ExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeRExCuRSiONiSmO RoMáNTiCo FoReVeR
 Zodiaco Zodiaco
Wednesday 16 de February de 2011, 16:28:23

Tipo de Entrada: RELATO | 3 Comentarios | 7580 visitas

Con sus diez agujas, nueve puentes tibetanos o nepalíes, once rápeles, varios tramos desplomados y una diagonal ascendente extraplomada que quita el hipo, la vía ferrata Agulles Rodones está considerada la más larga y dura de la península. Julio y yo tenemos el honor de contar con su creador, Albert Gironès, como compañero durante las primeras cinco agujas, antes de tener que marcharse por las obligaciones que le comportan su parque de aventura: L´Agullola, El Llom, La Torre, Agulla Petita y El Tetó. Luego continúo con Julio por Roca Llisa, El Central, L´Oncle, Canaleta 1 y Canaleta 2 hasta plantarnos, tras siete horas de acción, en el auténtico final de esta laberíntica ferrata sin habernos dejado nada por el camino, algo que al parecer es poco frecuente en esta vía.

 

 

Son las siete y media cuando comienza a amanecer en el aparcamiento de Can Llaurador. Hasta aquí se llega tomando la salida número 5 de la C-65 y siguiendo las señales viarias hacia un pueblo llamado Solius (GIV-6611). Al poco, a la altura del restaurante Mas Pla, debe tomarse la pista que sale a mano izquierda. Una vez en ella hay que dirigirse a la derecha en la primera bifurcación y a la izquierda en la segunda. Entonces se bordea por la derecha Can Llaurador y si uno no se ha perdido ya puede hacerse con la mochila y ponerse en camino. No es el caso de Julio, que me llama porque se ha pasado de largo y no sabe cómo venir. Tras varias indicaciones lo vemos aparacer por la pista, detrás de un grupo de cuarenta o cincuenta personas del Centre Excursionista de Terrassa que han venido en varios autocares. Entre ellos se encuentra Florenci, al que hace tiempo que no veo. Menuda sorpresa se lleva cuando le saludo.

 

El que también se lleva una sorpresa es Julio al ver que nos acompañará Albert Gironès, lo que según él “es un regalo y un honor”. Eso sí, tendrá que irse pronto porque luego tiene a un grupo que va a practicar paintball en su parque de aventura ( www.santfeliuparcaventura.com ) de la cercana población de Sant Feliu de Guíxols, donde había una ferrata también equipada por él, la famosa Cala del Molí, única en el mundo por discurrir junto al mar, pero por desgracia ya desinstalada. La que sí está abierta, y actualmente está ampliando, es la también cercana Gorges de Salenys, en el término municipal de Romanyà de la Selva. Por último, también es el creador del Camino equipado de Carcaixells, situado sobre Agulles Rodones, y del Camino equipado a Nuria. Se puede contactar con él para comentar desperfectos en las instalaciones o para alquilar el material de vía ferrata mediante correo electrónico ( albert@agirones.com ) o llamándole al 637.431.577

 

El ideador de todo ello, como es lógico, avanza en primera posición con paso más que decidido. Pronto Julio me toma una foto junto al padre de la ferrata, con su creación tras nosotros. Por lo que cuenta, le ha costado un esfuerzo inimaginable sacarlo todo adelante. Me dice que cuando la comenzó a equipar, en 2003, venía a diario al finalizar su larga jornada de pastelero y trabajaba en ella hasta el anochecer. Primero se dedicaba a reconocer la zona, a idear por dónde podría transcurrir. Buscaba buenas paredes en estas graníticas agujas, bonitos pasos que hicieran las delicias de futuros montañeros. La motivación era grande, las ganas tremendas, ningún problema de tipo burocrático o de robo de material había acontecido aún. Cuando aparecieron, las ganas ya no fueron las mismas, pero nunca ha dejado de ir revisando las instalaciones. Mucha gente le está agradecido y admiramos su altruista esfuerzo. En palabras de Julio, “hay que tenerlos bien puestos” para equipar esta vía ferrata, en especial la famosa diagonal ascendente extraplomada. Su autor nos explica lo que a algunos le cuesta superar dicho tramo y la fatiga que produce el pasar de las horas colgado en la vía.

