con un pequeño destrepe. Una vez alcanzado el collado, tomamos el sendero señalizado que en pronunciado descenso, nos conduce hasta el desvío a la Cova Simanya. Se trata de una cueva de 400m de recorrido, muy frecuentada por familias con niños. En su interior, a la fresca, junto a la luz diurna, nos comemos los bocatas. Un pájaro entra y sale constantemente, en su afán de alimentar a sus crías, las cuales parecen estar aprendiendo a volar.

 

Tras reponer energías, damos una vuelta por el interior de la cueva gracias a la luz del móvil. Resulta que he traído mi frontal pero en la caja solo hay dos de las tres pilas que necesita para funcionar. ¡Qué lástima! No hay mucha agua en el suelo, en comparación con lo que recuerdo de otras veces. No obstante, tampoco nos metemos mucho, y en el ramal del frente, ni en el que se abre hacia la izquierda.

 

Una vez en el exterior, volvemos a sufrir las calores de este inicio de verano. La subida hasta el coll d´Eres es corta pero pronunciada. Una vez en el collado nos separamos de David, que prefiere regresar al aparcamiento y descansar –léase hacer la siesta– en los bancos que hay junto a la oficina de información del parque natural. El resto nos dirigimos, por el cordal, en dirección a la otra punta de la sierra, La Mola (1107m), punto culminante del macizo.

 

Tras aproximadamente una hora de caminata, llegamos al Morral del Drac, una gran formación rocosa con una pequeña cueva que la atraviesa de lado a lado. Intentamos acceder a ella pero la roca está resbaladiza y lo dejamos estar. Ahora toca el ascenso propiamente dicho a la montaña de la Mola, en un primer momento por terreno rocoso y después a través de prados. Las vistas en la cima son impactantes sobre los núcleos urbanos, quedan a un tiro de piedra, sobre todo Castellar del Vallès. Muy cerca está también, pasado Matadepera, Terrassa y algo más distante, Sabadell.

 

Visito con Alba el interior de la iglesia. Está fresco, ¡qué bueno! A Siria y Marcos los encontramos en el restaurante con vistas. Les han metido una clavada por una botella de agua, pero hasta aquí todo llega en mula. Ojeando la carta, me fijo en las ensaladas a 9 o 10 euros y la butifarra a 13 o 14 euros. ¡Menudo placer debe de ser comer en este restaurante con estas vistas! Incluso sirven cenas algunos días de la semana previa reserva.

 

Son cerca de las cuatro y para regresar hasta el coche tenemos como unas dos horas de deshacer el camino, menudo palo. Cojo un mapa gratuito del punto de información del parque que hay a la entrada del restaurante y optamos por descender a Can Robert, cerca de la carretera, y Marcos le envía a David un wasap para que nos vaya a recoger a allí. Este, no obstante, parece no tener cobertura en el Coll d´Estenalles.

 

Al poco de iniciar la bajada, le pregunto a un señor si vamos bien y se empeña en que mi mapa es muy malo, que no sirve, y me enseña el suyo. “Sí, lo acabo de coger gratis en el restaurante”. No obstante, no tenemos problemas para llegar hasta Can Pobla y, posteriormente, a Can Robert. David ni está ni se le espera, está sin cobertura. Mapa en mano, continuamos hasta Torre de l´Àngel, para salir a la carretera BV-1221.

 

Les comento de parar a algún coche y que nos deje en el collado a alguno de nosotros y regresar en el coche de David pero Marcos y Siria prefieren ir caminando. Me quedo con Alba pensando en cuánto de lejos debe de estar el aparcamiento y, buscando, aprecio en la recta un punto kilométrico. Como recuerdo de ayer, que hoy teníamos que aparcar en el punto kilométrico 15, me acerco hasta él. ¡Es el punto kilométrico 7!

 

Le comento a Alba que hay ocho kilómetros de subida por la carretera, que van a tardar dos horas, como mínimo hasta las siete de la tarde. ¡Menudo palo! Nos disponemos a parar a algún coche. Los primeros no lo hacen, fruto de esta sociedad individualista que los medios de manipulación y el poder están creando en beneficio propio. Pero pronto aparece un señor de Sabadell, Miquel, quien nos recoge.

 

Nos cuenta que está saliendo de una lesión, pero que va a realizar una excursión sencilla para desconectar de la gente. Es una pasada para los de Sabadell, Terrassa y alrededores, tener unas montañas así tan cerca. Él no tiene pensado llegar hasta el collado, pero cambia de planes para poder solucionar nuestro entuerto y nos lleva a los cuatro. Pues sí: nos encontramos a Siria y Marcos y también los recogemos. Aún les quedaban 6 kilómetros por delante, una hora y media.

 

En el collado nos reencontramos con David, con cara de sueño, como recién incorporado. No está en el coche, sino en los bancos. Le agradezco el favor a Miquel y le doy una tarjeta mía para que me escriba si algún día se pasa por las montañas de Sant Feliu de Codines a realizar alguna excursión. En los alrededores tenemos Sant Miquel del Fai, Cingles de Gallifa, Cingles de Bertí y Puiggraciós, entre otros.

 

Hacia las seis, llegamos a Rubí, donde Marcos nos enseña su piso. Como comenté antes, me ha conocido gracias a mi canal de Youtube de desarrollo personal ( www.youtube.com/felizexito ). Nos despedimos y con David regresamos a Sant Feliu de Codines. Estamos un rato en casa y pronto, Siria toma rumbo a Granollers y David a Hospitalet. Se acaba así una jornada de buena compañía y de reencuentro con la montaña. A la próxima, hemos de subir a alguna montaña más alta. Veremos si se tercia :)


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