 

Un desvío señalizado en el sendero que lleva al Camino equipado de Carcaixells nos deja al pie de la primera pared, con unas grapas que suben en vertical. Debemos de estar cerca de una famosa escalera arrancada de la roca. Nos equipamos con arnés, disipador, casco y cinta exprés. Esta última, si bien en otras vías ferratas es opcional, en esta pasa a ser imprescindible. También son necesarios un descensor (ocho) y una cuerda de 40m. A las 8:20 comenzamos a ascender hasta lo alto de una primera aguja, L´Agullola. Se trata de una pared vertical fácil de superar gracias a una típica hilera de grapas. En primer lugar avanza Albert, que se la conoce de memoria, seguido por mí y con Julio cerrando el grupo. Aquí conviene destacar que si a alguien se le ocurre venir en un grupo numeroso, el tiempo del recorrido va a multiplicarse a consecuencia, por ejemplo, de los once rápeles y de los nueve puentes, ya que se realizan de uno en uno mientras el resto espera. Así que es conveniente venir en un grupo reducido y, sobre todo, que no incluya a ningún novato. No sólo por cuestión de tiempo, si no por la gran dificultad de algunos tramos y de ciertos rápeles que parten de una posición precaria. No en vano uno, cuando se informa al respecto, encuentra adjetivos tales como divertida, atlética, muy técnica o exigente, y recomendaciones del tipo “necesaria buena condición física”. Eso sí, en la mayoría de las agujas es posible retirarse, por ejemplo ante la cercanía la noche o por falta de fuerzas, pudiéndola acabar en otra ocasión.

 

Una vez arriba nos topamos con el primero de los nueve puentes de la vía, en concreto con uno nepalino de veinticinco metros. Albert me confirma que los nepalíes son los que cuentan con dos pasamanos, mientras que los tibetanos, como el de Centelles, disponen de uno. Tomo una fotografía de su ideador atravesándolo y otra de Julio, que como yo, ha estado preparando últimamente esta salida que para nosotros constituye un reto vital y que ,por tanto, afrontamos con mucha ilusión. Al otro lado del puente tenemos la aguja llamada El Llom, que debemos subir con la ayuda de grapas. Algunos pasos están poco equipados, lo que te obliga a buscarte un poco la vida en la roca, algo que siempre es de agradecer pues añade diversión, dificultad y aventura a la ferrata. Esto ocurre, en especial, en el flanqueo que te lleva a una gruesa cuerda de barco que por su parte superior está desgastada. Albert comenta que, si bien se habla mucho al respecto, aún le quedan unos cuantos años de vida útil, y su única función es servir de ayuda, pues va paralela al cable de vida, que es el que realmente te aporta seguridad.

 

El segundo puente, esta vez tibetano, es más cortito, de nueve metros. Arriba a la derecha, a un tiro de piedra, tenemos el puente colgante del Pas dels Aritjols, perteneciente al Camino equipado de Carcaixells, que discurre por lo alto de estas agujas. La ferrata, en cambio, se abre paso por sus paredes en un continuo sube y baja. Albert nos avisa de que la pared que vemos al otro lado del puente tiene su miga. Se trata de la aguja La Torre y, aunque no lo parece, su equipador tiene toda la razón. Hay que sudar la gota gorda para superarlo, a pesar de que los desplomes aparentan ser de poca magnitud. Él sube como una moto, luego voy yo más lento, y Julio me sigue recién cruzado el puente. Arriba, a la altura del puente del camino equipado, giramos a la izquierda y nos plantamos ante el primer rápel, de quince metros. Albert nos cuenta que suele rapelar en simple porque practica mucho el barranquismo, pero que si nosotros estamos acostumbrados a hacerlo con la cuerda doble, que lo hagamos así, pues de la otra manera la bajada es más rápida. Una vez instalado el rápel le veo desaparecer. Luego es Julio el que es engullido por la roca y finalmente me lanzo yo para abajo. Ya sólo queda recuperar la cuerda y volverla a meter en la mochila.

 

Tras el rápel flanqueamos por La Torre hasta llegar a un nuevo rápel, esta vez de entre catorce y veinte metros. Julio es el primero en bajar. Albert me dice que vayamos hacia el siguiente puente, que ya recogerá él la cuerda, y eso hacemos. Sus veintidós metros nos dejan en la aguja El Tetó. Al poco llega con la cuerda sobre los hombros. Le digo que me la pase para meterla en la mochila pero me dice que él va bien, que ya la cogeré tras el siguiente rápel. Nos cuenta que hace tiempo, cuando aún no había creado este puente, se bajaba hasta el suelo con otro rápel y se subía hasta aquí por unas grapas. Así consta en una de las pocas reseñas que he encontrado por internet y que he traído. Pronto todas las reseñas de la cercana vía ferrata Gorges de Salenys quedarán desfasadas, pues ha instalado un puente en el inicio y está añadiendo nuevos tramos al final. Trabaja a contrarreloj pues en el nuevo libro que está a punto de ser editado ya figura como él desea que quede una vez acabada su ampliación.

 

Afrontamos un tramo de ascenso por El Tetó, y gracias a un cuarto puente regresamos a La Torre. Este puente es tibetano, de veintidós metros, y tiene la peculiaridad de que pasa por el tronco de un árbol que lo divide en dos. Pero el acceso a La Torre es desde la Agulla Petita, de la que sale el siguiente y peculiar puente, el quinto, de dos metros y sin cable para los pies, lo que lo convierte en un paso original. Me recuerda al cambio de la pared de la Regina, en Oliana, pero aquí hay cable de vida, por lo que no existe el problema de que no te llegue el mosquetón. En una aguja cercana vemos a cuatro jóvenes que se hacen llamar payasos, y entablan conversación con Albert. Uno de ellos quiere llevar a un hijo suyo a una ferrata, y este le recomienda la de Gorges de Salenys sin comentarle que la ha equipado él. Más tarde sale el tema de que él es Albert Gironès, y el chico le dice que si se acuerda de él, que le envió un mensaje hace tiempo, pero claro, a Albert le escribe mucha gente. Los payasos agradecen sobremanera a Albert su empeño en haber sacado adelante esta ferrata, dicen que les gusta mucho y que es la cuarta vez que la hacen.

 

Después de despedirse, nos dirigimos con un flanqueo hacia la izquierda al tercer rápel. Hay dos instalaciones: la primera, que da lugar a un rápel más largo, te sitúa en el suelo, mientras que la segunda es más apropiada para acceder a la tirolina opcional de veintidós metros, cosa que obviamos. Ambas opciones van al mismo lugar, a la pared de enfrente, de nuevo en El Tetó. Acabamos de subir hasta lo alto de la aguja por la vía ferrata y desde tal atalaya, ideal para desayunar, Albert nos indica lo que nos queda por hacer antes de marcharse a su parque de aventura. Todas las agujas son visibles excepto las dos últimas: Canaleta 1 y Canaleta 2. Sus explicaciones se centran, en especial, en que no nos pasemos de largo en la Roca Llisa, donde mucha gente se cuela, ni que nos saltemos nada de El Central y L´Oncle. Lo malo es que luego no nos acordaremos de todo y en este último nos colaremos en un rápel, por lo que perderemos una hora en retroceder hasta su inicio. Volviendo al tema del desayuno: que bien que nos sentimos mientras nos alimentamos con el Baix Empordà bajo nosotros, con los bosques y las vistas al mar incluidos, disfrutando de la tranquilidad de la zona. ¡Qué distante y qué cerca queda Badalona!

 

En lo alto de El Tetó hay que seguir los puntos azules hacia la derecha. Los de la izquierda vienen de la tirolina. Pronto se llega al Camino equipado de Carcaixells, que se sigue unos metros hasta abandonarlo para realizar un rápel a mano izquierda, junto a un arbusto, y así entrar de lleno en la pared de la Roca Llisa. Se trata de un desvío crucial, mucha gente pasa de largo y continúa por la senda, de manera que acabas dejándote esta entretenida aguja. En ella, tras realizar el cuarto rápel que te sitúa en pleno meollo, flanqueas a mano izquierda hasta llegar a un quinto rápel que se instala en precario, con un acceso algo complicado. Una vez realizado se trata de seguir los puntos azules, que cuando llegan a un terreno rocoso van hacia la izquierda por una senda. Con Julio, en un primer momento no los vemos, subimos por las rocas hasta llegar al Camino equipado de Carcaixells de nuevo, y al no ver señales azules regresamos y encontramos la citada senda que nos habíamos dejado a mano izquierda y que desciende en vez de ascender. Por ella se accede a la gran mole de esta ferrata, junto con L´Oncle: El Central, la pared más grande de la vía ferrata, y también la más aérea.

 

Los primeros avances por El Central nos hacen ganar altura, pero pronto comienza un flanqueo de unos cincuenta metros, en su mayoría algo desplomados, lo que debe contrarrestarse con la utilización de una cinta exprés que nos permita descansar colgados del cable de vida. Mi miedo a la altura causa que comience a invadirme el temor, cosa que hasta ahora no ha sucedido y que sólo va a volver a aparecer en la diagonal ascendente desplomada, situada en la próxima aguja, L´Oncle, también bastante aérea. Al final del largo flanqueo aéreo se debe instalar el sexto rápel, en una posición también precaria, en este caso algo echado hacia atrás, por lo que a palabras de Julio “sin la cinta exprés sería imposible montarlo”. En este punto debe destacarse que mi compañero tiene más mérito que yo, ya que está instalando rápeles que no son de fácil montar, en posiciones incómodas que seguro que desgastan físicamente. Una vez montado lo filmo descendiendo hacia el vacío, y a media pared se detiene y se ancla al siguiente tramo de vía ferrata, en esta misma pared pero a una altura inferior. Pronto llegamos al séptimo rápel, bastante sencillo. Por encima se ven unos pasamanos que, según creo, son una vía de escape que te llevan a la canal que hay bajo el puente que ahora nos toca cruzar, el sexto, y que nos deja en L´Oncle. Comentar que el rápel lo hemos bajado con la cuerda de Julio nosotros y tres de los cuatro payasos; el otro no está haciendo este tramo.

 

Todo ha ido bien hasta ahora. Resulta que los del grupo que se hacen llamar payasos, vestidos con un homogéneo uniforme que consta de pantalón negro y camiseta roja, nos indican que el siguiente rápel, el octavo, es de 31m, por lo que con nuestra cuerda, que es de 50m como la suya, no podremos bajarlo en doble. Se ofrecen a que utilicemos su cuerda, que la unen a otra mediante un nudo de ocho y que lanzan por el otro lado con un mosquetón de por medio por seguridad. A mí me extraña realmente porque Albert me aseguró que con una cuerda de 40m era suficiente y hoy ha visto la cuerda que llevamos y no nos ha dicho nada. El caso es que van descendiendo, uno tras otro, con el ocho invertido para no rapelar tan rápido. Se ve que al ser un rápel con una cuerda simple, si se coloca el ocho en la posición normal, pasando la cuerda por el agujero grande, se baja demasiado rápido. Yo soy el último, y el único que no logra introducir la cuerda por el agujero pequeño del ocho. Al final lo doy por imposible y rapelo con el ocho en su posición normal, y finalmente nos reunimos los séis en el suelo, en el llamado barranco o torrente de Carboneres. Julio y yo les seguimos por el sendero, y sospecho que nos llevan por un lugar erróneo, ya que no hay marca azul alguna y Albert me ha comentado que lo pintó hace poco, y que siguiéndolas es imposible perderse. Le comunico a Julio mis sospechas, y en efecto, cuando van hacia las dos últimas agujas, Canaleta 1 y Canaleta 2, veo que las marcas azules vienen de la roca. Me despido de ellos y con Julio comienzo a deshacer la vía ferrata que nos hemos dejado atrás. Trepamos varios rápeles y realizamos en sentido inverso un flanqueo por grapas hasta un tercer rápel en terreno expuesto. Julio hace un amago de desatarse y buscar una subida pero le pego un grito y se ata de nuevo. Le comento que no vale la pena jugársela por esto.

 

Hacemos el flanqueo por las grapas de nuevo, esta vez en el sentido habitual, y por la “cresta” comienzo a trepar a la aguja, abriéndome paso por los matorrales. Le pego un grito a Julio para que venga, que por aquí llegaremos hasta arriba sin estar expuestos a patio alguno. Los payasos nos divisan y nos dicen que es por donde ellos van, y les digo que por aquí también hay ferrata. Una última trepada nos deja en lo alto de l´Oncle, y tras bajar un poco nos plantamos de nuevo en el supuesto rápel de 31m. Le digo a Julio de parar para comer, son las 14h o así. Mientras comienza a comerse un bocata yo dedico el tiempo a regresar por el sexto puente con intención de acceder a los pasamanos e investigar a donde llevan, pero me topo con el séptimo rápel. Comienzo a trepar porque realmente es sencillo, pero me veo venir que subir sí, pero que luego para bajar me las voy a ver canutas así que lo dejo estar. Vuelvo a subir a L´Oncle para ver si atisbo algún tramo de ferrata y, en efecto, aprecio dos cadenas. Llamo a Julio y decidimos iniciar el rápel de “31m” para ver si podemos acceder a ellas. Una vez preparado, comienza a bajar como antes, pero a unos diez metros de descenso deja de bajar y se desplaza en horizontal hacia la derecha, para ver si ve algo. En efecto, ahí está la vía ferrata, nada de seguir rapelando 21m más hasta llegar al suelo. Cuando se asegura al cable de vida, se percata de que la salida del rápel es el problema. Es necesario, una vez montado, salir a la pared más hacia la derecha, no por la izquierda, que parece lo más adecuado, ya que un ángulo de la pared te impide ver el tramo siguiente de la ferrata y acabas colgado a media pared, o si la cuerda es larga, en el suelo, en el barranco de Carboneres.

 

Afrontamos el flanqueo con la felicidad y la tranquilidad que atorga el volver a estar en el camino correcto. Pronto llegamos a la diagonal ascendente desplomada, que además de hacer honor a su nombre, no está a ras de suelo, por lo que el miedo se une a la sensación de irte hacia atrás. Julio está sorprendido por el tramo, comenta que “hay que tenerlos bien puestos” para haber creado este tramo. Yo voy algo más lento y me tomo los descansos necesarios colgado de mi cinta exprés, que aquí es imprescindible. Lo malo es que entre un trozo de cable de vida y el siguiente igual hay tres metros, y por entre medio no te puedes asegurar a él con la cinta exprés y quedarte colgando, pues al ser ascendente y en diagonal, sería una minitirolina y me iría deslizando hasta que el tope me frenara. Menuda satisfacción que me da volver a pisar tierra firme, en este caso un rellano en plena pared de L´Oncle. El noveno rápel es un viejo conocido, el que ha intentado probar de superar Julio, pero al pobrecillo no lo he dejado. “Lo dejo que al final me vas a meter miedo y sí me voy a caer”. Sólo son ocho metros, pero se me engancha la mochila a un tronco y Julio agarra la cuerda desde abajo para que yo me impulse un poco hacia arriba y suelte la goma de la rama. El susto viene cuando suelta la cuerda y aún no me he sujetado yo a ella con la mano derecha, pero por suerte apenas bajo, y además ha sucedido a sólo tres metros del rellano. Ello servirá para no confiarse en futuros rápeles y no bajar la guardia tras tantas horas de ferrata, con las fuerzas algo mermadas y la hora de la siesta ya cercana. Menuda morriña.

 

El flanqueo por las grapas que ahora viene es la tercera vez que lo recorremos hoy. Pronto llegamos a los rápeles décimo y undécimo, en el sencillo terreno que antes trepamos en nuestra “búsqueda de la ferrata perdida” sin látigo en mano pero con la ilusión del aventurero arqueólogo. Si bien no queremos llevarnos a casa una arca perdida, pretendemos hacernos con el tesoro de haber realizado esta vía ferrata al completo, por lo que es importante no dejarse ninguna aguja. Me sabe mal por los payasos porque me han dicho que es la vía ferrata que más les gusta, y han hecho muchas. Dicen que les parece muy difícil, y eso que se han dejado las cuatro veces este tramo, y si nadie les avisa de su error lo volverán a hacer en su quinta ocasión. Me han comentado que la Urquiza Olmo también es muy difícil, así que alguna vez tendremos que ir a probarla. Ahora lo que toca es seguir un sendero, realizar un nuevo tramo de grapas y atravesar el séptimo puente, tibetano de once metros, que nos lleva a una corta pared de la aguja Canaleta 1. Si bien breve, tiene desplome, y a estas alturas uno ya no está para lanzar cohetes. Pronto llegamos al octavo puente, también tibetano y de diecinueve metros, que nos deja en una nueva pared, en Canaleta 2, de nuevo con desplome. Estas cortas paredes a uno le hacen sudar la gota gorda, pues estamos a la solana y el sol pica a estas horas de lo lindo, y eso que estamos a febrero. Ya me dijo Avi Jordi que me olvidará de venir aquí a partir de mayo…

 

El noveno y último puente, tibetano de quince metros, nos deja en el final de la vía ferrata. La verdad es que da un poco de lástima, porque dan ganas de seguir adelante y las fuerzas aún acompañan, pero el desafío de momento ha terminado. Quién sabe si en un futuro la vía ferrata será aún más larga. Con algo de lástima tomamos el sendero de regreso, también con marcas de pintura azul hasta la pista principal. Hemos acabado esta vía ferrata a las 15:20, tras siete horas exactas sin contar la aproximación. Con ella y con el regreso empleamos ocho horas. Así, a las 16h estamos en el coche. En cierto modo hemos cumplido un sueño, nos llevamos un reto que teníamos fijado y ello es motivo de alegría. Nuestra práctica del rápel por Centelles y por Montserrat nos ha valido para no perder tanto tiempo en los once rápeles, lo que te puede demorar mucho, en especial si vas acompañado de alguien inexperto o si formas parte de un grupo numeroso, que para esta ferrata estaríamos hablando de cuatro componentes o más. Lo óptimo es venir en grupos de dos o tres y sobre todo madrugar, de manera que, si no te pierdes, en teoría es posible hacerla en cinco o séis horas, aunque la mayoría habla de siete u ocho horas al venir en grupos de cuatro, que en invierno es prácticamente todo el día. Eso si no pillas retenciones, de ahí que les haya propuesto quedar justo al amanecer, a las siete y media. Por último, agradecer a Albert su compañía, sus explicaciones, sus consejos y su esfuerzo por haber creado todo esto para el disfrute del resto. Literalmente, me ha dicho al respecto: “Si nadie hiciese nada, no tendríamos nada”. Y no he podido hacer más que ofrecerme en ayudarlo para lo que haga falta y pedirle que, cuando tenga acabada la ampliació de la vía ferrata Gorges de Salenys, me avise para ir a realizarla por lo que pueda venir después. Benditos los que conocieron la ferrata La Cala del Molí, como quizá lo seremos nosotros para los que en un futuro quieran hacer les Agulles Rodones... esperemos que ese día no llegue nunca, sería una gran pérdida. ¡Menuda vía ferrata!

 

P.D. Te invito a visitar mi canal de Youtube Feliz Éxito aquí:  www.youtube.com/felizexito


3 Comentarios
Enviado por Asor el Monday 9 de May de 2011

“Hola, tengo planeado hacer esta via pero la semana pasada la intentó un amigo y no consiguió encontrar el camino tras ver una señal de propiedad privada - prohibido el paso, antes de pasar un puente. ¿Sabeis algo de esto? ¿Esta abierta la ferrata o la han desmantelado parcialmente?Gracias”
Enviado por Zodiaco el Monday 23 de May de 2011

“Hola Asor, en el relato tienes respuesta a todas tus preguntas. El puente al que te refieres no pertenece a la vía ferrata, sino al camino equipado de Carcaixells. El acceso a la ferrata está bastante más abajo. Respesto a la pregunta más peliaguda, oficialmente está cerrada, pero la encontrarás equipada casi en su totalidad y sigue constando en las nuevas guías que se están editando.”
Enviado por Txirrita el Tuesday 19 de August de 2014

“He realizado hoy la ferrata....y es impresionante. Muy recomendable.He utilizado cuerda 10.2 y 60m, mejor una mas fina y de 40 mm, para agilizar los rappeles. Es necesario dominar el montaje de rappeles.”


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